Intuí la presencia del mal nada más entrar, con aquellos hombres de negro señalándome la dirección. Sin atreverme a desobedecer, recorrí pasillos, bajé escaleras, crucé pesadas puertas metálicas y al fin desemboqué en la gran sala. Allí busqué cuál era el sitio que me habían asignado, entre miles de otros adeptos.
Pasaron cerca de veinte minutos, mientras el recinto seguía llenándose. De vez en cuando, desde diferentes puntos, llegaban a mis oídos gritos guturales, inarticulados, no completamente animales, no completamente humanos. Sin embargo, algo en mi interior los identificaba como amigos. Quizá tuviera alguna oportunidad, después de todo.
No. Enseguida, esos sonidos familiares se convirtieron en una ominosa respiración. Me sentí transportado de nuevo a la infancia, cuando la oscuridad tenía otro significado, cuando extrañas y amenazadoras máscaras poblaban los sueños y el súbito centelleo de un haz de luz roja podía ser lo último que viera. Él estaba cerca, muy cerca. Él...
La tensión se hizo insoportable. El momento había llegado, tenía que elegir definitivamente entre dos caminos, y uno de ellos podía proporcionarme habilidades que hay quien considera de carácter innatural. Una sombra frente a mí alzó los brazos y todo empezó. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana...
Síiiiiiii, síiiiiiiii, estuve el sábado pasado en el concierto de La Guerra de las Galaxias, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Lleno hasta la bandera, una pantalla gigante proyectando imágenes de la saga, Anthony Daniels, el actor que hacía de C3PO, como narrador, y la Royal Philharmonic tocando a John Williams en directo. Si lo mío fue un pedazo de subidón de adrenalina musical, no sé cómo denominar la reacción de los dos tipos a mi lado, que desde luego sobrepasaban los diez años de edad, y los veinte, y los treinta, cuando se pusieron a dar alaridos y brincos espasmódicos mientras sonaba como bis la marcha imperial de Darth Vader. ¿Qué lado de la Fuerza escoger? ¡Ay, qué duda…!
Buena música, libros, cosas que me pasan, que recuerdo, que se me ocurren, ficciones, viajes, algunas fotos y qué sé yo cuántas cosas más...
viernes, 26 de marzo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
In memoriam (2004).
Recuerdos... Hay ciertos momentos en que cerramos los párpados del presente, abrimos a cambio los ojos del alma y respiramos, vivimos de recuerdos.
Son momentos sin tiempo, sin distancia. ¿Recuerdas? –te dices a ti mismo–. ¿Recuerdas cómo os conocisteis, su voz, el color de su pelo, su alegría, cuándo fue la última vez que la viste, antes de...?
Entonces dejas aflorar de nuevo una palabra de adiós y crees tener, en ese lugar que nadie más en el mundo puede ver, dentro de ti, una amiga. Aún. Para siempre.
Son momentos sin tiempo, sin distancia. ¿Recuerdas? –te dices a ti mismo–. ¿Recuerdas cómo os conocisteis, su voz, el color de su pelo, su alegría, cuándo fue la última vez que la viste, antes de...?
Entonces dejas aflorar de nuevo una palabra de adiós y crees tener, en ese lugar que nadie más en el mundo puede ver, dentro de ti, una amiga. Aún. Para siempre.
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sábado, 20 de marzo de 2010
La llamada.
Sonó el teléfono. Una voz dibujó en el aire mi nombre de pila. Contesté afirmativamente. A continuación, se presentó: era la prima de la chica con la que yo había salido el fin de semana en las fiestas del pueblo. Perplejidad. ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? Mis intentos de aclarar las circunstancias, de entender si el verbo multiusos "salir" se refería a casto beso en la mejilla, a flirteo tanguero o si habíamos llegado a mayores, chocaron contra su indignación: ¿Cómo que no te acuerdas de mi prima? ¿Cómo que no sabes de lo que te estoy hablando? ¿Cómo puedes decir eso, después de lo que ella me ha contado? ¿Es que no significa nada para ti? Argumentos tan contundentes, que hasta me hicieron dudar: ¿me había desdoblado en sueños y mi otro yo se había ido de farra? ¿Había sufrido como consecuencia una cogorza monumental, incluyendo una laguna en el hilo de los acontecimientos? ¿Cómo podía ofender así a la señorita al otro lado del hilo? Qué actitud tan poco receptiva, por favor...
