domingo, 28 de junio de 2009

Memorias de un amante sarnoso.

Consideremos a un tipo que es feliz en la vida, uno cualquiera de nosotros, con la confianza en sí mismo a la altura de cirros y cúmulos. Y de repente, una fecha infausta, llega alguien y le dice: "Yuhuuuuu...". El jardín del Edén volatilizado en un instante, las pupilas como ruedas de carro, el hipotálamo mandando señales frenéticas de alerta y la carraspera atacando a la garganta, que en vez de soltar un baritonal "qué pasa, tía...", exhala un sonido escasamente articulado, cruce entre pollino y diablo de Tasmania: "Holaaaaa... iiiiihhhh".


Y si finalmente, vencido ese amor propio, llegara el momento de comunicar a sus amiguetes su próximo paso por la vicaría... podría ocurrir esto.

"Unos días más tarde, recibí la invitación a una despedida de soltero que sus numerosos amigos le dedicaban. Para aquellos que no estén familiarizados con esta humillación semipública, el principal motivo de una despedida de soltero –aparte de emborracharse–, es dar a los amigos casados de la víctima la oportunidad no sólo de escapar de sus esposas por una noche, sino de pasar unas horas regocijándose ante las inminentes desdichas del pobre diablo.
(...)
Harpo y yo ideamos una treta brillante. Cada uno de nosotros llevaría una maleta, y al meternos en el ascensor nos despojaríamos de nuestros vestidos. Luego guardaríamos la ropa en la maleta. Cuando el ascensor llegara al piso donde se celebraba la reunión, las puertas se abrirían y nosotros saldríamos como Dios nos trajo al mundo y tocados con nuestros sombreros de paja, portando las maletas. Esto iba a provocar sonoras carcajadas. Además de ser divertido, causaría impresión. Apenas sí podíamos resistir la espera.

Cuando las puertas del ascensor se descorrieron, los dos bromistas hicimos nuestra entrada apoteósica. Pero algo había salido mal. En lugar de las sonoras carcajadas masculinas que habíamos previsto, tres mujeres se desmayaron y el resto empezó a llamar a gritos a la policía. Por lo visto, varias amigas de la novia daban aquella misma noche una cena en el piso superior. En nuestra precipitación, nos habíamos equivocado al oprimir el botón del ascensor.

Presas del pánico, dimos media vuelta, pero se trataba de una puerta automática y ya se había cerrado silenciosamente a nuestra espalda. Allí estábamos, atrapados. Buscamos la escalera, pero no dimos con ella. Aparentemente, algún enemigo nuestro la había hecho desaparecer. Finalmente descubrimos en un rincón una frondosa planta decorativa. Trémulos de confusión, corrimos hacia ella y nos ocultamos detrás".

Es decir, no solamente ese tipo anteriormente feliz habría caído bajo, muy bajo, bajísimo, en las catacumbas, sino que correría el riesgo de que sus colegas le acompañaran en el ridículo. Propongo un minuto de reflexión al respecto, por si acaso llegáramos a experimentar algo parecido.

El señor Julius, conocido fuera de su casa como Groucho Marx, escribió en 1972 su autobiografía, Groucho y yo. Después de haber leído anteriormente sus Memorias de un amante sarnoso, ¿cómo no iba a adquirir este libro, con manos temblorosas, cuando me topé con él? Las andanzas de nuestro personaje no empezaron en la gran pantalla y ni mucho menos acabaron allí. Nacido en el seno de una amplia familia sin demasiados recursos, comenzó joven en el mundillo de la farándula, después de fracasar como chico de repartos. En su incipiente carrera, fue acumulando experiencia en teatros locales, con espectáculos de variedades a los que pronto se unieron sus hermanos Harpo, Chico, Zeppo y Gummo, hasta que conseguió debutar y triunfar en Broadway, gracias a la financiación de un fabricante de galletas saladas, que quería ver a su amante en escena. También acumuló experiencia en la vida "civil", como cuando el marido de la chica tan potable a quien había acompañado a su barrio nada más conocerla, a su casa, a su sofá... empezó a aporrear la puerta. "¿De verdad dije que no estaba casada? Oh, era una broma. Métete en el armario, deprisa". El dinero fluyó, abundante; después se volatilizó, en el año 29. El cine sonoro se impuso al mudo y muchas, muchas más cosas: Sopa de ganso, Un día en el circo, Una noche en la ópera...

