martes, 1 de diciembre de 2009

Por ella

Aguzadas lanzas y broncíneos escudos se alineaban hollando las arenas, hasta donde las mil ciento ochenta y seis naves habían sido varadas. Los caudillos aqueos, procedentes de Beocia, la Fócide, el Ática, Arcadia, Lacedemonia, al frente de sus huestes, contemplaban cómo el sol se reflejaba en las titánicas murallas.

Cada hombre era consciente de su propia respiración, de cada gota de sudor que corría por su piel. A lo lejos, sobre la torre principal, podían distinguir a una figura que describía a sus acompañantes quiénes eran, cuáles sus méritos y hazañas. Aunque ninguna comparable a lo que estaba sucediendo desde hacía ya nueve años, frente a la inexpugnable ciudad.

Ella. Sólo podía ser ella, la hija de Zeus, la deseada por los mortales. Ella, por quien habían atravesado las profundas aguas, por quien lo habían dejado todo atrás. Ella, la princesa cuyo nombre significa hermosa como el sol.

Ninguno se movía, ninguno era capaz de pronunciar una palabra o de apartar los ojos. Cuando su brazo parecía apuntarles directamente, los héroes se humedecían los labios, presas de un ligero temblor, como si el dios de dioses les hubiera enviado uno de sus rayos.

Su presencia tras los muros les galvanizaba, les empujaba a intentarlo una y otra vez, sin pensar en volver a su tierra, sin temer por su suerte, tan frágil ahora que el Pélida Aquiles les había abandonado, henchido de ira por las afrentas de Agamenón. Sólo Calcas, el augur, murmuraba para sí algo ininteligible.

Las puertas de Troya se abrieron. En la llanura se desplegaron los penachos de los hijos de Ilión. Por el honor, por la gloria... Por ella...



Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus Share on Tumblr
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

6 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Por ella no, monsieur, por él: por el Helesponto.
Pero quedaba mas bonito lo otro, si.

Buenas noches, monsieur

Bisous

Kutxi dijo...

Cada una de tus entradas me sorprende. Hay en este espacio una enorme originalidad y un magnífico fuego.

Un aplauso para esta entrada en particular y para el blog en general.

Saludos y un abrazo grande,

Kutxi.

Menda. dijo...

Uffffffffff, este me lo imprimo......

Anabel Botella dijo...

Por Helena, que valió toda una guerra que duró 20 años. Por quienes defendieron que una mujer no es una mercancía.

Un besito ;)

Fermat dijo...

Dan ganas, Mannelig, de leer la Ilíada entera reescrita por ti. Se adivinan noches enteras en vela sin despegarse del libro, no como el original, que me perdone Homero, que precisa de un acto de fe para leerlo hasta el final.

Lola Mariné dijo...

¡Que tiemble Homero,que ha llegado Mannelig!