jueves 10 de noviembre de 2011

Aburridas memorias veraniegas (VI).

Vale, de acuerdo. Era bastante bonito, con aquellas islas surgiendo entre las nubes. Tras conseguir las deseadas instantáneas, mi espíritu se abandonó meditativo a la calma del lugar.

Una vez hube repuesto fuerzas, inicié el retorno. Si había conseguido superar todas las pruebas de la jornada, ¿qué hazaña podría resistírseme? ¿Qué meta no cruzaría con los brazos en alto? Lo que plasmado en términos inmediatos, tenía un nombre propio: ¿me recibiría Irina con guirnaldas de flores, mientras Yuri se mordía los puños de envidia? ¿Qué merecido premio le esperaba al campeón en la playa?

Bajar resultaba menos cansado que subir, si bien no mucho más cómodo. Pero la idea de la recompensa era un poderoso aliciente, y un chapuzón tampoco le iba a la zaga para darme alas. Si aparte hubiera un chiringuito donde pedir una ración de bravas y unas cañas, ya sería el paraíso terrenal.

Fotograma a fotograma, el cuento de la lechera se desarrolló ante mí: en sueños, ya veía a Irina surgiendo de la espuma del mar. Sostenía una redecilla llena de caracolas y se acercaba lentamente, luciendo una amplia sonrisa de admiración. Yo la esperaba en la orilla con el punto de condescendencia propio de los triunfadores, ese gesto relajado que expresa sin palabras: "qué suerte tienes de haberme conocido, nena"...


Y cuando dejé atrás la espesura...

Tumbada boca abajo, los párpados cerrados de Irina le impedían disfrutar la emoción del reencuentro. A cambio, otro tipo de sensaciones parecían mantenerla ocupada: concretamente, las que le proporcionaba el artero Yuri mientras extendía crema sobre sus hombros, en falsamente inocentes movimientos circulares.

O sea, primero me incita a pegarme la paliza, sin importarle mi evidente falta de forma, y luego resulta que era una treta para alejarme del escenario de operaciones. ¿Y si me hubiera dado un tirón, eh? ¡Qué falta de ética deportiva! ¡Cuánto desprecio por el juego limpio!

Para colmo, las demás beldades se habían ido a practicar kayak, y por supuesto, en un parque natural bravas y cañas brillaban por su ausencia. En suma, una victoria pírrica; el baño era lo único que restaba para aliviar mi decepción. Las olas me acogieron vivificadoras en su seno.

(Continuará).


2 comentarios:

Winnie0 dijo...

El mar con sus olas siempre es una buena salida para recuperar la calma...bss

Edurne dijo...

Tú ya te imaginabas a Yrina reconvertida en Úrsula Anderss, jajajaja!
Que no, Bond, James Bond, que la realité es otro!
menos mal que siempre nos queda el mar, las olas acogedoras...

Esperamos impacientes la siguiente entrega!

Abrazo!
;)