Bueno, ¿a qué esperáis? Id a comprarlo.

sábado, 20 de junio de 2009

Las locuras de nuestros abuelitos.

Como cualquier persona medianamente sensata, estoy de la Guerra Civil hasta el mismísimo colodrillo. O, más bien, del uso retorcido que a menudo se le quiere dar. Lo que sí me gusta, como aficionado a la Historia con mayúscula, es la investigación científica de los hechos, indagar en las causas y las consecuencias. Es decir, creo en el axioma de que los pueblos que no conocen su pasado están condenados a repetirlo. Por ello procuro leer libros sobre el tema, a veces acerca de aspectos poco publicitados, pero que no por ello dejaron de ocurrir. Os comento un par de ellos, mientras escuchamos a Carlos Núñez y sus amigos tocando Viva la Quinta Brigada.


En Las brigadas internacionales de Franco, encontramos un volumen original. Escrito por el inglés Christopher Othen, trata de aquellos extranjeros que aparecieron voluntarios por aquí… en el lado actualmente "inadecuado". Igual que a sus contrapartes se les ha llegado a mitificar, a estos otros se les olvidó muy pronto. Tenemos, como muestra, a la brigada irlandesa del general O'Duffy. Nada más llegar a Cáceres desde Galway, se dice que descubrieron que en España había vino, y claro... Al ser transferidos al frente de Madrid, se liaron a tiros contra una unidad española de su mismo bando. Poco después, en la batalla del Jarama, tuvieron dos bajas, en una acción que el periódico Irish Independent describió como heroica; como consecuencia, sus compañeros se medio amotinaron, negándose a volver a combatir al día siguiente, por considerarlo poco útil y peligroso. La verdad es que se trata de una lógica antibélica aplastante. De ahí, pasaron directos a la retaguardia.

También se relatan las andanzas y motivaciones de varios aventureros británicos, de fascistas rumanos, belgas o franceses, de exiliados rusos del antiguo ejército zarista, trescientos argentinos, siete mexicanos, cinco chilenos y un peruano. Ah, también un actor finlandés. Como indicaba al principio, un libro curioso, ameno y documentado.

La segunda recomendación es Héroes de los dos bandos, de Fernando Berlín. Con un estilo muy periodístico, se dedica a recopilar casos en los que algunos "hombres buenos" se colocaron por encima de las circunstancias, incluso con riesgo de sus propias vidas. Por ejemplo, un miliciano comunista que protegió a unas monjas de los maltratos de sus compañeros, y fue a su vez salvado in extremis de la pena de muerte por la superiora, años después. También, un alcalde del Frente Popular, auxiliado peligrosamente por el secretario del ayuntamiento, derechista, mientras allanaban su casa de noche. O Hilario Marrero, jugador del Real Madrid, que gracias a su fama consiguió detener a unos matones que se llevaban a Paco Trigo, el portero del Rácing de Santander, para darle "el paseo". Y así, ejemplo tras ejemplo de lucidez.

En fin, que haya paz.

martes, 16 de junio de 2009

Canciones de Beuern.

Que es lo que significa, en román paladino, Carmina Burana. El tema de hoy ha sido expresamente solicitado por una simpática seguidora de nuestro programa.

Beuern es una abadía alemana, donde en el siglo XIX se encontraron unos manuscritos conteniendo los cantos de unos monjes medievales, denominados goliardos. Estos traviesillos hombres santos recorrían Europa en plan mendicante, a la que salta, y su filosofía de la existencia se resume así: Istud vinum, bonum vinum, vinum generosum, reddit vinum curialem, probum animosum.


Para que luego se diga que el clero es aburrido, je, je. De hecho, los Carmina Burana se dividen en varios grupos, según los aspectos de la vida que tratan: los Carmina gulatorum et potatorum (se entiende el latín, ¿no?), los amatoria, los moralia et divina, etc. La investigación musicológica consiguió reconstruir las melodías anotadas, si bien, al no existir indicaciones de ritmo o instrumentación, como es lógico dada la época en que se crearon, cada grupo que las toca hoy en día lo hace de acuerdo con sus propias propuestas.

