sábado, 3 de octubre de 2009

El fuego

¿Por qué una niña africana no habría de correr y saltar junto al camino que lleva a su poblado, pese a las advertencias de los mayores sobre el peligro? ¿No haría lo mismo cualquier niño del mundo?

Cuando crezca, ¿tendrá acaso algo de raro que se fije en ese chico que pasa regularmente cerca de su cabaña, a la luz de la luna? ¿Sería su mezcla de temor y esperanza hacia él diferente si viviera en un barrio elegante?

Y cuando, recién nacida su tercera hija, empiece a notar cosas raras en el comportamiento de su marido, como si hubiera perdido el interés en ella, ¿no se angustiará de que quizá haya encontrado a otra más atractiva, alguien con un hermoso cabello trenzado, alguien... con piernas?
–¿Qué haces? –dijo María, que estaba en el camino, justo a su lado.
–Nada –dijo Sofía–. Juego.
Saltó con el pie izquierdo.
Luego bajó el pie derecho para dar un paso hasta el camino otra vez.
Entonces el suelo explotó en pedazos.

La trilogía del fuego (El secreto del fuego, Jugar con fuego y La ira del fuego), de Henning Mankell, es mucho menos conocida que su serie sobre el inspector Wallander.

El mismo autor aclara que está basada en una persona real, que Sofía, la protagonista, es de carne y hueso, y que un día, cuando era pequeña, pisó una mina.

Tuvo suerte, sin duda, porque la hermana que jugaba junto a ella no sobrevivió. A cambio, dejó en ofrenda parte de su cuerpo. Y tuvo que aprender que el miedo es un compañero inseparable del ser humano.

Al igual que lo es el espíritu de desafío, y en las escaramuzas diarias entre ambos lo que está en juego es tan sencillo, y tan complicado a la vez, como una búsqueda: la búsqueda de la felicidad.
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7 comentarios:

secretpath dijo...

Cuando compruebo lo duro que es vivir para tanta gente...me avergüenza sentir las piedras de mi sendero en los pies.

Me gusta este lugar...me buscaré una silla permanente

La Dame Masquée dijo...

Que horror, monsieur, en unos lugares hay que tener cuidado de que no los maten los coches y en otros las minas que la barbarie del hombre ha sepultado en el camino aguardando al mas inocente.

Feliz domingo, monsieur

Bisous

Lola Mariné dijo...

Tod@s estamos hech@s de la misma materia, tenemos los mismos sentimientos y los mismos derechos, la injusta diferencia es el lugar en el que hemos nacido.

Carla dijo...

Que tristeza.
una muy buena recomendación del libro

untitle dijo...

"una palabra mal colocada estropea el mas bello pensamiento"
Voltaire.


Una causalidad inesperada pero muy agradecida.

Buen comienzo de semena



...

yoyoyo dijo...

Buena trilogía y... uff lo de las minas! mira que llegamos a ser crueles los humanos.

Luís dijo...

Denuncia de una injusticia que nos hace diferentes una vez más. Las diferencias no siempre las marca el hombre (aunque esto es lo más duro de digerir) a veces es un tsunami, un ejército paramilitar, un volcán o un dictador sin escrúpulos.
Dura realidad la que denuncias que una vez más nos debería llevar a la reflexión y a la toma de postura. Tal vez a la acción?
Un saludo amigo.
PD: Una lumbalgia potente me ha tenido tendido en la cama y alejado del teclado, pero como ves ya estoy de nuevo aquí.