lunes 24 de octubre de 2011

Aburridas memorias veraniegas (II).

–Yo soy Olga.

–Y yo Katya.

Envuelto en una turbadora nube de risas, no conseguí captar los otros nombres con claridad. Ya que habían dado el primer paso diplomático, yo también me presenté. De forma escote, digo escueta: nombre, nacionalidad, estado civil, número de habitación, número de teléfono, número de la seguridad social, número de zapato...

Tras esa confesión de detalles sin trascendencia, nuestro chófer hizo la última parada. Y maldita sea, el pasajero que se acomodó en el asiento de delante era...


Yuri. La gran madre Rusia parecía haber congregado a lo mejor de sus hijos en aquel punto tan distante de las estepas. Al menos, a lo más granado en cuanto a condiciones físicas, ignoro si también serían campeones de ajedrez. ¿Pero cómo podía haber metido esos brazos por las mangas de la ajustada camiseta? Desconfié de él instintivamente, cuando advertí su ávido uso del espejo retrovisor. ¿Acaso no veía compatriotas suyas todos los días?

Finalmente alcanzamos nuestro destino. El plan se iba cumpliendo como un reloj: anclada a pocos metros de la orilla, una potente lancha calentaba motores impaciente. El patrón dio una orden, las hélices comenzaron a rugir y... ¡zarpamos!

Pocas cosas acontecieron durante la travesía. Además de presumir de bíceps, Yuri contaba con la ventaja del idioma, y debía de resultar un tipo muy gracioso, porque no pararon de reírse con él. Sobre todo Irina, la bella Irina, palmoteaba gozosamente a popa.

Y luego dicen que el alma eslava es fatalista. ¡Ja! De todas maneras, contrariamente a la creencia popular, los agentes doble cero estamos obligados a pasar desapercibidos, a no despertar sospechas, por eso nuestro aspecto es tan vulgar y anodino. En ese sentido, estaba cumpliendo con creces mi papel (otra cosa es si me saldría a cuenta cambiar de profesión).

Resumiendo: totalmente ignorado, me di la vuelta para contemplar la estela de nuestra cabalgada marina. Hasta que un rato más tarde...

(Continuará).


4 comentarios:

Winnie0 dijo...

"¡Me tienes enganchada"! Uy suena raro ¿no?...Me tiene enganchada la historia.....

luis dijo...

Seguro que la bella Irina no hace otra cosa que disimular y ponerte los dientes largos.
Puede que de biceps andes un poco por debajo de Yuri, pero tus encantos una vez que los descubra Irina, la bella Irina, haran que sus ojos no se puedan apartar de ti y de tu cintura latina.
je je
Un abrazo

Edurne dijo...

Ms, más, más, más, más...
Todos queremos más!
Así que ya lo sabes, no nos dejes en ascuas demasiado tiempo, doble cero!
;)

Un abrazote, no de eslava, pero...
Jajajaja!

Miguel Baquero dijo...

Buena suerte, agente doble cero, seguiré pendiente de tus aventuras