Hasta aquí, la brevísima historia de los originales. Pero no son éstos los más difundidos. En los años treinta del pasado siglo, el compositor Carl Orff se topó con las letras de las canciones, y pensó que sería una buena idea crear algo moderno al respecto, algo que denominaría "cantata escénica". Para ello, seleccionó algo más de una veintena de textos y los dotó de nueva música. El comienzo se dedica a glosar las vicisitudes de la fortuna y el azar (Fortuna imperatrix mundi). Es el fragmento más inmediatamente reconocible. A continuación, Primo vere elogia la alegría que se siente al despertar la primavera, cuando la sangre anteriormente adormecida empieza a bullir. Luego viene In taberna: sin más comentarios. Cour d'amours dulcifica ligeramente el desmadre, lo hace más delicado, tierno, romántico, del tipo oh, gentil doncella de mis entretelas, permitid que este indigno admirador bese el camino que pisáis, vuestros delicados pies, muá, muá, vuestros finos tobillos, muá, muá, las rodillas, mmmmmm... Y todo termina de nuevo con el tema de la fortuna, que como la rueda de la vida, se repite de forma circular.

Entre la creación musical contemporánea, sin duda ocupan los Carmina Burana un puesto destacadísimo, al menos por su popularidad. Como muestra, se utilizaron en la banda sonora de la película Excalibur, cuando Perceval le lleva el Grial al rey Arturo, y éste decide cabalgar por última vez, junto a los caballeros que aún le son fieles, frente al ejército de Mordred y la hechicera Morgana. Tararíiiiiiiii...




Y nada más, queridos oyentes. Si no hubiera amatoria a la vista, por lo menos que no falten los gulatorum. Hasta la próxima.

sábado, 13 de junio de 2009

Recuperar la democracia.

Bien, ya ha pasado el día de votación al Parlamento Europeo.


En la película Azul aparece un hermoso Canto a la Unificación de Europa: es la música que propongo para hoy. Se trata de una partitura del polaco Zbigniew Preisner y la letra es una adaptación del famoso texto bíblico sobre el amor ("Aunque hable las lenguas de los hombres y los ángeles, si no tengo amor..." etc., etc.).

Y para leer, relacionado con el tema político, se me ocurre un controvertido ensayo. De Ignacio Gómez de Liaño, Recuperar la democracia.

"Cuando en el debate político se utilizan los bellos sentimientos, por ejemplo, la solidaridad con los indigentes, el altruismo, el diálogo, etc., debemos examinar si la conducta de quien los utiliza y sus seguidores guarda coherencia con lo que dicen. Pues carece de valor predicar el diálogo si lo que busca el predicador es dialogar con cuantos puedan ayudarle a tapar la boca de sus enemigos. Si alguien predica ideas altruistas, pero no se sacrifica por ellas, es, simplemente, un farsante. ¿Qué valor tiene lamentarse de las miserias que atribulan al mundo si ese sentimiento no va acompañado del esfuerzo que se requiere para remediarlas? Sin ese requisito no debemos fiarnos de la exhibición de sentimientos de humanidad, justicia o altruismo, puesto que esa exhibición es sólo una herramienta de propaganda.

En la política, como en la vida, lo que importa es el discurso de los hechos. Las palabras han de confrontarse con los hechos si se quiere descubrir lo que verdaderamente significan".

En realidad, tengo que decir que no lo recomiendo con gran simpatía, ya que el autor a menudo bordea ciertas posturas extremas, como medio para combatir a los extremos contrarios. Y es una pena, porque comienza como una exposición razonablemente lúcida, que cualquiera podría suscribir, sobre filosofía política y hechos de la actualidad que afectan negativamente al ideal demócrata. Sin embargo, según avanzo en la lectura, me voy encontrando más lejano de sus palabras, hasta acabar sacudiendo la cabeza de lado a lado.

