lunes, 13 de junio de 2011

Breve historia de un amor eterno

Hoy tenemos por aquí Breve historia de un amor eterno, de Szilárd Rubin. Attila y Orsolya, sus personajes principales, disfrutan de una pasión juvenil tras la Segunda Guerra Mundial, aunque las circunstancias les den la espalda. La familia de ella pertenece a la antigua nobleza, mientras él saluda con ardor proletario a los rusos que vienen a imponer un nuevo orden.
Sobre las diez había ido con Orsolya al quiosco de los baños; sin embargo, su madre y una tía suya del lugar permanecían sentadas a la mesa en vano equipadas con impertinentes, incluso con anteojos, y en vano vestía Orsolya un traje blanco de batista que se distinguía fácilmente entre los árboles: no podía estar quieta en la pista de baile de cemento. Vi lo que estaba pasando en su interior. Su cara tímida e inocente, propia de la galería de un claustro al amanecer, estaba enrojecida de la excitación; sus ojos buscaban los rincones en sombra del parque. En un momento, sin ser advertidos, salimos de entre las parejas con una pirueta y nos deslizamos sigilosamente en la oscuridad. «Tengo calor –me susurró–, ¡vamos a bañarnos!». Nos quitamos la ropa atropelladamente entre los matorrales, y muy despacio para que el agua no chapoteara nos sumergimos en la piscina.

Pero, ¿qué les importan las normas sociales, antiguas o modernas, a una pareja que sólo sabe de juegos e ilusiones? En compañía de sus amigos, otros estudiantes que desean recuperar la alegría bohemia, ellos aprenden a conocerse, ajenos a cualquier preocupación.

Y va pasando el tiempo. En cada capítulo surgen cuadros de una obsesión cada vez más profunda, cada vez menos inocente.

Noviazgo, separación, matrimonio, divorcio... Attila lo confiesa: no puede vivir sin Orsolya. Y ella, por su parte... Ella le ama. Y le odia.

Si tuviera que resumir, calificaría a esta obra como una crónica de la destrucción, una dependencia mutua que les lleva a acumular sobre sí capas de decadencia física y espiritual, hasta convertirse en verdugos a la par que víctimas.

Me ha gustado, aunque quizá el final quede demasiado abierto, impreciso. Ya sabéis: una vez más, a leer.
Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus Share on Tumblr
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

3 comentarios:

Winnie0 dijo...

Tomo muy buena nota...me has metido las ganas de leerlo. Besos

Martikka dijo...

Pues si, la literatura húngara es un mundo interesante por descubrir...Ayy, tanto por leer y tan poco tiempo...

Saludos!

Miguel Baquero dijo...

Cuando yo era pequeña mi padre tenía en casa (yo creo que nadie, ni él mismo sabía por qué) un tomo de varias novelas de Lajoz Zilahy y recuerdo que eran buenísimas, muy buenas. Un ángel enfurecido, me parece que se llamaba uno, que trataba sobre la Primera Guerra Miundial, otra iba de un antepasado ("El amor de un antepasado mío", me parece) que se alistó en las tropas de Kossuth en la Guerra de la Independencia, estupendo... Otra de una joven ciega...