jueves, 26 de mayo de 2011

En el metro (I)

Termino la novela que iba leyendo, la cierro y levanto la vista. Aún me queda un rato de viaje, así que en algo tendré que entretenerme. A ver si soy capaz de adivinar cosas de los demás pasajeros sin conocerlos, sólo por deducción, al estilo Sherlock Holmes.

El tipo de enfrente, por ejemplo. Es bastante corpulento, lo cual podría deberse al levantamiento de pesas o de jarras de cerveza. Los músculos de sus brazos indican una cosa, su panza otra. Hum… No me acabo de decidir, necesito más pistas.

Camisa negra, chaqueta negra, pantalones negros, zapatos negros, gafas negras, pelo… blanco, peinado hacia atrás y recogido en una coleta. Aún no es suficiente.

De improviso, una melodía familiar llega a mis oídos. ¿Eso no es el vals de los Corleone? Él reacciona llevándose la mano bajo la americana.

Huy, casi lo consigo. Por fin le había adjudicado la profesión, pero cuando vuelve a sacarla veo que sólo empuña su teléfono móvil y no es de la marca Browning. Sigue el misterio.

Nada, se ve que el estilo Sherlock no lo tengo hoy muy despierto. Adiós, Lucca, o Rocco, o como te llames. Yo ya me apeo.


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1 comentario:

Winnie0 dijo...

Excelente ejercicio el de contemplar en el metro...yo lo hago con frecuencia y pueden salir miles de historias de un simple trayecto!!! No lo dudes...ellos también piensan acerca de ti....Besos