jueves, 29 de septiembre de 2011

Vienen a decirme…

Vinieron a decirme que estabas muy enferma, que desde tu cama, tras años de lucha, tus ojos miraban ya apagados.

Y yo sólo veía imágenes de vida. Sonrisas ante la cámara. Alegría rodeándote. Un ramo de flores blancas. También tú vestida de blanco.

Ahora, vienen a decirme que...



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jueves, 15 de septiembre de 2011

El fútbol a sol y sombra

Pues no sé si habrá mañana mucha polémica, pero esta es mi decisión inapelable: penalti a favor de El fútbol a sol y sombra. Chuta Eduardo Galeano.

Tenemos aquí un conjunto de artículos que glosan múltiples aspectos del balompié, desde la más simple anécdota que ocurrió en tal o cual partido, hasta la más profunda mística cuando millones de personas alcanzan una comunión de fervor al final de los noventa minutos.

Si bien cada uno presenta un grado de interés variable, la verdad es que la mayoría consigue transportarnos al momento que describen: un remate de Pelé, una parada de Zamora, una jugada gloriosa de algún jugador olvidado de los tiempos del blanco y negro... Gran mérito de la prosa apasionada de Galeano.

Pero lo más curioso es que ni siquiera hay que ser practicante activo de la religión pelotera para disfrutar de estas historias. Porque son como parábolas extrapolables a cualquier aspecto de la vida (la gloria efímera, el valor del esfuerzo, el triunfo de lo inesperado). Todas las pasiones humanas acaban viéndose reflejadas en la cancha, listas para jugar el partido.

¡Goooooooool!



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lunes, 12 de septiembre de 2011

La llamada (IV)

Vi con alarma cómo se apresuraba hacia mí, a pesar de sus tacones altos y su traje de falda estrecha. ¿Qué pretendía, practicar en el último segundo el salto del tigre? ¿Debía yo por tanto adoptar la tsuru ashi dachi, más conocida en términos de defensa personal como postura de la grulla? Aiooooooo...

–Perdona, ¿puedes hacerme una perdida?

Tenía el sol de frente, por eso no pude fijarme bien en sus pupilas. ¿Estaban dilatadas? ¿Nos conocíamos de algo? Lo de hacerle una perdida, ¿se trataba de algo lúbrico? Las preguntas se sucedían en mi interior.

–¿Cómo?
–Ay, es que no sé dónde tengo el móvil –abrió el bolso y empezó a revolver su contenido–. Llámame, a ver si lo encontramos. Mi número es el 660...

Vaya, eso lo explicaba todo: el viejo truco del intercambio de números de teléfono. Debía de haber experimentado un flechazo a distancia, para correr a pedírmelo con tanta urgencia.

Marqué los dígitos delectándome, con el pecho hinchado de orgullo. Pulsé el botón. La miré. Me miró. Momento de gran intensidad emocional: ¿sonaría un violín como fondo de nuestra primera comunicación?

–Yo no oigo nada.
–Entonces es que me lo he dejado encima de la mesa. Me voy corriendo, muchas gracias. Eres un encanto.

De nuevo el acompasado y veloz golpear de sus tacones contra el pavimento. ¿Eso era todo? ¿Me abandonaba así?

Alrededor de una hora más tarde, el 660... apareció en mi pantalla. ¡El violín, rápido, el violín!

–Hola, tengo una llamada tuya. Eres el mecánico, ¿no?
–Eh, no, soy el tipo al que paraste antes en la calle. No sé si te acuerdas...
–Aaaaah. Bueno, te dejo, que estoy esperando al mecánico. Gracias otra vez, eres un encanto. Clic.

Pues seré un encanto, pero preferiría haber sido el mecánico...



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martes, 6 de septiembre de 2011

El libro de las maravillas

Un barco pirata navegando por las arenas africanas. Un mago harto de los ruidos de Londres, que encarga a su acólito el ingrediente necesario para hacerlo desaparecer.

Nómadas aterrados porque saben quién ha encendido la luz en la cámara superior, mientras intentan robar la Caja Dorada. El destino del señor Thomas Shap tras coronarse rey.

Por qué el lechero se estremece cuando divisa la aurora. La profecía sobre aquel que ha de llegar a la ciudad de Jamás.

Una inquietante tienda donde los clientes acuden a intercambiar sus males. Los celos entre un ídolo centenario y la nueva imagen que los sacerdotes colocan cerca de su pedestal…

Estas son algunas de las historias que se ocultan tras las tapas de El libro de las maravillas, de Lord Dunsany.

Historias breves, subyugantes, que desearemos leer con un vaso en la mano junto al vivificador fuego de una posada, mientras fuera… quizá algo con lo que no conviene encontrarse merodea en la oscuridad.



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viernes, 2 de septiembre de 2011

Via dell'...

Es una calle que muchos buscan.

A veces, deambulando por callejones que vagamente se le parecen.

Otros no. Llegan a ella de forma inesperada y simplemente entran.

Aunque hay quienes la evitan. Tienen miedo a caminar por ella.

Puede ser arriesgado, es cierto.

Porque nunca se divisa adónde conduce. Y la respuesta no figura en ningún mapa.

Incluso con la luz del día más transparente, cuando nada puede ocultarse detrás de las esquinas, en alguno de sus recovecos, hay quienes se asoman a ella con recelo, a través de ventanas con vidrios emplomados.

En el familiar silencio de sus casas, se saben seguros.

No abren las cerraduras. No cruzan los umbrales. No muestran la llave a nadie.

Y la vida pasa silbando como el viento. Y no vuelve atrás, jamás vuelve atrás, en Via dell'...



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