Después de un rato de tira y afloja, llegamos a la conclusión conjunta de que probablemente haya muchísimas personas con mi mismo nombre esparcidas por el mundo, en diversos grados de sobriedad, y si incluimos las realidades paralelas en un universo multidimensional, ya para qué contar. Y no todos estuvieron presentes en las susodichas fiestas, empezando por mi propio ser. Fue entonces su turno para azorarse, pidiendo mil disculpas por el precipitado torrente de sus palabras. No hay por qué, prima, si casi habíamos llegado a ser de la familia... Además, así voy entrenándome por si acaso alguna vez olvido un aniversario, una cita, una promesa de matrimonio, de amor eterno o algo de relativa importancia por el estilo, y tengo que tragarme la correspondiente bronca y anatema a distancia. Hay que ver, qué gran invento para ciertas cosas, el de Alexander Graham Bell.
Después de un rato de tira y afloja, llegamos a la conclusión conjunta de que probablemente haya muchísimas personas con mi mismo nombre esparcidas por el mundo, en diversos grados de sobriedad, y si incluimos las realidades paralelas en un universo multidimensional, ya para qué contar. Y no todos estuvieron presentes en las susodichas fiestas, empezando por mi propio ser. Fue entonces su turno para azorarse, pidiendo mil disculpas por el precipitado torrente de sus palabras. No hay por qué, prima, si casi habíamos llegado a ser de la familia... Además, así voy entrenándome por si acaso alguna vez olvido un aniversario, una cita, una promesa de matrimonio, de amor eterno o algo de relativa importancia por el estilo, y tengo que tragarme la correspondiente bronca y anatema a distancia. Hay que ver, qué gran invento para ciertas cosas, el de Alexander Graham Bell.
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Cosas que me pasan
miércoles, 17 de marzo de 2010
Hormiguero.
Hormiguero: hermosa novela de la escritora Margit Kaffka.
Publicada por primera vez en 1917, la acción tiene lugar en el interior de un convento de monjas. Allí coinciden hermanas de todos los rincones del imperio austro-húngaro, con sus respectivas lenguas y costumbres, así como jóvenes novicias y alumnas de magisterio. Los únicos hombres con quienes tienen un trato más habitual visten sotana.
Asistimos en ese escenario a la enfermedad de la madre superiora, ya anciana y que habrá de ser pronto sustituida en asamblea. Subrepticiamente al principio, y de forma declarada según se acerca el momento de las votaciones, se van formando bandos, tendencias, grupos que empujan en favor de una modernización acorde a los tiempos, o abogan por mantenerse en las tradiciones fundacionales de la orden.
Y el apoyo a uno u otro bando tiene mucho que ver con las admiraciones que despiertan las candidatas. Unas simpatías que se demuestran en detalles sutiles: miradas, susurros, sonrisas, roces con la mano. En su micromundo, esas mujeres experimentan algunas de las mismas emociones básicas que el resto de la humanidad.
Porque aislados detrás de un muro, los afectos pueden ocultarse, puede intentarse evitarlos, incluso luchar contra ellos, pero no es tan fácil hacerlos desaparecer.
Estupenda lectura.
Las dos muchachas adultas, recostadas contra el tronco, estallan en una risa cómplice.
–¿La has visto?
–¿Qué le habrá pasado a la Vieja? ¿Se ha producido un milagro? ¿O se ha vuelto loca?
–Qué va. Mira el camino. ¿Quién viene por allí?
–Claro, es Virginia, ya lo comprendo. El amor convierte al tigre en paloma.
–¡Deja de decir estas cosas, que las detesto!
Lo dice una muchacha de pelo moreno, ondulado, de figura esbelta y de una belleza extraña, luego se estrecha contra la otra. Es una rubia de cara suave, redonda, de mirada inteligente, con pechos y caderas de mujer. Las dos son del último curso.
