"Con excepción de algunos casos aberrantes, el hombre no se inclina hacia el bien: ¿qué dios le impulsaría a ello? Debe vencerse, hacerse violencia, para poder ejecutar el menor acto no manchado de mal. Cada vez que lo logra, provoca y humilla a su creador. Y si le acaece el ser bueno no por esfuerzo o cálculo, sino por naturaleza, lo debe a una inadvertencia de lo alto: se sitúa fuera del orden universal, no está previsto en ningún plan divino. No hay modo de ver qué lugar ocupa entre los seres, ni siquiera si es uno de ellos. ¿Será acaso un fantasma?"
El aciago demiurgo, de Emil Cioran: un libro capaz de dejar marca. Un libro que conviene retomar en diferentes etapas de nuestro camino, buscar fragmentos anteriormente subrayados y volver a contemplarlos después de los años, de manera que el bagaje de las pequeñas y grandes cosas vividas nos haya preparado para hacer frente con éxito al pesimismo existencial de su autor.Se estructura esta obra en seis capítulos. El primero, que da nombre al conjunto, es un ensayo acerca del pretendido creador del mundo: en caso de tratarse de un ente divino, no podría ser bondadoso. Más bien hablaríamos de un demiurgo malvado, aciago, cuyas pulsaciones aún subyacen en sus criaturas. Nótese la semejanza de este planteamiento con creencias "heréticas" del pasado, como los cátaros, los bogomilos o, más antiguamente aún, los maniqueos y su dualismo teísta.
A continuación, en Los nuevos dioses, reflexiona Cioran sobre la expansión del cristianismo y el inevitable eclipse de los dioses griegos y romanos.
"Sólo se puede respirar a la sombra de divinidades gastadas. Cuanto más se persuade uno de ello, más se repite uno con terror que si hubiera vivido en el momento en que el cristianismo ascendía, quizá hubiese sufrido uno su fascinación. El comienzo de una religión, como los comienzos de cualquier cosa, son siempre sospechosos. Sólo ellos, empero, poseen alguna realidad, sólo ellos son "verdaderos"; verdaderos y abominables. No se asiste impunemente a la instauración de un dios, sea cual sea y surja donde surja. Este inconveniente no es reciente: Prometeo lo señalaba ya, él, que era víctima de Zeus y de la nueva pandilla del Olimpo".
Paleontología, la tercera parte, es difícil de explicar. Está construida a partir de los huesos, del esqueleto en contraposición a la carne, como metáfora de la desnudez última de cada ser...
"El despertar es independiente de las capacidades intelectuales: se puede tener genio y ser un necio, espiritualmente, se entiende. Por otro lado, nada se avanza con el saber como tal. El “ojo del Conocimiento” puede ser poseído por un letrado, que se encontrará de este modo por encima de cualquier sabio. Discernir que lo que tú eres no eres tú, que lo que tienes no es tuyo, no ser cómplice de nada, ni siquiera de tu propia vida –esto es ver con precisión, esto es descender hasta la raíz nula de todo–. Cuanto más se abre uno a la vacuidad y más se impregna uno de ella, más se sustrae a a fatalidad de ser uno mismo, de ser hombre, de estar vivo".
Más tarde, en Encuentros con el suicidio, se dedica Cioran a monologar sobre esta idea, una constante en su pensamiento filosófico.
"¡Vivir completamente sin meta! He vislumbrado este estado, lo he alcanzado a menudo, sin lograr permanecer en él: soy demasiado débil para tal dicha".
El no liberado es otro apartado complejo. Toca ideas variadas, incluso sin relación aparente, más allá de su génesis en el interior de un espíritu atormentado...
"Cada día nos haría falta honrar a alguien, criatura u objeto, renunciando a él".
Y finalmente, un conjunto de aforismos, Pensamientos estrangulados, ácidos, provocadores, brillantes... y más tristes que un invierno ártico.
"Esos momentos en que se desea estar absolutamente solo porque se está seguro de que, cara a cara con uno mismo, se será capaz de encontrar verdades raras, únicas, inauditas; después la decepción y pronto la amargura, cuando se descubre que de esa soledad finalmente alcanzada nada sale, nada podía salir".
El aciago demiurgo puede provocar (a mí me provocó) lo que podríamos denominar fascinación: la misma que la mirada de una serpiente sobre su presa. Afortunadamente me curé. Porque si contuviera un atisbo de la verdad, si se tratara de algo más que un ejercicio de estilo, si estuviéramos de alguna manera predestinados a cometer nuestros actos, si lo que creemos libre albedrío se encontrara realmente tan limitado, si a pesar de su escasez hiciéramos uso sistemático de él para la destrucción, entonces, ¿cuál sería nuestra verdadera sustancia, nuestro papel en el orden del universo? ¿El de marionetas? ¿Esclavos? ¿Virus? Es una posibilidad tan mareante que, sin dejar de tenerla en cuenta, hemos de rechazar de plano, si queremos conservar la cordura ¿O no?






