–Mi marido usa la misma
colonia que tú.
–Un hombre sabio.
–Alguna vez ha recibido comentarios muy favorables al respecto. Femeninos. Y no eran míos.
–Ah, pues que se acostumbre. Yo me la echo cada día, y cuando voy leyendo en el metro tengo que parapetarme detrás del libro para escapar de mis admiradoras. ¡Quietas, fieras, quietas, atrás, atrás os digo! No veas qué problemas tengo en hora punta.
Carcajada de mi interlocutora. ¿Por qué me da la sensación de que no se cree lo que acabo de contarle? Más le valdría ser precavida, así que continúo...
–Aunque no siempre funcionan las advertencias y me arrinconan sin piedad, pegándose como lapas. Pero reconozco que es culpa mía: si además del poder de la colonia, ese libro es
Elogio del amor, por ejemplo, y ven el título bien grande en la portada, ya no hay quien las detenga...
Y dicha obra, del filósofo
Alain Badiou, es precisamente la que comentaremos hoy.
"Es un problema metafísico muy complicado: ¿cómo un puro azar en el principio llega a convertirse en el punto de partida de la construcción de una verdad? ¿Cómo esto, que en el fondo no era previsible y parecía unido a impredecibles peripecias de la existencia, va a convertirse, sin embargo, en el fundamento total de dos vidas mezcladas, apareadas, que van a vivir la experiencia prolongada del constante (re)nacimiento del mundo a través de la diferencia de sus miradas? ¿Cómo se pasa del puro encuentro a la paradoja de un mundo único, en el que se descifra que somos dos? Realmente, es un hecho muy misterioso. Y, por otra parte, es algo que contribuye a nutrir en gran medida el escepticismo frente al amor. Podemos preguntarnos por qué hablar de una gran verdad a propósito de un hecho banal, como que alguien se relacione con un(a) compañero(a) de trabajo. Pero es precisamente esto lo que hay que sostener: un hecho en apariencia insignificante, pero que en realidad es un acontecimiento radical de vida microscópica, portador, en su obstinación y en su duración, de un significado universal".

En el fragmento seleccionado se contiene un buen resumen de este ensayo en forma de entrevista, con seis capítulos y una conclusión. En el primero,
«El amor amenazado», el autor analiza los eslóganes publicitarios de cierta famosa agencia para encontrar pareja por Internet: "Tenga amor sin azar", "Se puede estar enamorado sin caer enamorado" o "Puede usted perfectamente estar enamorado sin sufrir por ello". De aquí infiere una idea erróneamente aseguradora del amor, la de aquellos que, para evitar a toda costa las equivocaciones, exigen conocer por anticipado los gustos, aspecto físico y signo zodiacal del otro. Medir, calcular, encerrarnos tras las rejas de una presunta compatibilidad matemática, viene a decir, elimina "toda poesía existencial". Para alcanzar el premio del éxito, tenemos que arriesgarnos al fracaso.
A continuación, en
«Los filósofos y el amor», reflexiona sobre la presencia relativamente menor del concepto en la historia del pensamiento, algo extraño si tenemos en cuenta su posición en el centro de los anhelos y esfuerzos del ser humano. Viene a diferenciar tres corrientes teoricas: la romántica, que considera el éxtasis del encuentro como principio y como fin; la comercial, por la que "individuos libres declaran que se aman" prestando atención a las ventajas que pueden obtener a cambio; y la escéptica, que hace del amor una simple ilusión, un maquillaje del deseo físico.
«La construcción amorosa», el tercer capítulo, defiende que el amor no se realiza plenamente en la inmediatez, sino mediante la duración. Desde que los amantes se conocen sorpresivamente, comienza una "aventura obstinada" para vencer los obstáculos que sin duda se irán presentando. Cambia su sentido del tiempo y del mundo, que de concebirse bajo la forma del Uno, pasa a adoptar la del Dos (con mayúscula).
Más adelante, en
«La realidad del amor», aclara Badiou que el Dos no supone eliminar la diferencia, que no nos fusionamos en un solo ente, y es ahí donde radica el gran misterio: contemplamos la vida de manera única pero a través de una mirada doble. La primera declaración del sentimiento, articular por primera vez las palabras "Te quiero", puede venir acompañado de una angustia casi insoportable. No sin motivo, pues de la respuesta positiva o negativa depende que aquel azar se convierta en un destino.
«Amor y política»: reconozco que a partir de aquí no me resulta tan sencillo describir el contenido. Más o menos, consiste en una digresión sobre similitudes y diferencias entre ambos. Aun separando los contextos y rechazando las manipulaciones ideológicas del amor, al fin y al cabo en política se estudia "de qué son capaces los individuos cuando se reúnen, se organizan, piensan y deciden". Con lo cual, algún paralelismo de fondo se distingue...
Y llegamos a
«Amor y arte», otro apartado de difícil ilación dentro del discurso. Para ilustrarnos, recurre a muestras de Rimbaud, Breton, Marivaux, Pessoa, Vitez o Samuel Beckett. Igualmente, a sus propias novelas y piezas teatrales. Una especie de análisis sobre ética y estética.
La conclusión sigue incidiendo en esta curiosa deriva, mediante un repaso a la actualidad política francesa: Sarkozy, con los precedentes de Pétain o la restauración de 1815, se enfrentaría al periodo revolucionario, la comuna y mayo del 68, al igual que el amor obediente a la "lógica y la seguridad" se opone al "transgresor y heterogéneo".
Salvando estas tres secciones, que como digo me resultan algo confusas,
Elogio del amor es un texto de calidad, interesante... bonito. Intenta dejar atrás tanto el idealismo como el realismo extremos, y no obstante, se nutre de esperanza, optimismo, de alegría incluso. Quizá echo de menos que comente la otra cara, la del fracaso, ese al que no debemos tener miedo aunque en ocasiones sea el vencedor. Pero nada, si tenéis la oportunidad de leerlo, no lo dudéis.