jueves, 26 de mayo de 2011

En el metro (I)

Termino la novela que iba leyendo, la cierro y levanto la vista. Aún me queda un rato de viaje, así que en algo tendré que entretenerme. A ver si soy capaz de adivinar cosas de los demás pasajeros sin conocerlos, sólo por deducción, al estilo Sherlock Holmes.

El tipo de enfrente, por ejemplo. Es bastante corpulento, lo cual podría deberse al levantamiento de pesas o de jarras de cerveza. Los músculos de sus brazos indican una cosa, su panza otra. Hum… No me acabo de decidir, necesito más pistas.

Camisa negra, chaqueta negra, pantalones negros, zapatos negros, gafas negras, pelo… blanco, peinado hacia atrás y recogido en una coleta. Aún no es suficiente.

De improviso, una melodía familiar llega a mis oídos. ¿Eso no es el vals de los Corleone? Él reacciona llevándose la mano bajo la americana.

Huy, casi lo consigo. Por fin le había adjudicado la profesión, pero cuando vuelve a sacarla veo que sólo empuña su teléfono móvil y no es de la marca Browning. Sigue el misterio.

Nada, se ve que el estilo Sherlock no lo tengo hoy muy despierto. Adiós, Lucca, o Rocco, o como te llames. Yo ya me apeo.


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lunes, 23 de mayo de 2011

Madonna col bambino

Florencia, Galleria degli Uffizi. Me paro delante de un cuadro muy bonito, la Madonna col bambino e due angeli, de fray Filippo Lippi. Una profesora de arte me explica cuál es su origen y aquí lo transcribo, en breves líneas. Más o menos ocurrió así...

Al principio andaba Filippo tan feliz en su convento de carmelitas, dedicándose a escuchar maitines y trinos de verderón. ¡Qué paz! ¡Qué sosiego!

El caso es que también pintaba, de manera que un día llegó de visita Cosme de Medici el Viejo, gran protector de las artes, y le preguntó qué tal le iba.

Pues nada, contestó el fraile, había pensado empezar una virgen con niño. Lo que pasa es que no acabo de inspirarme. Tendría que tomar algún apunte del natural, no sé...

Vaya, dijo el mecenas, aquí dentro va a ser difícil. Mejor te acercas hasta Santa Catalina de Prato, preguntas por la superiora, le dices que vas de mi parte, y a ver si hay alguna monja que merezca la pena, con perdón, para que la dibujes.

El apellido Medici tenía peso. Al poco, la madre abadesa hacía las presentaciones: aquí el hermano Filippo, aquí la hermana Lucrezia. ¿Necesita algo más vuestra paternidad?

Ji, ji, ji, ja, ja, ja, entre pincelada y pincelada, unas cosas llevaron a otras y... Cuando los dos se fugaron, la curia frunció el cejo. Dichoso Renacimiento, estas cosas no pasaban en el Gótico.

En fin, ellos a lo suyo. Afortunadamente, la influencia de Cosme les consiguió una dispensa papal, y su mutuo gusto por haberse conocido se convirtió en dos hermosas criaturas: niño y niña, la parejita.

Y desde entonces Filippo, cuando necesitaba algún rostro que incitara a los más altos pensamientos, pintaba el mismo. ¿Una santa? ¿Una Salomé? ¿Unos frescos en la catedral de Spoleto? Igual daba. Siempre se sentía inspirado.



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lunes, 16 de mayo de 2011

Aquel maldito planeta...

Decir que la súbita aceleración me hundió en el asiento no sería describirlo de manera exacta. El asiento y yo nos hicimos un solo cuerpo. Durante aquel lapso de tiempo no tuve conciencia de existir, como si me hubiera sumergido en un agujero negro. Sí, eso es lo que ocurrió cuando los motores, encendidos a su máxima potencia, comenzaron a arrojar llamas suficientes para alejarme de aquel maldito planeta.

Las interminables cintas grises cruzándose alrededor de la nave, igual que una red, quedaron atrás. Según abandonaba la órbita, me fui tranquilizando. Y nada más girar a la derecha junto a un pequeño satélite, casi lo había olvidado. Qué bonito, con sus cráteres... No me convenía excitarme, ya tenía la tensión bastante alta. Precisamente por eso me había recomendado el médico pasar las vacaciones en algún lugar tranquilo, lejos del centro galáctico.

Desde luego, cualquier responsabilidad por los posibles daños sería de los editores. ¿Y si se hubieran ensuciado las toberas al arrancar tan rápido, eh? Ya lo creo, ellos tenían que hacerse cargo. Porque la guía de viaje lo explicaba bien clarito: «Tercer cuerpo después de la estación de abastecimiento de energía, hermosos paisajes en los que disfrutar de paz y armonía natural. Especialmente recomendado para curas antiestrés». Y la fecha era sólo de hace un ciclo estelar. Más actualizada, imposible.

Ah, y no me olvido de la fauna: «Gran variedad de formas de vida, destacando unos simpáticos cuadrúpedos que viven en los árboles, con extremidades prensiles y cola. Sienten gran respeto por el medio ambiente, alimentándose de bayas y frutos silvestres. Curiosidad innata e instinto de imitación, por lo que pueden ser amaestrados como mascotas». Anda que... Lo mismito que me encontré cuando fui a posarme en lo que según el mapa era un claro de bosque junto al río.