–Qué sorpresa, mi pequeña –dice alegremente la rubia–. Sólo hace dos años que ibas corriendo detrás de la bella sor Bernarda.
–Sí, pero aquello fue entonces. Una lleva encerrada aquí años y años, pues se mortifica como puede, y es que tenemos mucho corazón o fantasía, como tú dices. A una, sin querer, se le pegan esas estupideces. Pero tú llegaste el año pasado y me has quitado los pájaros de la cabeza.
Publicada por primera vez en 1917, la acción tiene lugar en el interior de un convento de monjas. Allí coinciden hermanas de todos los rincones del imperio austro-húngaro, con sus respectivas lenguas y costumbres, así como jóvenes novicias y alumnas de magisterio. Los únicos hombres con quienes tienen un trato más habitual visten sotana.
Asistimos en ese escenario a la enfermedad de la madre superiora, ya anciana y que habrá de ser pronto sustituida en asamblea. Subrepticiamente al principio, y de forma declarada según se acerca el momento de las votaciones, se van formando bandos, tendencias, grupos que empujan en favor de una modernización acorde a los tiempos, o abogan por mantenerse en las tradiciones fundacionales de la orden.
Y el apoyo a uno u otro bando tiene mucho que ver con las admiraciones que despiertan las candidatas. Unas simpatías que se demuestran en detalles sutiles: miradas, susurros, sonrisas, roces con la mano. En su micromundo, esas mujeres experimentan algunas de las mismas emociones básicas que el resto de la humanidad.
Porque aislados detrás de un muro, los afectos pueden ocultarse, puede intentarse evitarlos, incluso luchar contra ellos, pero no es tan fácil hacerlos desaparecer.
Estupenda lectura.
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Libros (novela)
domingo, 14 de marzo de 2010
¡Viva la ortografía!
La primera chica con la que salí puso en práctica un modo arriesgado de acercamiento. Era el día que iniciábamos nuestra vida universitaria y me encontraba en el aula, peinado con raya, casi vestido de marinerito, rodeado de otros repollos como yo. Pero pasaba el tiempo y nadie venía a tomar posesión de nuestras jóvenes almas, a moldearlas, a saciar nuestra sed de aprendizaje. De forma que muchos compañeros, aburridos, se fueron a la cafetería para calmar esa sed con zumo de cebada. Algunos le cogieron afición al lugar y ya se quedaron allí hasta el fin de la carrera.
En eso, se me acercó ella. Que si podía sentarse a mi lado, me preguntó. Encontrándose esa silla desocupada y siendo un país libre... Pasó otro rato y nada, los sabios seguían sin aparecer por el ágora, la gran pizarra permanecía impoluta. Ya estaba cierta parte de mi cuerpo tomando nota de la nada mullida superficie de madera donde iba a tener que aposentarse durante los próximos años, cuando volvió a preguntarme: que si tal palabra se escribía con b o con v.
Respingo de escándalo. Pero, ¿a quién admitían en ese club? No quería charlar sobre Platón o Aristóteles, sobre Keynes o Adam Smith, si debe distinguirse claramente entre el gótico y el cisterciense, cuál es el número atómico del molibdeno, la temperatura en la superficie de Ganímedes, el ser en sí o el ser para sí. No, ni mucho menos. Estaba atacándome en lo más hondo, en el instinto primario, en el sanctasanctórum de la comunicación humana: ¡en la ortografía!
Hube de respirar hondo. A continuación, impostando la voz para que se asemejara a la de un Júpiter tonante, contesté: con b, por supuesto. Y me detuve a mirar con más atención a la infortunada, a la desvalida criatura que así manifestaba desconocer los entresijos de la lengua.
Y unas narices, desvalida. Cuando tuvimos más confianza, me contó que lo había dicho aposta, como excusa para iniciar la conversación, pero que le hubiera dado igual cualquier cosa que respondiese: ella ya tenía un objetivo fijado en la cabeza. Por eso hoy en día, que de repollo he evolucionado a berza grande (léase berzotas), cada vez que alguien me pregunta sobre la b y la v, pues no sé qué pensar...
