martes, 29 de junio de 2010

Elegía estonia

Alrededor de la una de la madrugada, el agua comenzó a entrar a bordo.
No, no puede ser verdad.
Calambres de perplejidad atenazaban aquella mañana la garganta.
Gravedad de plomo en los pies, como si la tierra nos sorbiera hacia sus raíces
igual que el agua los sorbía a ellos, criaturas desnudas, súbitamente,
desde la ensoñación de sus lechos hacia sus senos fríos como el hierro.

El poeta fue leyendo, cortando con la roda de su voz el áspero oleaje, el hiriente viento, la noche sin perdón que surgía de las páginas del libro.

Por unos momentos, el Estonia volvió a la vida. El gran buque navegó una vez más a través del Báltico.

El pasado, el presente, los planes de futuro, los ochocientos cincuenta y dos sueños interrumpidos. Por unos momentos, todo retornó con él desde la negra gelidez abisal.

Tras el último silencio, aquellos locos que habíamos acudido a escucharle nos acercamos con nuestros ejemplares. El poeta fue preguntándonos los nombres, charlando unos minutos con cada uno de nosotros, escribiendo la amable dedicatoria en su interior.

Era Jüri Talvet, era Elegía estonia y otros poemas.
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2 comentarios:

Winnie0 dijo...

Qué memoria más débil tengo....No recordaba lo de este barco. Besos

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Como traductor de ese poema, te agradezco que lo recuerdes ahora con palabras que me parecen de triste nostalgia.
Un saludo.