Kåseberga, al sur de Suecia. Tras visitar las Piedras de Ale, un gran conjunto megalítico que asemeja la silueta de un barco vikingo, mis primos y yo subimos al coche. Antes de que arranquemos, alguien llama a la ventanilla.
−Hola, esta matrícula es de Madrid, ¿no?
Una sueca, es una sueca. Mis primos vuelven a salir ipso facto del vehículo.
−Pues sí, sí, somos españoles.
−Ah, qué bien, es que yo viví allí cuando era estudiante, y al verla se lo he dicho a mis amigas.
Otro par de nativas con trigueños cabellos observan de cerca la escena. Tres suecas, son tres en total. Y nosotros. Caramba, qué coincidencia...
Que nadie me acuse de falta de educación: yo también me apeo, doy los parabienes a la señorita por su perspicacia y pasamos veinte, treinta minutos en amable compañía, intercambiando lenguas. Quiero decir... que desean comprobar nuestras habilidades orales... A ver si me explico... En fin, que nos obligan a pronunciar continuamente palabras con el fonema local sj, con resultados que parecen deleitarlas: sju, sjö, sjunka, sjuksköterska...
Todo estupendo, hasta que echo un vistazo al reloj. Venga, caballeros, nuestra planificación exige ir a ver ahora tal cosa, después tal otra, luego al camping a dormir, mañana temprano lo de más allá... Despidámonos.
Mis compañeros me miran como si fueran monjes de Lindisfarne en el año de gracia de 793, yo me llamara Olaf y hubiera desembarcado junto con Erik, Sven, Gunnar, Harald, Magnus...: con los ojos como platos.
No acabo de entender por qué se muestran tan remolones. Un plan es un plan, ¿no hemos conversado ya con estas damas todo lo que teníamos que conversar? ¿Es que no hay obras de arte que nos esperan en nuestro periplo? La catedral de Lund, la fortaleza de Älvsborg, los museos de Gotemburgo, la farmacia más antigua de Malmö. Con estos argumentos, razonados, irrefutables, hago valer mi capacidad de liderazgo.
Los destinos de ambos grupos divergen, pues. Las suecas se quedan allí, un tanto perplejas, agitando sus pañuelos mientras nosotros nos alejamos.
¡¿Los museos de Gotemburgo?! ¡¿La farmacia más antigua de Malmö?! Ay, lo siento, lo siento, lo siento, perdonadme, primos, ¿me perdonaréis alguna vez?
Buena música, libros, cosas que me pasan, que recuerdo, que se me ocurren, ficciones, viajes, algunas fotos y qué sé yo cuántas cosas más...
martes, 28 de diciembre de 2010
sábado, 25 de diciembre de 2010
Comida rápida navideña.
No sé qué llevarían las hamburguesas, pero sus efectos sobre los comensales son muy curiosos. Camarero, por favor, ¿me trae una? Con patatas...
Ah, felices fiestas.
Ah, felices fiestas.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Un poco de publicidad gratuita
En la calle, esperando a que cambie el semáforo junto a otra viandante.
−Perdón.
−¿Eh?
−¿Puedo hacerte una pregunta?
−Hum...
−A lo mejor te parece un poco absurda.
−Hum...
−Pues... Si sigo de frente, ¿adónde llego?
−Cruce de Francisco Silvela con María de Molina... Llegas a la Castellana.
−Gracias.
−De nada.
−¿Y si...?
−¿Sí?
−¿Si voy a la derecha?
−A Nuevos Ministerios.
−Ajá.
−(...)
−¿Hay algo interesante que ver allí?
−Mmmm, no, creo que no.
−Ah.
−Quizá el museo de Ciencias Naturales.
−Oye...
−Hum...
−Lo que quería preguntarte de verdad es... ¿qué colonia usas?
Y como son fechas de regalos, aunque sea poco o nada literaria, esta es la recomendación de hoy: Fierce, de Abercrombie & Fitch. Por mi experiencia, parece mano de santo.
−Perdón.
−¿Eh?
−¿Puedo hacerte una pregunta?
−Hum...
−A lo mejor te parece un poco absurda.
−Hum...
−Pues... Si sigo de frente, ¿adónde llego?
−Cruce de Francisco Silvela con María de Molina... Llegas a la Castellana.
−Gracias.
−De nada.
−¿Y si...?
−¿Sí?
−¿Si voy a la derecha?
−A Nuevos Ministerios.
−Ajá.
−(...)
−¿Hay algo interesante que ver allí?
−Mmmm, no, creo que no.
−Ah.
−Quizá el museo de Ciencias Naturales.
−Oye...
−Hum...
−Lo que quería preguntarte de verdad es... ¿qué colonia usas?
Y como son fechas de regalos, aunque sea poco o nada literaria, esta es la recomendación de hoy: Fierce, de Abercrombie & Fitch. Por mi experiencia, parece mano de santo.
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Cosas que me pasan
sábado, 18 de diciembre de 2010
Soledad
Hay palabras que están llenas de silencio y silencios que están llenos de palabras.