En eso, se me acercó ella. Que si podía sentarse a mi lado, me preguntó. Encontrándose esa silla desocupada y siendo un país libre... Pasó otro rato y nada, los sabios seguían sin aparecer por el ágora, la gran pizarra permanecía impoluta. Ya estaba cierta parte de mi cuerpo tomando nota de la nada mullida superficie de madera donde iba a tener que aposentarse durante los próximos años, cuando volvió a preguntarme: que si tal palabra se escribía con b o con v.
Respingo de escándalo. Pero, ¿a quién admitían en ese club? No quería charlar sobre Platón o Aristóteles, sobre Keynes o Adam Smith, si debe distinguirse claramente entre el gótico y el cisterciense, cuál es el número atómico del molibdeno, la temperatura en la superficie de Ganímedes, el ser en sí o el ser para sí. No, ni mucho menos. Estaba atacándome en lo más hondo, en el instinto primario, en el sanctasanctórum de la comunicación humana: ¡en la ortografía!
Hube de respirar hondo. A continuación, impostando la voz para que se asemejara a la de un Júpiter tonante, contesté: con b, por supuesto. Y me detuve a mirar con más atención a la infortunada, a la desvalida criatura que así manifestaba desconocer los entresijos de la lengua.
Y unas narices, desvalida. Cuando tuvimos más confianza, me contó que lo había dicho aposta, como excusa para iniciar la conversación, pero que le hubiera dado igual cualquier cosa que respondiese: ella ya tenía un objetivo fijado en la cabeza. Por eso hoy en día, que de repollo he evolucionado a berza grande (léase berzotas), cada vez que alguien me pregunta sobre la b y la v, pues no sé qué pensar...
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Cosas que recuerdo
jueves, 11 de marzo de 2010
Madrid - Adinath.
Busqué con la cámara diferentes enfoques del templo de Adinath, en Ranakpur. Las riquísimas cúpulas labradas, las innumerables columnas de mármol, cada una con un tallado diferente, los juegos de luces y sombras... Caminé de un lado a otro, descalzo, despacio, llenándome de paz.
En el exterior, se me acercaron dos chicos de tez ligeramente aceitunada. Perdón, mi amigo quiere hacerse una fotografía contigo, ¿te importaría?
Sonreí, no tenía ningún inconveniente; para ellos, el exótico en ese lugar debía de ser yo. Parecían satisfechos del resultado. A continuación, me preguntaron por mi lugar de procedencia. Madrid –contesté–. Es una ciudad en... Sí, sí –me interrumpieron ellos–, la conocemos. Allí hicieron explotar aquellos trenes...
En el exterior, se me acercaron dos chicos de tez ligeramente aceitunada. Perdón, mi amigo quiere hacerse una fotografía contigo, ¿te importaría?
Sonreí, no tenía ningún inconveniente; para ellos, el exótico en ese lugar debía de ser yo. Parecían satisfechos del resultado. A continuación, me preguntaron por mi lugar de procedencia. Madrid –contesté–. Es una ciudad en... Sí, sí –me interrumpieron ellos–, la conocemos. Allí hicieron explotar aquellos trenes...
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lunes, 8 de marzo de 2010
Día de poetas.
Después de varios programas concursando, "Pasapalabra" no ha sido suficiente para que mi amigo alcance del todo la gloria. La hemos tocado, hemos llegado a sentir el roce de sus labios, pero nos ha dado finalmente la espalda. Fortuna brevis. De manera que ahora se aventura en otras tierras, en las de "La quinta esfera". A por ellos, chavalote...
Bueno, hoy no nos saldrá la dichosa preguntita del vino. Veamos: «¿Qué poeta escribió La voz a ti debida?» Ah, ésta me la sé, Pedro Salinas.
Ay, ay, ay, que mi amigo es de ciencias puras, purísimas. Pero no me fastidies, tío, ¿cómo vas a comparar los rayotes de Pitágoras o los numeracos de Fermat con esto? ¿Qué fractales ni qué gaitas? ¿Leptones, quarks, bosones? ¿Es que acaso no son esos párpados y esos ojos las partículas elementales del universo? Hazme el favor de centrarte: Salinas, Salinas, Salinas...
Vaya, hombre. Fortuna mala.