Al abrir la escotilla, quedé paralizado. Hordas, miríadas de objetos móviles lanzando apestosos gases de combustión mientras daban vueltas alrededor del fuselaje. Y los animalillos de cuatro patas, ¿dónde se habían metido? Era como si hubiera vuelto a casa: por todas partes ruido, prisas, contaminación, sensaciones de malhumor... ¿Para eso había venido tan lejos, para tener más de lo mismo?

¡Ja! Volví a ajustarme el cinturón, pulsé el botón de contacto y... En fin, lo que he contado. Ahora me dirijo al planeta vecino, ese de color rojo, para hacer una parada técnica. Es que en el azul no tuve ni siquiera tiempo de... La guía dice que lo habita una civilización avanzada, supongo que encontraré algún sitio donde tomar un refrigerio.



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lunes, 9 de mayo de 2011

El germen

Si a veces nos parece que la humanidad anda con los vapores alborotados, preparémonos ante el panorama que nos espera hacia 2047.
La primera mitad del siglo veintiuno era una época de rutilantes ciudades de fantasía extendidas cual cánceres progresivos por la superficie del planeta. Era una época de atrevidas formas de arte, placeres oscuros y caprichos extravagantes. Todos los días se descubría una perversión, todos los meses se inventaba un deporte de masas, todos los años había formas nuevas y espléndidas de diversión. La responsabilidad de que perversiones, deportes y entretenimientos fueran cada vez menos novedosos, tan sólo reciclajes de antiguas diversiones mundanas, difícilmente podía achacarse a la sociedad, que proseguía su búsqueda de lo nuevo y lo original con irrefrenable vigor, mientras sus miembros, individual y colectivamente, iban comprendiendo con pesar que un exceso de ocio no era el Valhala previsto.

Gracias a la tecnología, en el futuro la población mundial tiene sus necesidades básicas cubiertas. Ni siquiera hay que trabajar demasiadas horas.

Por lo tanto, la industria del ocio se ha convertido en la más próspera, a cambio de ofrecer novedades continuas al consumidor. Y Salomon Moody Moore muestra gran perspicacia para llenar el mercado de emociones. Especialmente, las ilegales.

Cabeza del mayor imperio mafioso de Chicago, no se toma a bien que un circo recién llegado a la ciudad refunfuñe a la hora de contratar sus "servicios". Y cuando sufre un atentado, su humor empeora aún más. Las indagaciones para descubrir al culpable apuntan a Jeremías el G., un tipejo de poca monta. Se ordena su busca y captura.

Sin embargo, este parece disfrutar de una suerte que sobrepasa lo verosímil. Después de muchas vueltas y revueltas, Salomon llega a entenderlo. Las pruebas están ahí, aunque se resista a creerlas: su oponente es... el Mesías.

Amoral, bebedor, estafador, polígamo... ¿Conseguirá Jeremías ser reconocido como señor teocrático del orbe? ¿Será capaz Salomon de impedir que se cumplan las antiquísimas profecías o quizás él mismo ha de cumplir un papel fundamental en ellas? ¿Volverá a aparecer la zarza ardiente para dar explicaciones?

El germen, de Mike Resnick. Muy, pero que muy entretenido.
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jueves, 5 de mayo de 2011

Combate del sueño

Combate del sueño, de Josep Janés. No hay palabras...
Te presentía como el mar
y como el viento, inmensa, libre,
alta, soberbia a los azares
y a los hados. Y en mi vivir,

como el aliento. Ahora al tenerte...
¡cómo te limitaba el sueño!
No eres nombre o gesto. Y no voy
a ti como a la azul imagen

de un sueño humano. No eres mar
encarcelado entre las playas,
no eres el viento, en el espacio, preso.

Ilimitada. No hay palabras
para enunciarte, ni paisajes
para tu mundo. Ni ha de haberlos.



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lunes, 2 de mayo de 2011

La vendedora de perfumes

Voy a ver si le compro un regalo a mami. Creo que le gusta tal marca de colonia, allí veo el mostrador y a la señorita de amplia sonrisa detrás.

−Hola, buenas tardes.
−Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
−Quería un frasco de este perfume.
−Cómo no, ¿grande o pequeño?
−Eh… Grande.
−¿Con o sin vaporizador?
−Hum... Con vaporizador.
−En caja normal, estuche metálico o nuestra oferta con un neceser que incluye crema y gel de baño?
−Mire, lo que me recomiende, no soy especialista en el tema. Es para regalar.
−Ah, entonces desea el empaquetado especial, ¿verdad?
−El especial... Sí, claro, el especial... ¿Cómo es el especial?
−Déjeme preparárselo, va a quedar de lo más mono. Una cestita de mimbre, flores, cordones, papel celofán, cintas de colorines, tralarí, tralará...
−Hola, hijo, qué alegría encontrarte, ¿cómo tú por aquí?
−¿Mamá? Qué casualidad... Pues yo, nada, dando una vuelta, a ver si compro loción de afeitado, que no me queda.
−Aquí tiene, señor, su encargo. ¿Lo abonará con tarjeta o efectivo?
−Perdón, ¿se dirige usted a mí? Debe de tratarse de un error, no creo que nos hayan presentado en la vida, no la conozco. Ven, mamá, alejémonos de esta vendedora, a saber qué intenciones trae.
−A lo mejor quiere ligar contigo. Parece simpática.
−Ya, pero se da un aire a Rowan Atkinson en aquella escena de Love Actually, que no sé, no sé...


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