Hoy, una vez más, reclama la noche
el tributo que le niegan mis ojos.
Malherido de oscuridad,
me arrebata por fin su memoria.
A tu sombra sin cuerpo estoy atado.
A tu sombra sin cuerpo, a tu ausencia
que es presencia cierta,
a esta sombra que eres tú, hecha de aire
que no puedo respirar,
que no puedo tocar,
silente,
que nunca responderá si la llamo amor.
Descansas ahora, tan inmóvil,
que para no despertarte
mi costado se ha detenido.
Contemplo a ciegas tu rostro,
cada mínima curva, la más pequeña
huella de una sonrisa tuya
que explique el porqué del mundo.
Te beso.
Y en el último momento,
en la última oportunidad antes
del alba,
de que leve te desvanezcas,
del adiós,
será el recuerdo de ese beso, de tu sombra,
de lo que no ha ocurrido,
lo que me devuelva
de nuevo la vida.
Inmensa plenitud
de ti.
Buena música, libros, cosas que me pasan, que recuerdo, que se me ocurren, ficciones, viajes, algunas fotos y qué sé yo cuántas cosas más...
miércoles, 28 de abril de 2010
A tu sombra sin cuerpo...
miércoles, 21 de abril de 2010
La ignorancia.
Con vosotros, de Milan Kundera, La ignorancia.
En esta novela, la memoria es la verdadera protagonista. Mejor dicho, las diferentes caras de la memoria, porque los mismos hechos tienen significados dispares para cada personaje.
Irena y Josef se cruzan en París, en el aeropuerto, tiempo después de su primer encuentro praguense de juventud. Son dos exiliados checos que viajan a su país de origen tras la caída del muro, un pais del que las calles y hasta la forma de hablar de la gente les parecen ahora ajenas.
Ella le reconoce a él: una vez, en una cervecería, rodeados de amigos comunes, Josef la había estado mirando intensamente. Al salir del local, le regaló un pequeño cenicero, un símbolo que siempre ha llevado consigo. No volvieron a verse. Él, por su parte, no la recuerda en absoluto, pero no se atreve a confesárselo.
Irena está ilusionada. Quizá pudiera ocurrir algo entre ellos, al fin... Quedan en llamarse para salir a cenar la noche anterior al vuelo de regreso. Hasta entonces, durante varios días, cada uno recorrerá de nuevo su vida, las personas que han dejado atrás, las sensaciones, los detalles en apariencia insignificantes, que les han llevado a convertirse en quienes son. ¿Y quiénes son en realidad?
Decir Kundera es referirse a un escritor de los que se elevan muy por encima de la mayoría. De esos elegidos que, incluso cuando producen una obrita "menor", nos regalan algo especial. ¿Se me nota la admiración? Pues eso.
"También él se alegraba de ese encuentro; ella se mostraba amistosa, coqueta y agradable, guapa a los cuarenta, y él no tenía ni idea de quién era. Suele ser molesto decirle a una persona que no te acuerdas de ella, pero esta vez era doblemente molesto, porque no es que la hubiera olvidado, sino que ni siquiera la reconocía. Y confesarle algo así a una mujer es una trastada de la que él no se veía capaz. Por otra parte, había entendido muy rápido que la desconocida no podría saber si él la recordaba o no y que nada era más fácil que conversar con ella. Pero en el momento en que prometieron volver a verse y ella quiso darle su número de teléfono, se había sentido incómodo: ¿cómo iba a llamar a alguien cuyo nombre desconocía? Sin dar explicaciones, él le había dicho que prefería que le llamara ella y le había pedido que anotara el número de su hotel en la ciudad de provincias."
En esta novela, la memoria es la verdadera protagonista. Mejor dicho, las diferentes caras de la memoria, porque los mismos hechos tienen significados dispares para cada personaje.
Ella le reconoce a él: una vez, en una cervecería, rodeados de amigos comunes, Josef la había estado mirando intensamente. Al salir del local, le regaló un pequeño cenicero, un símbolo que siempre ha llevado consigo. No volvieron a verse. Él, por su parte, no la recuerda en absoluto, pero no se atreve a confesárselo.