Bueno, hoy no nos saldrá la dichosa preguntita del vino. Veamos: «¿Qué poeta escribió La voz a ti debida?» Ah, ésta me la sé, Pedro Salinas.
Cuando cierras los ojos
tus párpados son aire.
Me arrebatan:
me voy contigo, adentro.
No se ve nada, no
se oye nada. Me sobran
los ojos y los labios,
en este mundo tuyo.
Para sentirte a ti
no sirven
los sentidos de siempre,
usados con los otros.
Hay que esperar los nuevos.
Se anda a tu lado
sordamente, en lo oscuro,
tropezando en acasos,
en vísperas; hundiéndose
hacia arriba
con un gran peso de alas.
Cuando vuelves a abrir
los ojos yo me vuelvo
afuera, ciego ya,
tropezando también,
sin ver, tampoco, aquí.
Sin saber más vivir
ni en el otro, en el tuyo,
ni en este
mundo descolorido
en donde yo vivía.
Inútil, desvalido
entre los dos.
Yendo, viniendo
de uno a otro
cuando tú quieres,
cuando abres, cuando cierras
los párpados, los ojos.
Ay, ay, ay, que mi amigo es de ciencias puras, purísimas. Pero no me fastidies, tío, ¿cómo vas a comparar los rayotes de Pitágoras o los numeracos de Fermat con esto? ¿Qué fractales ni qué gaitas? ¿Leptones, quarks, bosones? ¿Es que acaso no son esos párpados y esos ojos las partículas elementales del universo? Hazme el favor de centrarte: Salinas, Salinas, Salinas...
Vaya, hombre. Fortuna mala.
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Libros (poesía)
viernes, 5 de marzo de 2010
Día de vino y fútbol.
Final de la Liga de Campeones, juegan el Real Madrid y el Bayer Leverkusen. Me pertrecho con un bol gigante de palomitas de maíz, me arrellano en el sofá, enciendo el televisor y ¿qué hago a continuación? Sintonizo el canal donde un amigo participa en el concurso de "Pasapalabra".
El partido comienza y mi amigo va paralelamente como un tiro, directo a la meta. Hasta que llega la pregunta clave: «Empieza por S, vino con denominación de origen de Huesca». Por la ventana, oigo trompetas y alaridos de júbilo. Yo mantengo la mano lejos del mando a distancia, disfrutando anticipadamente de esta otra victoria que ya se encuentra al alcance. Pero, ¿qué es esto? ¿Dudas? ¿Justo ahora? Venga, venga, compañero, imagina cuántas personas te llevan en volandas, cuántas esperanzas tienen sus ojos fijos en ti. «Sabiñánigo» es su respuesta.
Nooooo, nooooo... Caigo de rodillas; tanto tiempo esperando, sólo para ser derrotados en el penúltimo segundo. Ya no conseguimos el pleno, de manera que acaba el programa y cambio cabizbajo al balompié, donde me he perdido el primer gol. Lo que faltaba: ahora empata el Leverkusen. Me olvido de las palomitas, voy a la cocina, abro el armario y extraigo la única botella de tinto que tengo en casa, un Somontano. Mientras busco en un cajón el sacacorchos, pienso que hay ciertos días…
Y luego llega Zidane. Oeeee, oeeee, oeeee...
El partido comienza y mi amigo va paralelamente como un tiro, directo a la meta. Hasta que llega la pregunta clave: «Empieza por S, vino con denominación de origen de Huesca». Por la ventana, oigo trompetas y alaridos de júbilo. Yo mantengo la mano lejos del mando a distancia, disfrutando anticipadamente de esta otra victoria que ya se encuentra al alcance. Pero, ¿qué es esto? ¿Dudas? ¿Justo ahora? Venga, venga, compañero, imagina cuántas personas te llevan en volandas, cuántas esperanzas tienen sus ojos fijos en ti. «Sabiñánigo» es su respuesta.
