domingo, 4 de marzo de 2012

La historia de Tristán e Isolda

Preparaos para una novela de caballerías de tomo y lomo, en la que los elementos célticos se funden con los trovadorescos igual que quisieran hacer los labios de sus protagonistas: La historia de Tristán e Isolda, de Joseph Bédier.
«¡Ay de mí! ¿Qué he pensado? Isolda es vuestra esposa y yo vuestro vasallo. Isolda es vuestra esposa y yo vuestro hijo. Isolda es vuestra esposa y no puede amarme».
Pero Isolda lo amaba. Quería odiarlo, pues ¿no la había desdeñado vilmente? Quería odiarlo y no podía, irritada en su corazón por aquella ternura más dolorosa que el odio.
Brangel los observaba con angustia, más cruelmente atormentada aún que ellos, pues sólo ella sabía el mal que había causado. Pasó dos días espiándolos, vio cómo rechazaban todo alimento, toda bebida y todo consuelo, los vio buscarse como dos ciegos que avanzan a tientas el uno hacia el otro, desdichados cuando languidecían separados, más desdichados todavía cuando estaban juntos y temblaban ante el horror de la primera declaración.

Empieza narrando el nacimiento del héroe, vástago del rey Rivalén de Leonís y Blancaflor, hermana a su vez de Marcos de Cornualles. El duque Morgan ataca sus tierras y, como consecuencia de la guerra, el bravo Rivalén ya no vuelve a su castillo de Kanoel. La reina espera a dar a luz y también abandona la vida. El mariscal Rohalt cuidará del pobre huérfano como si fuera de su propia sangre, para que el duque ignore su existencia.

Con el tiempo, Tristán se convierte en un apuesto joven. El escudero Gorvenal se encarga de prepararle en artes que le serán de utilidad: manejar la espada, el escudo, el arco, el corcel, lanzar discos de piedra, odiar la mentira, cantar, tocar el arpa... Luego unos marineros le raptan, hay una tormenta, llega hasta la costa cercana a Tintagel...

Tras recuperar el trono de manos del usurpador, ha de hacer frente al Morholt, el enviado de Irlanda, que reclama un tributo de trescientos muchachos y trescientas doncellas al rey Marcos, su tío. Nadie más se atreve a desafiarle, pues se trata de un guerrero de fuerza descomunal.

En singular combate le vence, aunque él queda algo pachucho por culpa de una pica envenenada. Alegría en Cornualles, enfado entre los parientes del caballero irlandes. Sobre todo, el resultado no le hace ninguna gracia a su sobrina. Ya adivinaréis de quién se trata... Exacto, de Isolda. Isolda la Rubia, por más detalles.

Dado que no encuentran remedio a sus heridas, Tristán pide que le dejen en una barca a la deriva. Unos pescadores le encuentran y le llevan al puerto de Weisefort, donde casualmente reside la rubia, que también casualmente es diestra en plantas curativas.

Y bueno, desde ese encuentro inicial en el que ni fu ni fa, pasando por el instante en que ambos se dan cuenta de que son muy guapos, y cuando ya la cosa se pone al rojo vivo, ocurren docenas de aventuras: batallas hasta en el desayuno, dragones, velludos gigantes, hechiceros jorobados, rescates in extremis, huidas, separaciones, etc.

¿Una sola frase que me sirva para resumir? Sí, tengo una: ¡qué bien me lo pasé leyendo este libro!

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1 comentario:

Edurne dijo...

Jajajaja, lo que más me gusta es cómo lo cuentas!
Y es que dan unas ganas de correr a comprarse el libro..
Además es de Acantilado! Los libros de Acantilado, para mí, tienen el éxito asegurado!

Gracias, caballero parlante!
;)