La queja consiste en que no le resulta un lenguaje verosímil. Exige detalles tangibles: qué, quién, cómo, dónde, cuándo. Nada de sutilezas, veladuras, discretas alusiones a méritos o –casi siempre– deméritos. No concibe que, a veces, una fugaz mirada de cinco segundos pueda recordarse a través de los años. En resumen, piensa que estoy en las nubes.
Ay, gente de poca fe, tan apegada a las cosas terrenales... Pero bueno, esa falta de credulidad tampoco es nueva bajo el sol. Lo mismo tiene que sufrir Jesús, por ejemplo. Sí, ese mismo, el protagonista de Jesús me quiere, de David Safier.
–Marie, te presento a Joshua. Ha tenido la amabilidad de venir a arreglar el tejado.
Entró un hombre de mediana estatura, vestido con tejanos, camisa y botas de ante. Tenía la tez morena, el pelo largo y ondulado, y llevaba una barba cuidada. Con los ojos lenos de polvo, en una fracción de segundo vi que se parecía un poco a uno de los Bee Gees.
Marie, la figura femenina de la novela, está hecha un lío en el tema afectivo. Aún se acuerda (con pensamientos enfocados en la castración) de Marc, su penúltimo novio, que la engañó con una azafata de la talla 34. Y acaba de dejar plantado a Sven, justo cuando le estaban preguntando eso de ¿quieres a este hombre como esposo?
Tampoco en su entorno encuentra un faro por el que guiarse. Su mejor amigo alberga en secreto otro tipo de sentimiento hacia ella. Su hermana sólo acepta rollos de una noche desde que la abandonó su novia, debido a la grave enfermedad que padece. Su madre acaba de liarse con Gabriel, el pastor protestante que estaba oficiando la frustada ceremonia nupcial. Y su padre, que hasta entonces no había podido superar el trauma del divorcio, ha encontrado a su media naranja ideal, Swetlana, en una web de contactos del Este de Europa.
Pero bueno, la vida te da sorpresas, debe de pensar cuando al día siguiente del fiasco conoce a alguien especial: amable, sensible, una persona que piensa sinceramente en los demás... De pinta un poco hippie. Carpintero de profesión.
Vaya forma de mirar... Y de hablar... Y de sonreír... Y vaya trasero... En la primera cita se entera de quién se trata. Así tenía tantos puntos a favor, claro.
Al principio, Marie desconfía. Es que lo suyo no es normal, seguro que al chico le faltan tres tornillos. Y sin embargo, acaba de convencerse cuando la salva de ahogarse llevándola en brazos... y caminando sobre las aguas. De todas maneras, lo peor no es haberse enamorado de él, sino el poco tiempo que quizá dure esta nueva relación. Porque si no consigue persuadirle de que nos merecemos otra oportunidad, el próximo martes está previsto que llegue el fin del mundo.
Ya en Maldito Karma, Safier nos ofrecía un relato desinhibido y saludable. Pues bien, Jesús me quiere presenta una fórmula similar, con personajes míticos que se mueven sin que lo advirtamos entre nosotros: el propio Creador, por ejemplo, transmutado en Emma Thompson, o Gabriel, que por amor a una mortal ha renunciado a su elevado rango dentro de la jerarquía divina. Y ese que recluta alternativamente con los rasgos de George Clooney o Alicia Keys a los mejores candidatos a jinetes del Apocalipsis, ¿no huele algo a azufre?
Y aunque no alcanzará los cielos de la inmortalidad literaria, tampoco le hace ninguna falta: con hacernos pasar unas agradables horas de lectura aquí abajo, ya es más que suficiente.