Nooooo, nooooo... Caigo de rodillas; tanto tiempo esperando, sólo para ser derrotados en el penúltimo segundo. Ya no conseguimos el pleno, de manera que acaba el programa y cambio cabizbajo al balompié, donde me he perdido el primer gol. Lo que faltaba: ahora empata el Leverkusen. Me olvido de las palomitas, voy a la cocina, abro el armario y extraigo la única botella de tinto que tengo en casa, un Somontano. Mientras busco en un cajón el sacacorchos, pienso que hay ciertos días…
Y luego llega Zidane. Oeeee, oeeee, oeeee...
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martes, 2 de marzo de 2010
La bruja de abril.
Círculo de Bellas Artes, noviembre del año dos mil y pico, según figura en las hemerotecas: presentación de La bruja de abril, de Majgull Axelsson. Acuden la propia autora y el traductor. Después de la charla, se ofrece a los asistentes una copa de vino y unos canapés. Algunos estudiantes de sueco hacemos corro, dando buena cuenta de la merienda gratis. En determinado momento se nos unen nuevos contertulios y es preciso ampliar el perímetro de ese corro. Doy un par de pasos hacia atrás y estoy a punto de dejar firme huella sobre una joven escandinava que circula inadvertidamente a mi espalda. Vamos, que no la piso de milagro. Musito una disculpa y ella continúa impertérrita su camino.
Hasta aquí, ni siquiera alcanza el rango de anécdota. Sin embargo, trasladando algo tan fortuito a un guión cinematográfico, bien podría servir para montar una comedia del tipo "chico tropieza con chica". Sólo hubieran hecho falta unos centímetros más en el impulso y ya puestos, que derramase el vino sobre ella (y después intentase limpiarlo). El resto lo rellenaríamos con algunos enredos interculturales y un final feliz. Hugh Grant haría mi papel y Julia Roberts el de la dama en cuestión. Aproximadamente, como en Notting Hill.
Lo más curioso son los cambios de cierta importancia que dicho final feliz hubiera comportado. Lo primero, liar el petate y trasladarme a Estocolmo, ya que sé de buena tinta que su familia vive allí. También, aprender cuál es el tenedor de la ensalada y cuál la cucharilla del caviar, practicar el correcto giro de muñeca para saludar a las multitudes, vestirme con entorchados de comodoro para el retrato oficial, cosas por el estilo. Efectivamente, como ya estaréis imaginando, casi me choco con la princesa heredera, que estaba de visita por estas latitudes, tan campante. La historia que el mundo y la prensa rosa se han perdido...

Y ya que ha sido mencionada al principio La bruja de abril, aprovecho para hacer un breve comentario de esta novela.
Desirée, la protagonista y narradora, fue abandonada de pequeña debido a una lesión cerebral que ha ido empeorando con el tiempo, de forma que ya sólo puede comunicarse soplando por un tubo conectado a un ordenador. La única persona que se interesa por ella es el doctor Hubertsson, que casualmente había conocido a su madre. Ésta, que nunca quiso saber nada de su hija natural, acogió sin embargo en casa a otras tres niñas, hasta que una enfermedad la postró en una cama de hospital y obligó a que fueran devueltas a sus familias biológicas o reubicadas en otras nuevas.
Con este punto de partida, gracias a la información que le suministra el doctor, Desirée se determina a averiguar cuál de las tres niñas, ahora ya mujeres, está disfrutando de la que hubiera debido ser "su vida". Ayuda a su propósito un don único que posee: la capacidad de liberar su espíritu y abandonar ese cuerpo que no funciona, introduciéndose en otros, viéndolo todo a través de ojos ajenos, omnisciente. Y al fin, sus esfuerzos conseguirán que el destino de todos tenga inexorablemente que cruzarse.
La idea clásica "qué habría ocurrido si..." se plasma aquí en un relato complejo, intenso, absorbente, donde se superponen dos puntos de vista sobre cada personaje: el suyo propio y el de Desirée, que tiene acceso a sus sentimientos y vivencias. Y la moraleja es también clásica: la existencia de las personas tiene muchos recovecos que a lo mejor no se observan desde fuera, y sólo deberíamos envidiar a los demás si estuviéramos realmente metidos en su piel. Obra plenamente recomendable. Hasta otra.
