jueves, 7 de octubre de 2010

Más historias de la Cochinchina

Hablábamos hace poco del caodaísmo, si no recuerdo mal. Hoy vamos a comentar algo más conocido: el taoísmo. Este resumen de sus creencias me lo hicieron rodeado por volutas de incienso, mientras visitaba un templo del barrio chino de Saigón. Ya me tenían medio convencido, un poco más y levito. Ooooooooommmmmm...

Lo más importante es el concepto de la reencarnación: hay que pasar por una serie de niveles o vidas intermedias, antes de que el alma purificada encuentre el camino al nirvana.

Así que uno se muere y se convierte en espíritu. Desde luego, es un problema. Entre otras molestias, resulta que no puede doblar las rodillas (por eso las puertas de los templos tienen un escalón que impide atravesarlas y dar sustos a los de dentro), y se siente solo y aburrido.

Entonces decide reencarnarse. Si se lo merece, será en una persona. En caso contrario, suerte que le toque un escarabajo pelotero. ¿Qué necesita para ello? ¿Qué es lo que busca con ansia para sus fines? Chasquea los dedos et voilà, aparece a la velocidad del rayo en el lugar idóneo: ahí lo tiene.

Mejor dicho, ahí los tiene. Lo que viene bien a sus planes es una pareja de amantes. No resulta difícil encontrarla, parece que medio planeta está dándole al tema. Aunque es importante que primero se cerciore de la elección.

Da unas cuantas vueltas alrededor, sin perderse detalle. Ay, cómo añora volver a ser un ente de carne y hueso. Y hace uso de otra de sus características sobrenaturales: la capacidad de leer el pensamiento. A ver, a ver, lo que está pasando ahora mismo por la cabeza de estos dos...

¿Que no os lo creéis? A mí es lo que me han contado, las reclamaciones al maestro armero. El resultado es que, si todo está a su gusto, ¡bang!, en el momento preciso el espíritu se cuela dentro de la madre y nueve meses más tarde (en ausencia de medios contraceptivos) viene júnior al mundo.

En cuanto a los detalles del nacimiento... Si tras su estudio psicológico prefirió los pensamientos del padre, lo hará convertido en niño. Y viceversa, si le parecieron mejor los de la madre, en niña. Ah, un momento, que estos taoístas tienen respuestas para casi todo, los tíos.

¿Que salen mellizos, trillizos, cuatrillizos? Varios fantasmas que rondaban al mismo tiempo y se quedaron convencidos. ¿Y si, independientemente de ser varón o hembra, la criatura es gay? Se debe a que le gustaron tanto los pensamientos de ambos progenitores, que no supo por cuál de ellos decidirse.

En resumen, si alguna vez os dicen: «cariño, tengo una sensación como si nos estuvieran mirando», que sepáis que hay un porqué. Procurad pensar cosas buenas en general, pero especialmente en algunas circunstancias. Yo, por mi parte, voy a seguir haciendo méritos para el nirvana. Me he traído a casa un cargamento de esos palitos de incienso. Ooooooooommmmmm...



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2 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Monsieur, no sé, a mí lo del taoismo y filosofias orientales como que no me va mucho. Ni siquiera hago yoga ni nada de eso, por más que me insistan en que debería. Es que no es lo mío. De todos modos, a lo de reencarnarse me apunto.

Buenas noches

Bisous

Edurne dijo...

Pues yo que soy de lo más aficionada al incienso (ahora mismo, y sin saber que iba a leerte) estoy rodeada de un maravilloso aroma a maderas de sándalo y otras varias, un auténtico "japanese inciense" que compro en una tienda de productos solamente japoneses. Pues eso, que me ha dado por pensar en esto de la reencarnación y el nirvana, y en que vaya usted a saber qué habré sido yo en otra(s) vida(s)! Espero que lo del escarabajo pelotero NOOO! Horroreur, con lo poco que me gustan!

Ommmmmmm!

De sus historias de la Cochinchina, ésta me ha gustado especialmente, que lo sepa!

Un abrazo nirvánico!
;)