Y ojos que tienen todas las respuestas.
Sí.
Lo sé bien.
No podía haber sido diferente.
Y ojos que tienen todas las respuestas.
Sí.
Lo sé bien.
No podía haber sido diferente.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Caminando...
Te acercas, caminando.
¿Sobre la tierra? ¿Sobre el aire?
Mi mirada encuentra la tuya
una fracción de segundo.
Me alejo, caminando.
¿Sobre el aire? ¿Sobre la tierra?
viernes, 10 de diciembre de 2010
Mariposas.
Me di cuenta mientras comía: estaba fuera, al otro lado del cristal. Recordé la tarde en que una de ellas se había posado sobre la ventana de la oficina, aunque cuando quise llamar a más testigos, nadie me creyó. Demasiado alto, dijeron, te lo estás inventando. También me vino a la memoria aquélla que volaba en el vestíbulo de la estación, y aún otra más que, asombrosamente, entró detrás de mí al vagón del metro. Es todo verídico, veo continuamente mariposas a mi alrededor. ¿Una señal? Lo que no sé es qué querrá decir...
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Cosas que me pasan
domingo, 5 de diciembre de 2010
Contra el viento del norte
Imaginarse a una persona a través de sus palabras, esperarlas con impaciencia, llegar a conocer sus pensamientos mejor que los de alquien que duerme al lado, de alguna manera enamorarse del aire... Algo así es lo que les ocurre a los protagonistas de esta novela de Daniel Glattauer: Contra el viento del norte.
Emmi y Leo lo tienen todo más o menos encauzado, nada presagia un cambio radical. Ella, diseñadora gráfica, se encuentra casada con su antiguo profesor de piano. Él acaba de salir de una relación tormentosa y se concentra en su trabajo en la universidad. Hasta que Emmi se equivoca por una letra en la dirección de correo electrónico donde solicita la baja de su suscripción a una revista. Al tercer intento Leo responde, iniciándose un intercambio de mensajes que, in crescendo, desemboca en una mutua dependencia. Se abren tanto el uno al otro, acaban descubriéndose de forma tan íntima, que temen encontrarse físicamente, por si las imágenes que se han formado en sueños no correspondiesen a la verdad. Hasta que ya no pueden más, y entonces...
Para apreciar el libro hay que partir de sus buenas intenciones, es decir, creer en el más puro azar, en que es posible que de la frialdad, de la indiferencia, surja el más poderoso imán, que el sentido de la vista pueda ser dejado de lado y sobre todo, que se pueda tener miedo al amor. O más bien, miedo a sus consecuencias, a todo lo que "el otro" puede venir a cambiar en nuestras ordenadas vidas.
Y aunque no se trata de la octava maravilla literaria, ni muchísimo menos, y de la prevención que suelen causarme los superventas, este me pareció agradable. Tiene un final abierto y precisamente acaban de publicar la segunda parte. A ver si para Reyes...
"Voy a tomar otro trago de vino blanco del Friuli. Bebo a nuestra salud. Ya estoy un poco borracho. Pero no mucho. Ahora te toca a ti de nuevo. Escríbeme, Emmi. Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente. Emmi, Emmi, Emmi."
Emmi y Leo lo tienen todo más o menos encauzado, nada presagia un cambio radical. Ella, diseñadora gráfica, se encuentra casada con su antiguo profesor de piano. Él acaba de salir de una relación tormentosa y se concentra en su trabajo en la universidad. Hasta que Emmi se equivoca por una letra en la dirección de correo electrónico donde solicita la baja de su suscripción a una revista. Al tercer intento Leo responde, iniciándose un intercambio de mensajes que, in crescendo, desemboca en una mutua dependencia. Se abren tanto el uno al otro, acaban descubriéndose de forma tan íntima, que temen encontrarse físicamente, por si las imágenes que se han formado en sueños no correspondiesen a la verdad. Hasta que ya no pueden más, y entonces...Para apreciar el libro hay que partir de sus buenas intenciones, es decir, creer en el más puro azar, en que es posible que de la frialdad, de la indiferencia, surja el más poderoso imán, que el sentido de la vista pueda ser dejado de lado y sobre todo, que se pueda tener miedo al amor. O más bien, miedo a sus consecuencias, a todo lo que "el otro" puede venir a cambiar en nuestras ordenadas vidas.
Y aunque no se trata de la octava maravilla literaria, ni muchísimo menos, y de la prevención que suelen causarme los superventas, este me pareció agradable. Tiene un final abierto y precisamente acaban de publicar la segunda parte. A ver si para Reyes...
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Libros (novela)
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Al despertar
Al despertar, la lluvia, el frío, la oscuridad, se alejan al otro lado del vidrio.
Sé que hoy hallaré la luz y el color de las hojas de los árboles.
Y el agua de las fuentes.
Así que, hala, andando al curro.
Sé que hoy hallaré la luz y el color de las hojas de los árboles.
Y el agua de las fuentes.
Así que, hala, andando al curro.
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Cosas que se me ocurren
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