martes, 6 de septiembre de 2011

El libro de las maravillas

Un barco pirata navegando por las arenas africanas. Un mago harto de los ruidos de Londres, que encarga a su acólito el ingrediente necesario para hacerla desaparecer.
Escalaron la colina y pusieron el caldero sobre el suelo; echaron en él todo lo necesario y encendieron una fogata con hierbas que ningún farmacéutico vendería ni ningún jardinero decente cultivaría; luego removieron el caldero con el espetón dorado. El mago se apartó un poco y murmuró, luego avanzó hacia el caldero y, cuando todo estaba listo, abrió de repente el cofre y dejó caer dentro la cosa carnosa para que hirviera.

Nómadas aterrados porque saben quién ha encendido la luz en la cámara superior, mientras intentan robar la Caja Dorada. El destino del señor Thomas Shap tras coronarse rey.

Por qué el lechero se estremece cuando divisa la aurora. La profecía sobre aquel que ha de llegar a la ciudad de Jamás.

Una inquietante tienda donde los clientes acuden a intercambiar sus males. Los celos entre un ídolo centenario y la nueva imagen que los sacerdotes colocan cerca de su pedestal…

Estas son algunas de las historias que se ocultan tras las tapas de El libro de las maravillas, de Lord Dunsany.

Historias breves, subyugantes, que desearemos leer con un vaso en la mano junto al vivificador fuego de una posada, mientras fuera… quizá algo con lo que no conviene encontrarse merodea en la oscuridad.
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