Quizá sea precisamente eso lo que desea promover el señor Gómez: la polémica, una salida de la atonía de sus lectores, tanto para aprobar como para desaprobar sus ideas, ya que afirma que la educación, la cultura, la comunicación, la justicia y las finanzas están tan supeditadas al poder político, que la sociedad sufre amenaza de asfixia. El problema de su planteamiento, tal como yo lo veo, es que oponer un fuego para apagar otro causa mayores perjuicios que beneficios. En todo caso, por no alargar la digresión, a lo largo de sus capítulos el libro va diseccionando las características del poder en España, sus causas históricas, las legiones de corifeos que medran a su amparo ("artistas" subvencionados, "intelectuales" paniaguados, lobbies económicos favorecidos) y el porqué de la resistencia social a los cambios, las quejas con la boca chica, a pesar de que la clase que detenta la responsabilidad de la res publica haya caído en un descrédito tan generalizado.

Pues, al menos en este último sentido, no va muy desencaminado, no, por desgracia. Desde el momento en que todos somos miembros de la polis, más nos vale poner un ojo en su gestión, no insensibilizarnos ni balar como borregos agradecidos, actuar con pensamiento independiente, con espíritu crítico y continuamente reflexivo hacia el partido al que a cada uno le apetezca o no votar en cada momento, hacia los movimientos sociales a los que se quiera o no pertenecer, hacia las causas que se quiera o no defender, o incluso cultivar ese espíritu si lo que uno quiere es quedarse tranquilamente en casita y que no le den demasiado la tabarra. Y bueno, pues nada más. Fin.

miércoles, 10 de junio de 2009

Soneto II.




Días de luna, cuando las palabras
vagan en busca de ti, sin dueño,
cuando me llevan más allá del sueño
los campos de estrellas que tú labras.

Días de océanos encerrados
en este canto que sin fe pergeño,
días y días, y muere mi empeño,
los labios mudos a ti entregados.

No sé cómo no amarte, no ser
yo la hierba, el pájaro, el viento,
no despertar, no existir, no ver,

solamente sentir que nada siento.
Días eternos aún por recorrer,
noches... que respiro de tu aliento.

domingo, 7 de junio de 2009

De qué callada manera...

El tiempo deja de tener sentido cuando, de improviso, te oigo reír. Los minutos se hacen horas, las horas días, los días quedan suspendidos en el aire, y puedo revivir ese momento porque aún está ocurriendo. No se agazapa, surge la risa de tu corazón como nace la espuma de la mar; quisiera fundirme con el sonido de tu gozo, quisiera recorrer contigo los mundos del cristal más puro mientras reflejan el eco de tu risa. Cuando ríes, me haces sentir tantas cosas que no sé expresar con palabras, que quizá no tengo derecho a sentir...



miércoles, 3 de junio de 2009

Objetivo: matrimonio.

Fui a pasar el día de Navidad con los papis. Antes del almuerzo, mami y yo aprovechamos para dar un paseo por el parque. Se veía a lo lejos la sierra, toda nevada, el cielo azul velazqueño, hierba y árboles por doquier, ciervos pastando... y un conejo que pasó corriendo, mientras exclamaba "llego tarde, llego tarde". ¿No? De acuerdo, ciervos no había, eran una alucinación causada por tanto aire puro.

Pues íbamos tan alegres, cuando nos encontramos con una familia, padre, madre, hijo e hija, deseosos de saludar a mi progenitora.

–Hola, cuánto tiempo sin verte, ¿cómo estás?, bla, bla, bla...
–Huy, estupendamente, mira, éste de aquí es mi hijo, el mayor...
–¿No me digas? Me alegro mucho de conocerte. Te voy a presentar yo a mi hija. Venga, daos un besito.


La cortesía ante todo, que no se diga: me quité los guantes y tendí la mano. Momento de confusión inevitable, dado que la joven ya había iniciado el movimiento de muá, muá, latino. En fin, esperando que el asunto no fuera para largo, apreté el botón mental en espera...

–Bla, bla, bla, chau, chau, chau..., y tu hijo, ¿ya se ha casado?

¿Mmmmm? ¿Por qué pregunta eso? ¿Y por qué me mira así? Como si estuviese sopesando la calidad del solomillo, antes de encargar cuarto y mitad.

