martes, 26 de abril de 2011

Triple

Nat Dickstein es un agente israelí encargado de una difícil misión: robar uranio para fabricar la bomba atómica. Nadie debe averiguarlo, ni siquiera sospechar de la participación de su país. Porque estamos en el año 68 y Oriente Medio es un polvorín que puede volver a estallar en cualquier momento: egipcios, sirios, palestinos... y los rusos haciendo de las suyas para que la zona caiga definitivamente bajo su influencia.
Nat Dickstein y Pierre Borg se sentaron en la parte trasera de un gran Citroën negro. El guardaespaldas de Borg conducía con su pistola ametralladora junto a él en el asiento delantero. Siguieron a través de la oscuridad sin ver delante de ellos más que el cono de la luz de los faros. Nat Dickstein tenía miedo.

Nunca había llegado a verse a sí mismo como le veían los otros, es decir, como un agente competente, en realidad brillante, que había probado su habilidad para sobrevivir a todo. Más tarde, cuando estuviera metido en el asunto y todos dependieran de su ingenio, y tuviese que luchar a brazo partido para solucionar asuntos de estrategia y enfrentarse a problemas y personalidades, no tendría posibilidades de dar cabida al temor; pero en ese momento en que Borg iba a asignarle una misión, no tenía planes que trazar, ni proyectos que elaborar, ni caracteres que evaluar. Lo único positivo era que debía volver la espalda a la paz y al simple trabajo rudo, a la tierra y al sol y a la ocupación de criar y de sembrar; y que ante él se abrían riesgos terribles, un gran peligro, mentiras y dolor y derramamiento de sangre y, quizá, su muerte. De modo que iba sentado en un extremo del asiento, arrinconado, con los brazos y las piernas entrecruzados, observando la cara levemente iluminada de Borg, mientras el miedo a lo desconocido le revolvía y anudaba el estómago y le sumía en un estado de ansiedad.

Dickstein tiene un pasado oscuro, incluso para sus jefes. Algo le ocurrió cuando estuvo prisionero durante la Segunda Guerra Mundial, que le ha cambiado para siempre. Sus adversarios son antiguos compañeros de estudios en Oxford: Hassan, resentido por la ruina de su familia desde que existe el Estado hebreo, y el coronel de la inteligencia soviética Rostov, con quien solía jugar al ajedrez.

En su bando figura Al Cortone, un mafioso que le debe la vida. Y la figura clave es... Suza. Cuando la conoce, todo se tambalea. ¿Será ella capaz de penetrar en los abismos de su alma? ¿Será la única persona que puede salvarle, al mismo tiempo que el principal peligro que se cierne sobre la operación?

Intriga, tiros, carreras, micrófonos, traiciones, barcos asaltados en alta mar... Se trata de otro tablero, el del gran juego, cuyas piezas de carne y hueso son peones sacrificables si el premio es la victoria.

Triple, de Ken Follett. Al menos de forma "no oficial", se rumorea que la historia de fondo ocurrió realmente. El talento narrativo del autor rellena los huecos, compone muy buenos personajes y nos mantiene pegaditos a las páginas del libro desde el comienzo hasta el desenlace. Notable.
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5 comentarios:

Winnie0 dijo...

Uhm! tiene buena pinta y tomo buena nota porque a mi Ken Follet aún no me ha decepcionado.....Besos y buen martes

La Dame Masquée dijo...

La he leido. Aunque me gusta más La clave está en Rebeca, también basada en hechos reales, por cierto.
Vaya, nunca se sabe qué es lo que se va a encontrar por aquí.

Feliz dia, monsieur

Bisous

Miguel Baquero dijo...

Pues fíjate que de vez en cuando me gusta a mí leerme uno de ests thrillers de espionaje tipo Forsyth o LeCarre. Tomo nota de esta novela y de la que dicen arriba: La clave está en Rebeca

Edurne dijo...

Pues ni idea de que Ken Follet escribiera novela negra!

Tal y como tú lo has contado, tiene una pinta interesante.
No prometo nada, pero, registrada queda!

Un abrazo!
;)

Monique LaMer dijo...

Yo le daría más que un notable. Creo que lo que más me gusta es que Dickstein no es, ni nadie lo tomaría, por un espía al uso. La he leído muchas veces, aunque creo que "La clave está en Rebeca" muchas más.
Has leído "La alternativa del diablo", de Forsyth?
un abrazo