martes, 11 de enero de 2011

A veces, las apariencias…

–A ver, ladies and gentlemen, guarden la fila. Un poquito de orden o llamo a mi hermano, el hombre fuerte de la familia.

Visita al Parlamento de Londres. El agente de la entrada nos observa con el rictus de un personaje de cuento. Concretamente, ese que se desayuna cada mañana a media docena de niños malos: el ogro. Ayuda al símil su aspecto físico. El rapado cráneo sobresale a una altura como la estatua de Nelson en Trafalgar Square, debe de alcanzar sobradamente los ciento y pico kilos en la báscula y sus pectorales parece que vayan a reventar el chaleco antibalas ¿O son sus abdominales?

Y basándome en su apariencia, ¿le he entendido bien? ¿No tendré los oídos llenos de carbonilla? Habla en inglés, claro, pero ¿lo que ha dicho hace un momento era un chiste?

–Depositen sus bolsas y cámaras en la cinta, y pasen por el detector.

Sí, su dicción es bastante clara. Mi duda estriba ahora en si puedo conservar encima ciertos complementos que definen a todo hombre elegante: gafas de sol, reloj o hebilla del cinturón, por ejemplo. Con las mejores intenciones me dirijo al guardián de los Comunes, al protector de los súbditos de su Graciosa Majestad, a esa copia viviente de Shrek:

–Em, excuse me, sir, yo quisiera saber, si no es molestia, claro, y presentando los debidos respetos a su señora jefa, God save the Queen, si tengo que despojarme de todas las cosas metálicas, como en los aeropuertos…

¿Pero tú qué preguntas, Pulgarcito?, parecen contestarme sus ojos. ¿Es que quieres que te meta en el cuarto oscuro? Y su voz resuena de nuevo, potente como las campanas de Saint Paul.

–Una cosa más, dear visitors. Todos quienes lleven un Rolex o similar en la muñeca, deben dármelo a mí. Los demás pueden pasar con el reloj puesto.

Ah, pues eso debe de ser otro chiste, porque la gente se ríe. Incluso el mismo que yo consideraba ogro deja ver en toda su amplitud dos hileras de blancos y pulidos dientes. Al final resulta un grandullón simpático. Y es que a veces las apariencias…


Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus Share on Tumblr
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

3 comentarios:

Edurne dijo...

Las apariencias engañan... ya, ya, pero muchas veces son totalmente ciertas!

Muy buena la anécdota, y el vídeo!
:)

Un abrazo!

Monique LaMer dijo...

Mannelig, me he dado cuenta de que me has agregado a tu lista de blogs y además te has hecho seguidor de H. Planet. No tengo otro medio para agradecértelo que éste, y de acuerdo con mi costumbre en estos casos, te correspondo con la misma moneda. Muchas gracias

luis dijo...

Imagino que al final y después de la visita al Parlamento todo terminaría en una amistosa despedida en algún pub londinense tomando unas pintas ricas con el ogro feroz.
Un saludo y por si no te lo he deseado con anterioridad... Feliz año