–¡Qué va! ¿Y tu hija?
–Tampoco. Es que la niña trabaja mucho, es tan lista, bla, bla, bla, las matemáticas, bla, bla, bla, las evaluaciones, bla, bla, bla, las tutorías...
–Claro, claro.
–Pues nada, tenemos que encontrarnos en otra ocasión.
–Sí, ya lo creo. Adiós.


Bueno, de vuelta a casa con paso tranquilo, que tampoco se trata de llevar la antorcha olímpica, digo yo.

–¿Sabes, hijo, que esta señora, fíjate qué casualidad, más de una vez me ha preguntado por ti, a ver si podía presentarte a su hija? Quería que quedáramos un día a tomar algo, para que os conocierais. ¿A ti qué te parece? Pero no corras tanto, ve un poco más despaciooooo...


Para solucionar este tipo de asuntos de casamentería, la gente utiliza variadas técnicas. Entre ellas, la científica, como cita Empar Moliner en uno de los cuarenta relatos breves que componen su libro Busco señor para amistad y lo que surja. También para ella llega la Navidad y no tiene un novio fijo a quien poderle regalar camisas, que es lo que le gustaría en la vida. De manera que acude a una agencia matrimonial, donde le harán una batería de preguntas bastante exhaustiva, con respuestas graduadas del uno al cinco, para asegurarse de encontrar a un príncipe azul compatible. Cuyo teléfono sólo podrá obtener previo paso por caja, evidentemente.

"¿Qué es lo que no te gusta de tu carácter?", me pregunta. "Me gusta todo", le digo. Y es la verdad. Cuando me pregunta por mis objetivos en la vida, me doy cuenta de que no tengo. "¿Qué importancia le das al sexo, dentro de la relación estable?", quiere saber también. "¿Si digo cinco quedaré muy mal?", tanteo. Y al final le doy un 4, pero porque este año me he vuelto romántica. "Ahora, Empar, ya hablaremos del chico... ¿De qué edad te gustaría?" Le digo que mayor. También me pregunta por la estatura y el nivel cultural y en los dos casos digo "alto". Si está divorciado, viudo o si tiene hijos me da igual. Y también me da igual, le explico, el físico: "Porque valoras más a la persona", adivina ella. Pero enseguida añade: "¿Y de carácter?" Pues tampoco sé qué decir. "¿Qué te dicen tus otros clientes?", quiero saber. "Hombre... Si valoras un chico más divertido, más detallista... Lo que te piden es que sea fiel, que esté centrado, que tenga personalidad..." Eso. Eso es lo que yo quiero.

Se trata de una compilación escrita en un estilo vivaz, a modo de columnas periodísticas, lo que delata la ocupación de la autora. Los temas son muy variados, extraidos de la vida cotidiana en Barcelona, y en todos se destila una visión irónica que, si no pasará a la gran historia de la literatura, ni seguramente es su objetivo, sí nos proporcionará un rato de sano y sencillo entretenimiento.

Por su parte, Mijaíl Zóschenko se aproximó a la realidad con el mismo espíritu burlón, si bien sus circunstancias fueron muy diferentes. Autor que vivió en la Rusia stalinista, fue acusado de antipatriota y expulsado de la unión de escritores. En el libro Matrimonio por interés y otros relatos (1923-1955), se recogen muestras de su sentido del humor en tiempos tan oscuros, pensadas a menudo para ser leidas en voz alta entre sus amigos, quienes, según los testimonios, expresaban jocosamente su aprobación.

Sólo una cosa tengo clara y son las novias que sirven al Estado. Allí no hay engaño: sueldo, clase, categoría... Pero también con ellas te puedes equivocar. Por ejemplo, a mí me gustó una. Nos echamos el ojo. Nos conocimos. Que si esto que si lo otro, ¿dónde está empleada?, le pregunto, ¿cuánto cobra? ¿Qué nivel es el suyo, qué sueldo?
–Estoy empleada en un almacén –me contesta–. Y mi nivel es tal y cual.
–Vaya –le digo–. Merci y perfecto. Usted –le digo– me gusta. Y su nivel me resulta simpático, tampoco el sueldo está mal. Presentémonos.

Como vemos, el cuestionario previo para evitar sorpresas no es algo que se haya inventado hoy. Que el amor es ciego y hay que ayudarle un poco para que no te toquen vagos y pretendientes de medio pelo, caramba.