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¿Qué estaba yo diciendo? Ah, sí, algo sobre el calor y la humedad relativa del aire. Es que me he quedado un momento con la mente en blanco.
Saqué el kit de supervivencia que previsoramente había llevado conmigo, y le ofrecí un trago de agua. El pulso me temblaba. Una sola palabra suya, un simple aleteo de pestañas, e incluso hubiera compartido el bocadillo de queso. Reblandecido, eso sí, pero... ¿acaso no era suficiente prueba de mi devoción?
¿Y qué pensaréis que ocurrió? No daba crédito a mis oídos: tras un intercambio de impresiones con Yuri, ella renunció asimismo a continuar. ¿Por qué? Estaba a punto de ofrecerme a llevarla a caballito, cuando lo absurdo de la idea se hizo patente: la cámara de fotos. La cámara iba en la mochila, y la mochila a mi espalda, por lo tanto ya ocupada. Sin imágenes gráficas no sería capaz de demostrar haber cumplido la misión; no me quedaba más remedio que sacrificar la compañía de Irina a cambio de las esperadas vistas.
Está claro que en nuestro mundillo de agentes secretos tenemos dos horas de deber (hacia la reina, el primer ministro, el gabinete y la commonwealth en pleno), y sólo al final, si todo ha ido bien, un par de minutos de placer. Ya podía ser al revés, ya. De verdad que este trabajo no sale a cuenta.
Así pues, allí los dejé a los dos, recuperando el aliento, mientras yo proseguía la escalada. Ignorando sus quejas, obligué a cada fibra, a cada músculo, a darlo todo. Lo más escarpado aguardaba cerca de la cumbre; con pies y manos si era necesario, pero la alcanzaría. Hasta que de repente, me encontré sobre una plataforma de madera. En jarras, con el pecho resonando en medio de aquella soledad, contemplé el horizonte. ¿Habría valido la pena?
(Continuará).
2 comentarios:
...de momento y viendo los testimonios gráficos diría que sí....
Seguro que sí, que además primero es la obligación y después la devoción o la afición... digo!
Sigue, sigue, sigue...!
Un abrazo!
:)
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