Irena está ilusionada. Quizá pudiera ocurrir algo entre ellos, al fin... Quedan en llamarse para salir a cenar la noche anterior al vuelo de regreso. Hasta entonces, durante varios días, cada uno recorrerá de nuevo su vida, las personas que han dejado atrás, las sensaciones, los detalles en apariencia insignificantes, que les han llevado a convertirse en quienes son. ¿Y quiénes son en realidad?
Decir Kundera es referirse a un escritor de los que se elevan muy por encima de la mayoría. De esos elegidos que, incluso cuando producen una obrita "menor", nos regalan algo especial. ¿Se me nota la admiración? Pues eso.
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Libros (novela)
domingo, 18 de abril de 2010
La luz.
La luz
detrás de mí,
o delante, o a un lado,
o quizás al otro, no estoy seguro
(estaba ebrio,
ebrio de vida).
La luz,
tan cerca,
que casi hubiese podido
tocarla,
arder,
consumirme en ella.
La luz
difuminándose
paso a paso,
dejándome aquí,
vacío, sin nada,
sin nada.
La luz...
jueves, 15 de abril de 2010
La primera vez que compré…
Me han dicho que aquí encontraré lo que busco; empujo la puerta y entro con precaución. No obstante, una indiscreta campanilla anuncia al mundo el paso que estoy a punto de dar. Atraída por el sonido, una de las señoritas tras el mostrador fija en mí la pupila. Su inmaculada bata blanca le da un aura angelical que me hace aún más vergonzante explicarle las bajas razones de mi visita.
–Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
–Hola, yo..., yo quería..., es decir...
–¿Sí?
–No sé exactamente...
–¿No?
–¿Ustedes tienen...?
–¿Sí?
–En realidad, no es para mí.
–¿No?
–Es un encargo de otra persona.
–Entiendo. ¿De su mujer, quizás? ¿De su novia? ¿De una amiga?
–Exacto, de mi... hum..., mi mujer. No ha podido venir ella misma.
–¿Y le ha encargado algún producto en concreto?
–Eh, pues cualquier cosa. Lo mismo que me venga bien a mí, por ejemplo.
–Tenga en cuenta que hombres y mujeres son diferentes.
–Claro, ya lo supongo. Y si... sólo a nivel teórico... tuviera que recomendarme... Noto que últimamente he perdido algo de... ejem... ¿cómo diría? Algo de frescura en esta zona (la señalo con el dedo).
–Acérquese al espejo de aumento, por favor.
–¿Aumento?
–Es para hacerle el estudio.
–¿Está bien así?
–Perfecto. Gírese un poco. Ahora, hacia el otro lado. Permítame comprobar el tacto de la piel, la textura... Mmm...
–¿Qué le parece?
–Sí, ya veo el problema. Pero no se preocupe, es algo común, le ocurre a mucha gente. Le voy a recomendar una cremita que tiene unos efectos estupendos.
–Diga, diga.
–Si se la aplica por la noche con un suave masaje, va a mejorar esas ojeras. Su mirada será más luminosa.
–Ah, pues me la llevo.
–Aquí tiene. Además del contorno de ojos, le pongo en la bolsa unas muestras para hidratar. Pruébelas, evitan la aparición de arruguitas.
–Qué amable, gracias.
–De nada, vuelva siempre que quiera.
Vaya, al principio costaba, pero una vez entrados en confianza... No es tan difícil comprar productos de belleza pour homme, al fin y al cabo.
–Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
–Hola, yo..., yo quería..., es decir...
–¿Sí?
–No sé exactamente...
–¿No?
–¿Ustedes tienen...?
–¿Sí?
–En realidad, no es para mí.
–¿No?
–Es un encargo de otra persona.
–Entiendo. ¿De su mujer, quizás? ¿De su novia? ¿De una amiga?
–Exacto, de mi... hum..., mi mujer. No ha podido venir ella misma.
–¿Y le ha encargado algún producto en concreto?
–Eh, pues cualquier cosa. Lo mismo que me venga bien a mí, por ejemplo.
–Tenga en cuenta que hombres y mujeres son diferentes.
