lunes, 4 de julio de 2011

En el metro (II)

Fin de la jornada laboral. Entro en el vagón y distingo un hueco hecho a medida. Me apalanco.

–Yo nunca me he enamorado.

Eso lo ha dicho una de las chicas que van a mi derecha: la primera frase que todo novelista sueña para empezar su obra. Hago como si fuera distraído, pero en realidad afino bien los oídos.

–Estuve mucho tiempo con aquel chico, pero... los dos sabíamos de qué iba lo nuestro.
–Tía, esos son los peores.
–Además se quería ir a vivir a Los Ángeles, así que cortamos.

¿Los Ángeles, California? ¿Hollywood? Mi imaginación comienza a desbocarse. Si en vez de una novela escribiera un guión...

–Entonces, ¿qué tal este otro?
–Es majo. A ver si funciona.
–¿Dónde le has conocido?
–En el bar donde voy a tomar café.

Sí, lo visualizo, visualizo la escena. ¿A quién se le dan bien las pelis donde salen bares? Mmmm, habrá que contratar a Tarantino.

–¿Está bueno?
–Ajá. Un poco viejo...

Vale, un poco viejo. Actores con canas, entonces: Connery, quizás. O mejor Willis, si hay que repartir estopa.

–¿Ah, sí? ¿Cuántos años tiene?
–Treinta y muchos.
–Halaaaaa, tía. ¿Tantos? Te has pasado.

Súbito vacío. Me quedo en blanco.

–Yo ya tengo treinta, no te creas.
–Pues pareces más joven.
–Ay, gracias, a él le dije veintinueve.

Treinta y muchos, viejuno. Treinta, no airearlo demasiado. ¿Y que viene después? Estoy a punto de deprimirme. Menos mal que la fortuna viene en mi ayuda, en forma de siguiente estación.

–Me bajo aquí. Ya me contarás qué tal te va.
–Un beso. Muá, muá...

Así no hay manera, definitivamente. Tan prometedora como había empezado la historia, de cabeza al Nobel o a los Oscar, y resulta que por estos baremos de edades ya estoy mejor para el retiro.

Y nadie se ha levantado para cederme el asiento, qué tiempos.


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4 comentarios:

Netomancia dijo...

Jaja, es que ahora se envejece más rápido, a pesar de todos los avances!

Miguel Baquero dijo...

A ver, amigo, ¿por qué te creías que estaba ese hueco en el vagón libre? Es que todos, según te vieron entrar, se levantaron para dejar sitio libre al decrépito anciano ;-))) Ahora en serio, comprende que te deprimiese un poco... ¿y qué me dices cuando los niños dejan de jugar a la pelota a tu paso porque "cuidado -gritan- que pasa un señor mayor"?

Monique LaMer dijo...

Pues no te cuento cuando emepiezan a llamarte "señora"...
pobres ilusos! no saben que la vida empieza a los 30!

Josélez dijo...

Jajaja... qué bien me lo he pasado... prometo volver!