Bueno, pues inauguro en el blog el pase a limpio de mis impresiones de viaje por Armenia. Las tengo variadas y coloridas, sólo me queda entender mi propia, ejem, "caligrafía rápida" para hacer la transcripción. Empecemos.
Me encontraba una noche en una taberna de Ereván, mientras un grupo local ofrecía muestras de canto folclórico.
Eran melodías muy bonitas, y los músicos lo hacían realmente bien. Pregunté de qué iban las letras.
–Está claro –me respondieron. –De amor.
Aaaah, es verdad. Si nos paramos a pensarlo, de cada cien canciones noventa y ocho tratan de lo mismo. Pero quería algo más de precisión, más detalles, así que mi interlocutora tradujo:
«Eres tan esbelta como un plátano, voy a poner velas para que salgas al campo y la brisa te acaricie».
Aclaro que dicha interlocutora, si bien armenia, hablaba un español envidiablemente perfecto. Lo del plátano me dejó... Me dio la risa floja.
–¿Es que no se dice así? ¿De qué te ríes? El plátano es un árbol muy esbelto.
No es que opine lo contrario, pero decirle a una chica que es como un tronco y que vamos a encomendarnos a todos los santos celestiales para que el vientecillo la sacuda un poco, pues...
El grupo siguió desgranando su repertorio. A continuación me hicieron la sinopsis del segundo tema:
«Ni me miró, ni le gusté. ¿Qué podría hacer para que me mirara? Me miró y le gusté. Me llevó a su casa y conoceremos juntos a nuestros bisnietos».
¡Por favor, qué emotivo! No queda claro quién acaba en la casa de quién, pero lo importante es mirar, caramba, darle una oportunidad al que hace gestos y aspavientos. «¡Yo, yo, yo, aquí, aquí!» Que si no, ni hay bisnietos ni gaitas.
Y aún tomé nota de otra canción. Supongo que ya se habían cansado de los complicados circunloquios; esta vez las palabras eran directas:
«Eres muy bella, eres muy bella, eres muy bella, eres muy bella...»
Ya me parecía a mí, sin entenderlo, que el estribillo se repetía bastante. Pero había tanto sentimiento... El acordeón suplicaba quejumbroso, el tamboril, raca, raca, raca, insistía dale que te dale, el lamento del duduk haría ablandarse el corazón de la malvada reina de Blancanieves, y la voz, mmmm, la voz... Si alguien canta así y no triunfa, es que el mundo va muy mal. Yo, al menos, aplaudí con fervor.
Y por supuesto, como me llegaron al alma, a partir de ahora entra dentro de mis objetivos aprender este tipo de tácticas. Voy a probar, ojalá resulte: «hola, ¿sabes que me recuerdas a un plátano que...?»
3 comentarios:
Con esas palabras lo vas a tener realmente duro amigo. Detalle claro de lo muy cambiantes que somos en la apreciación de los significados que les concedemos a las palabras.
Bueno intentalo de todos modos y ya me cuantas
Un abrazo
Es que a veces, un gesto vale más que mil palabras, o imágenes, o insinuaciones o... qué sé yo!
Pero seguro que con la música y la voz tendrías el éxito asegurado, vamos!
Muy curiosos estos armenios, ya lo creo!
Un abrazo!
;)
Es sorprendente lo que nos llegan a emocionar algunas canciones sin ni siquiera entender lo que dicen.. creo que si fuera en castellano no triunfaría mucho.
P.D. Con tu permiso, me cuelo y me quedo ;)
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