–Claro, ya lo supongo. Y si... sólo a nivel teórico... tuviera que recomendarme... Noto que últimamente he perdido algo de... ejem... ¿cómo diría? Algo de frescura en esta zona (la señalo con el dedo).
–Acérquese al espejo de aumento, por favor.
–¿Aumento?
–Es para hacerle el estudio.
–¿Está bien así?
–Perfecto. Gírese un poco. Ahora, hacia el otro lado. Permítame comprobar el tacto de la piel, la textura... Mmm...
–¿Qué le parece?
–Sí, ya veo el problema. Pero no se preocupe, es algo común, le ocurre a mucha gente. Le voy a recomendar una cremita que tiene unos efectos estupendos.
–Diga, diga.
–Si se la aplica por la noche con un suave masaje, va a mejorar esas ojeras. Su mirada será más luminosa.
–Ah, pues me la llevo.
–Aquí tiene. Además del contorno de ojos, le pongo en la bolsa unas muestras para hidratar. Pruébelas, evitan la aparición de arruguitas.
–Qué amable, gracias.
–De nada, vuelva siempre que quiera.
Vaya, al principio costaba, pero una vez entrados en confianza... No es tan difícil comprar productos de belleza pour homme, al fin y al cabo.
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Cosas que recuerdo
jueves, 8 de abril de 2010
Indecisión.
–Mmmm...
–¿Mmmm?
–Colega...
–¿Sí?
–¿Te parece que soy un indeciso?
–¿Cómo?
–Así, en términos generales.
–Pues...
–¿Y en cosas más concretas?
–Ehhhh.
–Es que estaba pensando...
–¿Tú?
–...que a veces tienes claro que deseas pronunciar ciertas palabras...
–A veces.
–...con todas tus ansias...
–Absolutamente todas.
–...pero también tienes claro lo que va a ocurrir si lo haces.
–También.
–Y entonces, dentro de ti...
–Vale, vale.
–...dejas de saber qué es lo que tienes claro.
–Yaaaaaa.
–¿Entiendes?
–(Silencio. Mirada entornada, del tipo "oye, tío, como me sigas dando la brasa, te vas a enterar").
–Mmmm...
–¿Mmmm?
–Sí.
–¿Sí?
–Creo que he tomado una decisión.
–Ah.
–Decidido: voy a pedir otro mojito.
–¿Mmmm?
–Colega...
–¿Sí?
–¿Te parece que soy un indeciso?
–¿Cómo?
–Así, en términos generales.
–Pues...
–¿Y en cosas más concretas?
–Ehhhh.
–Es que estaba pensando...
–¿Tú?
–...que a veces tienes claro que deseas pronunciar ciertas palabras...
–A veces.
–...con todas tus ansias...
–Absolutamente todas.
–...pero también tienes claro lo que va a ocurrir si lo haces.
–También.
–Y entonces, dentro de ti...
–Vale, vale.
–...dejas de saber qué es lo que tienes claro.
–Yaaaaaa.
–¿Entiendes?
–(Silencio. Mirada entornada, del tipo "oye, tío, como me sigas dando la brasa, te vas a enterar").
–Mmmm...
–¿Mmmm?
–Sí.
–¿Sí?
–Creo que he tomado una decisión.
–Ah.
–Decidido: voy a pedir otro mojito.
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Ficciones
lunes, 5 de abril de 2010
Bajo control.
Me sorprendo moviendo los labios. ¿He hablado en voz alta? ¿He dicho de verdad que muero por ti? No, no puedo haberme roto de esa manera. Seguramente habré pronunciado el título de una canción que me ha cruzado fugaz por dentro, como tantas otras miles podrían haberlo hecho al azar. No te preocupes, no te decepcionaré. Todo está bajo control.
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Ficciones
viernes, 2 de abril de 2010
La cabeza de mi padre.
Hace mucho tiempo, en la tierra de mis mayores, irse a hacer las Américas era de lo más común. México solía ser el destino habitual para los indianos, aunque otros países tampoco resultaban extraños. Sólo por parte familiar, por ejemplo, tengo primos transatlánticos de Venezuela y de Brasil. Incluso un tío abuelo del que se perdió la pista anduvo por Cuba, que cualquiera sabe si esa rama de nuestro árbol pervive en la isla o se mudó luego a Florida.