Hasta aquí, ni siquiera alcanza el rango de anécdota. Sin embargo, trasladando algo tan fortuito a un guión cinematográfico, bien podría servir para montar una comedia del tipo "chico tropieza con chica". Sólo hubieran hecho falta unos centímetros más en el impulso y ya puestos, que derramase el vino sobre ella (y después intentase limpiarlo). El resto lo rellenaríamos con algunos enredos interculturales y un final feliz. Hugh Grant haría mi papel y Julia Roberts el de la dama en cuestión. Aproximadamente, como en Notting Hill.
Lo más curioso son los cambios de cierta importancia que dicho final feliz hubiera comportado. Lo primero, liar el petate y trasladarme a Estocolmo, ya que sé de buena tinta que su familia vive allí. También, aprender cuál es el tenedor de la ensalada y cuál la cucharilla del caviar, practicar el correcto giro de muñeca para saludar a las multitudes, vestirme con entorchados de comodoro para el retrato oficial, cosas por el estilo. Efectivamente, como ya estaréis imaginando, casi me choco con la princesa heredera, que estaba de visita por estas latitudes, tan campante. La historia que el mundo y la prensa rosa se han perdido...

Y ya que ha sido mencionada al principio La bruja de abril, aprovecho para hacer un breve comentario de esta novela.
“Bruja de abril, dicen los benandanti. Eres casi como nosotros, pero no uno de nosotros. Yo dejo a mis aves de mal agüero –una gaviota o una urraca, un cuervo o una corneja– abrir las alas y hacerme una irónica reverencia. Lo sé. Soy casi como ellas, pero sé que no soy una de ellas.
Algunas de ellas me envidian. Tengo más facultades y sé moverme por superficies más extensas. Los benandanti siempre tienen un cuerpo que funciona, sus vidas son vidas normales en el mundo de la normalidad, y la mayor parte de ellos sólo abandonan sus cuerpos en ocasiones solemnes, cuatro veces al año. Algunos de ellos ni siquiera saben lo que son. Cuando cambian las estaciones y ellos se levantan por la mañana después de haberse pasado la noche vagando en la Procesión de los Muertos, apenas conservan pálidos recuerdos de rostros cadavéricos y sombras grises. Se convencen a sí mismos de que han soñado.
La bruja de abril es otra cosa. Ella sabe lo que es. Y cuando ha llegado a familiarizarse con sus facultades, sabe ver a través del tiempo que se cierne por el espacio, sabe esconderse en gotas de agua y en insectos tan livianos que llega incluso a tomar posesión de seres humanos. Pero no tiene vida propia. Su cuerpo es siempre tenue, incompleto, inmóvil.”
Desirée, la protagonista y narradora, fue abandonada de pequeña debido a una lesión cerebral que ha ido empeorando con el tiempo, de forma que ya sólo puede comunicarse soplando por un tubo conectado a un ordenador. La única persona que se interesa por ella es el doctor Hubertsson, que casualmente había conocido a su madre. Ésta, que nunca quiso saber nada de su hija natural, acogió sin embargo en casa a otras tres niñas, hasta que una enfermedad la postró en una cama de hospital y obligó a que fueran devueltas a sus familias biológicas o reubicadas en otras nuevas.
Con este punto de partida, gracias a la información que le suministra el doctor, Desirée se determina a averiguar cuál de las tres niñas, ahora ya mujeres, está disfrutando de la que hubiera debido ser "su vida". Ayuda a su propósito un don único que posee: la capacidad de liberar su espíritu y abandonar ese cuerpo que no funciona, introduciéndose en otros, viéndolo todo a través de ojos ajenos, omnisciente. Y al fin, sus esfuerzos conseguirán que el destino de todos tenga inexorablemente que cruzarse.
La idea clásica "qué habría ocurrido si..." se plasma aquí en un relato complejo, intenso, absorbente, donde se superponen dos puntos de vista sobre cada personaje: el suyo propio y el de Desirée, que tiene acceso a sus sentimientos y vivencias. Y la moraleja es también clásica: la existencia de las personas tiene muchos recovecos que a lo mejor no se observan desde fuera, y sólo deberíamos envidiar a los demás si estuviéramos realmente metidos en su piel. Obra plenamente recomendable. Hasta otra.
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