lunes, 16 de mayo de 2011

Aquel maldito planeta...

Decir que la súbita aceleración me hundió en el asiento no sería describirlo de manera exacta. El asiento y yo nos hicimos un solo cuerpo. Durante aquel lapso de tiempo no tuve conciencia de existir, como si me hubiera sumergido en un agujero negro. Sí, eso es lo que ocurrió cuando los motores, encendidos a su máxima potencia, comenzaron a arrojar llamas suficientes para alejarme de aquel maldito planeta.

Las interminables cintas grises cruzándose alrededor de la nave, igual que una red, quedaron atrás. Según abandonaba la órbita, me fui tranquilizando. Y nada más girar a la derecha junto a un pequeño satélite, casi lo había olvidado. Qué bonito, con sus cráteres... No me convenía excitarme, ya tenía la tensión bastante alta. Precisamente por eso me había recomendado el médico pasar las vacaciones en algún lugar tranquilo, lejos del centro galáctico.

Desde luego, cualquier responsabilidad por los posibles daños sería de los editores. ¿Y si se hubieran ensuciado las toberas al arrancar tan rápido, eh? Ya lo creo, ellos tenían que hacerse cargo. Porque la guía de viaje lo explicaba bien clarito: «Tercer cuerpo después de la estación de abastecimiento de energía, hermosos paisajes en los que disfrutar de paz y armonía natural. Especialmente recomendado para curas antiestrés». Y la fecha era sólo de hace un ciclo estelar. Más actualizada, imposible.

Ah, y no me olvido de la fauna: «Gran variedad de formas de vida, destacando unos simpáticos cuadrúpedos que viven en los árboles, con extremidades prensiles y cola. Sienten gran respeto por el medio ambiente, alimentándose de bayas y frutos silvestres. Curiosidad innata e instinto de imitación, por lo que pueden ser amaestrados como mascotas». Anda que... Lo mismito que me encontré cuando fui a posarme en lo que según el mapa era un claro de bosque junto al río.

Al abrir la escotilla, quedé paralizado. Hordas, miríadas de objetos móviles lanzando apestosos gases de combustión mientras daban vueltas alrededor del fuselaje. Y los animalillos de cuatro patas, ¿dónde se habían metido? Era como si hubiera vuelto a casa: por todas partes ruido, prisas, contaminación, sensaciones de malhumor... ¿Para eso había venido tan lejos, para tener más de lo mismo?

¡Ja! Volví a ajustarme el cinturón, pulsé el botón de contacto y... En fin, lo que he contado. Ahora me dirijo al planeta vecino, ese de color rojo, para hacer una parada técnica. Es que en el azul no tuve ni siquiera tiempo de... La guía dice que lo habita una civilización avanzada, supongo que encontraré algún sitio donde tomar un refrigerio.



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1 comentario:

luis dijo...

Huye amigo, Mannelig, escapa. Cuanto antes mejor. En el planeta azul, se aproximan unas elecciones y eso es de lo más arriesgado que un ser inteligente puede presenciar.
Aléjate pero, no deje escribir y de compartir con los aquí apresados.
Saludos