En La cabeza de mi padre, el escritor Kalman Barsy nos propone un argumento similar: una familia húngara, los Benedek, emigra a Argentina, y veremos las consecuencias que ese viaje tendrá para cada uno de sus miembros. Zoltán, el padre, transmutado en Zoilo, añorará hasta el fin de sus días aquellos picantes sabores culinarios de la vieja patria, que la esforzada madre no puede reproducir con los ingredientes locales. El hijo mayor, Laci, de aventureras andanzas, se convertirá en un referente, el orgullo, el modelo cuya memoria planeará siempre sobre su hermano Attila, narrador del relato. Y éste, por su parte, crecerá entre experiencias contradictorias, pues favorablemente dispuesto a las costumbres del país de acogida, será no obstante considerado con displicencia por quienes consideran que "húngaro" y "gitano" vienen a ser lo mismo.
Hay que decir además, que el propio autor tiene una biografía movidita, así que escribe con cierto conocimiento de causa. Barsy nació en Hungría, de donde se trasladó tempranamente con sus padres a Austria, y más tarde a Argentina. A los veintiún años quiso seguir conociendo mundo, por lo que se dirigió primero a los Estados Unidos y luego a Francia, de vuelta a tierras australes y más tarde al norte, a Puerto Rico, donde enseña actualmente en la universidad.
Para todos, a un lado y otro de la mar, un saludo.
Attila se enfurecía si le decían que los húngaros eran gitanos; ese era su gran sufrimiento. Por lo demás, le gustaba ese pueblo, Ituzaingó, su nueva patria. A Laci esas cosas no le importaban. Apenas llegados a la escuela, un grupo de los más grandes le preguntó a su hermano:Una novela estimable que gira alrededor de dos ideas: el sentimiento de pertenencia a un lugar y la falta de reconocimiento público a los esfuerzos, cuando se vive bajo la sombra de alguien más popular. Tiene momentos especialmente bien resueltos, como cuando el padre decide visitar a Evita para que financie la fabricación de un invento suyo. Dado que aún no domina el idioma, se hace acompañar por Attila como intérprete, y el niño, que está aprendiéndolo mediante tiras cómicas del pato Donald, traduce a su particular e imaginativa manera. Como consecuencia, la atónita prócer entiende que le está pidiendo... una bicicleta.
–¿De quién sos?, ¿de River o de Boca?
Él todavía no hablaba casi el castellano, por lo que contestó repitiendo de memoria los sonidos:
–De Boca.
De todos modos, tuvo que pelear. Uno de ellos lo desafió mojándole la oreja con el dedo ensalivado, a la manera argentina. Se encontraron a a salida de la escuela, en el terreno baldío detrás del huerto del sacristán. Laci maneja bien los puños y es hincha de Boca, ¿qué más se podía pedir de un pibe? Enseguida lo aceptaron.
Attila, en cambio, sufría por aquello de que le decían gitano por húngaro. En este pueblo había la manía de cambiarle las nacionalidades a la gente: al flaco Galib le decían turco y era libanés; a Groszinski le decían ruso, cuando era judío de Polonia. Pero a uno que cantaba tangos por la radio, bien argentino, le decían polaco: el polaco Goyeneche.
–¿Y que? A mí me dicen gallego y soy catalán –se reía el petiso Ferrer–. ¡Pero a mi viejo le da una rabia!
Hay que decir además, que el propio autor tiene una biografía movidita, así que escribe con cierto conocimiento de causa. Barsy nació en Hungría, de donde se trasladó tempranamente con sus padres a Austria, y más tarde a Argentina. A los veintiún años quiso seguir conociendo mundo, por lo que se dirigió primero a los Estados Unidos y luego a Francia, de vuelta a tierras australes y más tarde al norte, a Puerto Rico, donde enseña actualmente en la universidad.
Para todos, a un lado y otro de la mar, un saludo.
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Libros (novela)
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