El próximo tren llega en seis minutos. Pues bueno, llevo puesto el chaquetón de cuero con grandes bolsillos, y en el derecho descansa un libro, así que se trata de tiempo aprovechable. Descansa en precario, todo hay que decirlo, porque el agujero del forro parece proclamar su derecho a la existencia, creciendo día tras día. El caso es que me siento y lo abro por la página veintiséis. En ese momento, aparece en el andén una de esas señoritas que cualquiera catalogaría como modelo: guapa, alta, delgada, con trapitos favorecedores... Rubia natural, según se deduce de la concordancia de color entre cabellera y cejas. Se acomoda al lado y de su bolso sale a la luz otro volumen, de tapa dura y con sellos de biblioteca en los cantos. Ambos nos enfrascamos en nuestros respectivos asuntos. Al cabo, levanto la mirada brevemente hacia el túnel y, al bajarla de nuevo, distingo de soslayo el título que está leyendo, impreso en la cabecera de la página. Al menos, unas palabras sueltas: principio, fundamentación, metafísica y Heidegger. La pera limonera... En realidad, me asombro de mi asombro. ¿Y por qué no va a poder tratarse de una rubia inteligente? Ya está demostrando que lo es más que yo, desde luego, que cuando me salió Rousseau en el examen de Selectividad, me hinqué de hinojos (al menos, en pensamiento), para dar gracias de que no hubiera sido Kant. Vaya partidazo: si no fuera contrario a los principios del estoicismo, y a que seríamos una pareja demasiado desigual, le pedía matrimonio ahora mismo.La Filosofía es uno de esos campos que mucha gente considera con una actitud ambivalente, entre el respeto receloso y la displicencia. Los guardianes de sus arcanos hablan en un lenguaje rarísimo, escriben de cosas rarísimas y se sitúan en el furgón de cola de las profesiones más prestigiosas: médico, arquitecto, ingeniero, futbolista... Para solucionar en parte ese alejamiento social, Thomas Cathcart y Daniel Klein han escrito Platón y un ornitorrinco entran en un bar..., que lleva por subtítulo La Filosofía explicada con humor.
Una rubia está sentada junto a un abogado en un avión. El abogado insiste en que jueguen a algo que va a determinar quién tiene más conocimientos generales. Finalmente, propone darle una ventaja de uno sobre diez. Cada vez que ella no sepa la respuesta a una de sus preguntas, deberá pagarle cinco dólares a él. Cada vez que él no sepa la respuesta a una de las preguntas de ella, le pagará cincuenta dólares.La idea de partida es muy buena, y tambien el resultado, siempre que no nos tomemos lo del humor como algo absoluto. Quiero decir, que los chistes no son de los que uno estalla en carcajadas incontenibles, más bien se trata de chanzas para marcar una sonrisa, al tiempo que ilustran cada postulado. Otro ejemplo, acerca del triunfo del empirismo en la epistemología occidental:
Ella accede y él le pregunta:
–¿Cuál es la distancia que separa a la Tierra de la estrella más próxima?
Ella no dice ni pío, se limita a pasarle un billete de cinco dólares.
Entonces, ella le pregunta:
–¿Qué es lo que sube una colina con tres piernas y baja con cuatro?
Él medita la respuesta durante un largo rato pero, finalmente, se ve obligado a admitir que no tiene ni idea. Le pasa cincuenta dólares.
La rubia mete el dinero en su cartera sin hacer ningún comentario.
Y el abogado insiste:
–Un momento, ¿cuál es la respuesta a tu pregunta?
Y, sin ni una palabra, ella le tiende un billete de cinco dólares.
Tres mujeres están en los vestuarios de una pista de squash, cambiándose para jugar, cuando entra un hombre que sólo lleva una bolsa en la cabeza.Vale, vale, tampoco éste es para partirse, pero puesto en su contexto... Quien sea capaz de hacerlo mejor para explicar la metafísica, lógica, epistemología, ética, filosofía de la religión, existencialismo, filosofía del lenguaje, filosofía social y política, relatividad y metafilosofía, que son los capítulos en los que se divide el libro, que tire la primera piedra, como se suele decir...
–Mi marido no es –dice la primera mujer después de mirarle el pito.
–No, no es tu marido –afirma la segunda.
–Ni siquiera es miembro de este club –asegura la tercera.
Jesús andaba de paseo por la calle, cuando se encontró con una multitud que le arrojaba piedras a una adúltera. Jesús dijo:Y si alguien se atreviera, entonces sería la piedra filosofal, ¿no? Hasta la próxima, disfrutando del tema homónimo de Van Morrison:
–El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
De pronto, pasó un pedrusco por encima de las cabezas de los que estaban allí congregados. Jesús se dio la vuelta y dijo:
–¿Mamá?



