jueves, 3 de marzo de 2011

El pesquero

Takiji Kobayashi fue un comunista convencido que murió por sus ideas, ya que le mató la policía secreta japonesa en 1933.

Y lo que hizo fue poner su talento narrativo al servicio de la causa. Para ello, escribió El pesquero.

Un barco dedicado a la captura y envasado de carne de cangrejo ha de navegar hacia el Norte, donde la dureza de las condiciones laborales se cobra su tributo en la salud e incluso la vida de los marineros. Un destructor de la Marina Imperial vigila para que nada se salga de sus cauces. Pero los hombres que aún no han caído, hombres sencillos que habían aceptado los riesgos por llevar el sustento a sus familias, empiezan a conspirar. Quizá no deberían pagar ese precio tan alto.

El posicionamiento del autor a la hora de transmitir simpatías y antipatías está claro. En esta novela hay trabajadores que desean abrazar su misma causa política y sólo necesitan guías que les muestren el camino. Otros temen arriesgar lo poco que tienen, de lo que se aprovechan patrones sin escrúpulos. Y un poco más allá, figuras en la sombra mueven los hilos, convirtiendo el sudor y la sangre en su oro.

Sin embargo, no se trata de un panfleto. Nada de maniqueísmo. Buenos y malos son como los personajes de cualquier relato, y el conjunto es perfectamente creíble.

En resumen, un título cuyo retorno a la luz merece la pena.



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