jueves 27 de octubre de 2011

Aburridas memorias veraniegas (III).

Fondeamos en una cala de aguas cristalinas. Recordé lo leído en el dossier: "objetivo primario, localizar a cierto elemento conocido bajo el alias de pez loro, seguirle y eventualmente confirmar si pertenece a la familia Scaridae, una rama de la poderosa organización de los acantópteros."

¿Scaridae? Una errata, seguro que querían decir Spectra. Nos equipamos pues con las gafas y el tubo de buceo; además, gracias a sus diferentes colores, los trajes de baño nos permitían mimetizarnos entre los habitantes de los bajos fondos. El mío, por ejemplo, en tono rojo, me asemejaba a un gran pez payaso. En cuanto al de Irina... Ay, cuánto me acuerdo de aquel bikini verde y amarillo... Ay, ay, ay...

Yuri, lo confieso, seguía cayéndome gordo. El hecho de que apenas se separase de las nadadoras tenía algo de sospechoso, lo único que iba a ver así eran piernas. ¿Y si se tratase precisamente de un escualo? ¿Le habíamos abierto la puerta a un predador sin escrúpulos?

¡Sí! ¡Lo encontré! El pez loro se deslizaba debajo de mí, creyéndose a salvo en las intrincadas callejuelas de coral. Perfecto –pensé–, dejémosle que lo crea. A partir de entonces, me concentré en la vigilancia. Al revés que el ruso, iba a demostrar que yo soy un profesional como la copa de un pino, de los que actúan mientras otros hablan, de los toman lo que desean sin pedir permiso, de los que atacan como el trueno.


Dentadura en forma de pico, cuerpo fusiforme, escamas irisadas, ojos saltones... Gracias al sentido del deber, había reunido información suficiente: Spectra, sin duda. Pillado con las aletas en la masa.

Cuando nos hicieron señas para volver a bordo, estaba de buen humor. Incluso ignoré la mano tendida de Yuri desde lo alto de la escalerilla, que sin embargo aferraron (con un punto de avidez) mis compañeras. Anda, ahora pretendía hacerse el servicial. No, majete, no, ya me las arreglaba yo solito.

Con esto se cumplía exitosamente la fase inicial de la misión. Pero la película continuó, sin que pudiera prever las dificultades que aún me quedaban por arrostrar. ¿Derrotaría a las hercúleas fuerzas del mal? ¿Salvaría quizás al mundo? ¿Conseguiría a la chica? (por orden inverso de interés).

(Continuará).


3 comentarios:

Monique LaMer dijo...

...la impaciencia me consume....

Winnie0 dijo...

¡Cuántas preguntas me quedan en el aire!!! bss

Miguel Baquero dijo...

Ahora que ha empezado el frío otoño, lo cierto es que se agradecen estas historias veraniegas y submarinistas y esas fotos coralinas