martes, 24 de agosto de 2010

Angkor Wat

Has cruzado ya el puente sobre la laguna, protegido por serpientes de siete cabezas. Has franqueado ya la puerta de la muralla externa. El sudor que desciende por la frente te obliga a entrecerrar los ojos, y sin embargo necesitas mantenerlos abiertos, muy abiertos. Pasas el dorso de la mano por la piel humedecida y sigues adelante. Porque está ahí, justo enfrente, aguardándote, llenando a cada paso tu asombrada pupila.

Cada torre se alza como un milagro, algo que las descripciones de enciclopedia que has leído no pueden transmitir. Construido en el siglo XII bajo Suryavarman II, templo, palacio, capital de la desaparecida civilización jemer, imagen de la bandera de Camboya, patrimonio de la Humanidad... Incluso sonríes, rememorando una aventura del Capitán Trueno, que defendía a su joven reina de unos malvados pretendientes al trono.

Al fin penetras en el recinto. Tallados en las galerías del primer piso, miles de relieves relatan batallas descomunales, míticas, más propias de dioses y héroes que de seres humanos. En el Ramayana, Rama con su arco, secundado por Hanuman al frente del ejército de los monos, se opone a las huestes del demonio Ravana, que ha raptado a su esposa, la princesa Sita. Mas allá, en la epopeya del Mahabharata, chocan los dos reinos de los Pandavas y los Kauravas, cuyas tropas avanzan incontenibles desde direcciones opuestas.

Asciendes al segundo nivel. Paseas por los patios, al pie de las elevaciones con forma de loto, una en cada esquina, rindiendo homenaje a su hermana principal en el centro. Parece como si no quedara una piedra sin esculpir. Al principio era la morada de Vishnu, sólo soberanos y altos sacerdotes tenían derecho a estar allí. Más tarde cambió la religión y se cincelaron imágenes de Buda por doquier. Quieres verlas más de cerca, subes nuevamente por los empinados escalones y alcanzas la cima.

El olor a incienso es señal de que el templo aún se encuentra activo. Desde allí, en cualquier dirección, te rodea el mar vegetal que lo ocultó durante centurias. Son incontables los restos, algunos restaurados por los arquólogos, otros preservados en el mismo estado en que se hallaron, con raíces y troncos de árboles que abrazan sus muros. Simbólicamente, sobre las mismas losas que pisas, nace un arbusto en flor.

Y deseas darle gracias a la vida por haber tenido la oportunidad de llegar a este lugar. Y en el momento de abandonarlo vuelves continuamente la cabeza, como si al segundo siguiente el sol fuera a llevárselo en su carrera por alcanzar el límite del horizonte. Es entonces cuando susurras su nombre, suavemente.

Angkor Wat...


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5 comentarios:

Winnie0 dijo...

Parece un lugar de ensueño!!!! besitos nostálgicos

PABLO FRANKO dijo...

Que habrá pensado hace 9 siglos el hombre que estuvo parado en ese mismo lugar en que estabas tu... le habría despertado las mismas sensaciones en el espíritu atemporal? Me dio de pensar colega. Bienvenido. un placer leerte y viajar con tu pluma

Erato dijo...

Uys, qué bella entrada y qué gozada tu vuelta.Besos

Lola Mariné dijo...

¿has estado en Camboya? Que maravilla y que bien lo has contado.
Es uno de mis viajes pendientes.
Saludos.

José Núñez de Cela dijo...

Siempre he deseado ir pero siempre creo que no llegaré. Ahora he estado más cerca... gracias!