jueves, 7 de abril de 2011

La muchacha de los cabellos de lino

Ocurrió un día a finales del invierno. Junto con otro compañero, salí de trabajar. La calle era un mosaico de teselas monocromas, abrazadas a un cielo ceniciento. Moloch insaciable, la boca del ferrocarril subterráneo nos aguardaba. Aguardaba su tributo.

Puertas que se deslizan a cada lado del vagón. Filas de viajeros que, consumidas las horas diurnas, retornan a su hogar. Un pitido de aviso. El túnel.

Pusimos el pie en la escalera mecánica. Los roces y crujidos de los engranajes acompañarían nuestro último recuerdo de la jornada. Fue en ese postrer momento, mientras descendíamos lentamente, cuando mis ojos se dirigieron a lo alto, anhelantes de un fugitivo rayo de sol...

Allí estaba ella, al otro lado de la balaustrada.

Caminaba hacia nosotros.

Con su cabellera al viento.

Dudando de mí mismo, pedí a mi compañero que me confirmase la visión. ¿Quién era? ¿Quién podía ser? ¿Acaso las hijas de los dioses se muestran así ante los hombres, se convierten en partícipes voluntarias de nuestra grisura?

Ocurrió un día a finales del invierno. Pero en el horizonte alboreaba el color, la alegría, la vida. En el horizonte venía hacia nosotros la primavera.



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4 comentarios:

Winnie0 dijo...

¡Qué bonito "encuentro" ! Me ha encantado esta llegada de la primavera Besos

luis dijo...

Bueno, colega, esto sí que es de la leche. Una metáfora increíble, un verdadero rayo de sol para los que te leemos. Apasionante.
Gracias por tus comentarios.
Saludos

Edurne dijo...

Una señora metáfora que te has marcado, amigo!
Muy bonito, de verdad!
Y vaya que sí que está con nosotros la primavera, la chica de los cabellos de lino...

Un abrazote primaveral!
;)

Georgina Hübner dijo...

Ay, la primavera...