jueves, 21 de julio de 2011

El argentino

El argentino dijo:
–Las argentinas son las más lindas del mundo.

Lo cual apenas fue suficiente para que yo levantara la vista un momento. Trabajo, tenía mucho trabajo, trabajo, trabajo...

Él insistió:
–Acá en España también, ¿eh?, también son muy lindas.

¿Y a mí que me contaba? Trabajo, trabajo, trabajo...

–Pero no lo entiendo. Yo salgo mucho por Huertas, por ejemplo, ¿vos lo conocés?

Asentí levemente con la cabeza.

–¿Y con qué me encuentro siempre? Al final de la noche, las minas se van a casa solas (estiró la ooooo de solas, como un bandoneón porteño).

Lo de las minas me despistó. ¿De cobre, de diamantes, de bauxita? Los dedos dejaron de teclear hasta que até cabos y registré mi nuevo conocimiento semántico.

El argentino, por su parte, miraba hacia la ventana, hacia la luz del atardecer madrileño, con aire de melancolía.
–¡Solas! ¡Es imperdonable!

Enarqué la ceja.

–Eso no puede ser, vos y yo tenemos que remediarlo. ¿Me acompañás? ¿Vamos a Huertas?

De nuevo detuve el tecleo. Me imaginé junto a ese pico de oro, aprovechándome como escudero de las habilidades de seducción que todos les suponen a los nacidos desde Salta a Ushuaia, desde La Plata a Neuquén. Mmmmm.

Hasta que la sobriedad castellana vino a dar un aldabonazo en mi conciencia. ¡Reacciona! ¡Céntrate! ¡Di que no! Trabajo, trabajo, trabajo...

No sé por dónde andará ahora aquel tipo, pero me pregunto: ¿puso Huertas patas arriba? ¿Dejó huella imperecedera? Y sobre todo: ¿realmente tomé la decisión acertada?


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3 comentarios:

Winnie0 dijo...

Y a mi que me encanta el acento argentino!!!! Besos Mannelig

untitle dijo...

Le diría que acertó,y mucho, con ese tango...

Con lo demás,usted dirá.-


...

luis dijo...

Trabajo, trabajo, trabajo.
Bueno. Bueno está lo bueno, pero hombre, un paseíto nocturno por Huertas...
Yo creo que fallaste.
Un abrazo