domingo, 5 de febrero de 2012

Budapest

Ah, Budapest, Budapest… La gran Plaza de los Héroes, el Parlamento, el Puente de las Cadenas, la Avenida Andrássy, el Bastión de los Pescadores, las olas rompiendo en la ensenada de Botafogo, el cerro Corcovado...

¿Que me he hecho un lío? No, de ninguna manera, estoy seguro. Budapest... ¿Cómo no iba a captar mi atención una novela con ese título? Aunque curiosamente haya sido imaginada por el brasileño Chico Buarque.
Debería estar prohibido burlarse de quien se aventura en una lengua extranjera. Cierta mañana, al bajarme del metro por error en una estación azul igual a la de ella, con un nombre semejante al de la estación próxima a su casa, telefoneé desde la calle y dije: estoy llegando casi. Supuse en el mismo instante que había dicho una burrada, porque la profesora me pidió que repitiese la oración. Estoy llegando casi… había probablemente un problema con la palabra casi. Sólo que, en lugar de señalar el error, ella me hizo repetirlo, repetirlo, repetirlo, después soltó una carcajada que me llevó a colgar el teléfono. Al verme a la puerta de su casa, tuvo un nuevo acceso, y cuanto más se le encendía la risa en la boca, más se sacudía al reírse con el cuerpo entero. Dijo por fin haber entendido que yo llegaría poco a poco, primero la nariz, después una oreja, después una rodilla, y el chiste no tenía tanta gracia. Tanto es así que Kriska se quedó enseguida un poco triste y, sin saber pedir disculpas, rozó con la yema de los dedos mis labios trémulos.

José Costa no acaba de ser feliz en la vida. Se dedica a escribir por encargo de otras personas: discursos, artículos, libros que quizá se hagan famosos y en los que su nombre nunca aparecerá.

Siempre llega a casa tarde y su matrimonio con Vanda se resiente.

Tras asistir a una convención internacional de "autores anónimos", hace escala en Budapest, donde escucha por primera vez una lengua de extraño sonido: el húngaro.

En Río de Janeiro la rutina parece continuar. Pero comienza a hablar en sueños, y no lo hace en su portugués natal.

De nuevo vuela a la ciudad del Danubio, donde conoce a Kriska. Ella será su profesora... y algo más

Mientras tanto, Vanda progresa en su carrera. No se ha resignado a esperar llorosa, abrazada al pequeño hijo de ambos, el retorno de José.

Él lo abandona todo. Kósta Zsoze será su identidad magiar. Un nombre distinto para un hombre distinto.

Mi comentario personal es que se trata de un libro estupendo. Refleja con maestría cómo la personalidad del protagonista se desdobla y salta fuera de sus goznes. Quizá el final, con sus tintes oníricos, resulte desconcertante y un poco abrupto, pero insisto: sus méritos están sobradamente en el lado bueno de la balanza. Un libro de los de regalar, muy, muy recomendado.
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1 comentario:

Winnie0 dijo...

Tomo nota de la recomendación...Besos (YO QUIERO ir a Budapest...snif! )