lunes, 1 de febrero de 2010

Las estrellas, mi destino

En Tigre, tigre, de Alfred Bester (también editada con el título de Las estrellas, mi destino), nos encontramos en el siglo XXV y la historia ha cambiado muchísimo desde que un tal Jaunte descubrió accidentalmente nuestra capacidad para teleportarnos con el poder de la mente. Cierto que existen limitaciones, pues hasta el momento sólo es posible trasladarse a sitios que uno ya conozca y no más lejos de mil quinientos kilómetros. Pero quizá esa condición acabe superándose, para bien de la exploración del universo. Y de las oportunidades mercantiles, por supuesto. Porque el interés de las multinacionales por aumentar su cuota de mercado puede llevar hasta la guerra entre planetas.
Hasta que amaneció la Edad de Jaunte, los tres Planetas Interiores (y la Luna) habían vivido en un delicado balance económico con los siete Satélites Exteriores habitados: Io, Europa, Ganímedes y Calisto, de Júpiter; Rea y Titán, de Saturno, y Lassell de Neptuno. Los Satélites Exteriores Unidos suministraban materias primas a las fábricas de los Planetas Interiores, y un mercado para sus productos manufacturados. En el espacio de una década, este balance fue destruido por el jaunteo.

Dentro de ese contexto, el protagonista, el mecánico de tercera Gully Foyle, no logra aclararse ni siquiera quién es él mismo. Debido a la amnesia, las únicas imágenes del pasado que acuden a su mente corresponden a la nave en que viajaba, que resultó destruida, y a otra nave que, en lugar de rescatarle, le abandonó a su suerte en medio del vacío.

De forma inverosímil, pudo salvarse, aunque fuerzas poderosas le persiguen desde entonces y no entiende la razón. Por ello ha de camuflar su personalidad y, sobre todo, no dejar traslucir emociones que le hagan enrojecer o encolerizarse. Pues cuando la sangre acude a su rostro... algo pasa, vamos.

Fantasía interestelar con elementos detectivescos, un clásico del género apto para el niño y la niña. Esta es la recomendación de hoy.

Hasta la próxima.
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6 comentarios:

Winnie0 dijo...

Yo me quedo con Apolo 13 y Tom Hanks espléndido....Besos

Lola Mariné dijo...

Pues estaria bien eso de poder jauntearse, a veces.
Saludos.

La Dame Masquée dijo...

Yo es que no soy muy de fantasias interestelares, ya lo dara usted por supuesto, claro. Es que no se, no me pega. Para usted ya lo veo mas adecuado, fijese, pero me temo que yo no encajo en la tematica.
De todos modos si cae en mis manos y tal, por echarle un vistazo...

Buenas noches, monsieur

Bisous

Luis dijo...

Desde luego hay ocasiones en la que uno lo que quisiera no es jauntearse, sino desaparecer del todo total y evitar así la presencia de aquellos/as que en un determinado momento tanto nos molestan.

Mai Puvin dijo...

Gracias por la recomendación. La tendré en cuenta, justo hoy necesitaba desaparecer!

Un abrazo.

PABLO FRANKO dijo...

Creo que la esperaré para verla en el cine interpretada por Bruce Willis... Cuando se enoja se pone como el increíble Hulk o me pareció entender así? Un abrazo colega