jueves, 3 de marzo de 2011

El pesquero

Takiji Kobayashi fue un comunista convencido que murió por sus ideas, ya que le mató la policía secreta japonesa en 1933.

Y lo que hizo fue poner su talento narrativo al servicio de la causa. Para ello, escribió El pesquero.
–Vamos hacia el infierno.
Apoyados en la barandilla de cubierta, dos pescadores contemplaban la ciudad de Hakodate, cuya bahía abrazaba el mar como el caparazón de un caracol. Uno de ellos escupió los restos de un cigarrillo que había apurado hasta quemarse los dedos. La colilla hizo unos cómicos tirabuzones y cayó rebotando por el costado del barco. El cuerpo del hombre apestaba a sake.
Los barcos de vapor flotaban sobre sus anchas panzas rojas; otros, que todavía estaban en proceso de carga, se inclinaban hacia un lado igual que si desde el mar algo les tirara de la manga. Como si el frío mar fuera un extraño tapiz, sobre él se mecían anchas chimeneas amarillas, grandes boyas en forma de campana, lanchas yendo y viniendo entre barco y barco como chinches, hollín y trozos de pan y fruta podrida. El viento empujaba las olas y un humo con un pesado olor a carbón. De vez en cuando se oía, retumbando directamente sobre las olas, el ruido de un torno.

Un barco dedicado a la captura y envasado de carne de cangrejo ha de navegar hacia el Norte, donde la dureza de las condiciones laborales se cobra su tributo en la salud e incluso la vida de los marineros. Un destructor de la Marina Imperial vigila para que nada se salga de sus cauces. Pero los hombres que aún no han caído, hombres sencillos que habían aceptado los riesgos por llevar el sustento a sus familias, empiezan a conspirar. Quizá no deberían pagar ese precio tan alto.

El posicionamiento del autor a la hora de transmitir simpatías y antipatías está claro. En esta novela hay trabajadores que desean abrazar su misma causa política y sólo necesitan guías que les muestren el camino. Otros temen arriesgar lo poco que tienen, de lo que se aprovechan patrones sin escrúpulos. Y un poco más allá, figuras en la sombra mueven los hilos, convirtiendo el sudor y la sangre en su oro.

Sin embargo, no se trata de un panfleto. Nada de maniqueísmo. Buenos y malos son como los personajes de cualquier relato, y el conjunto es perfectamente creíble.

En resumen, un título cuyo retorno a la luz merece la pena.
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