miércoles, 14 de octubre de 2009

En tierras bajas

Herta Müller, Premio Nobel. Ah, pues he leído un par de cosas suyas. Por ejemplo, En tierras bajas.
Miré mis manos. Yacían como cercenadas en el alféizar de la ventana, frente a mí, totalmente inmóviles. Las uñas estaban otra vez sucias. Olí una de mis manos y no pude determinar qué olor era. La mugre no tenía olor, y mi piel tampoco.

Moví los dedos como si estuvieran muy fríos. Quisieron caerse al suelo, pero yo permanecí sentada en la silla, recta como un huso.

El lazo rojo estaba junto a la pata de la mesa. Lo recogí y lo puse en el alféizar. Volví a cogerlo en mi mano y apreté el puño. Cuando abrí la mano, tenía la piel muy arrugada y sudada, y el lazo estaba húmedo y ovillado. Me limpié las uñas con una horquilla de alambre y vi lo chatas y anchas que eran.

Papá estaba enfrascado en su periódico. Detrás de la pared, la radio del abuelo hablaba sobre Adenauer. Mamá estaba sentada detrás de un paño blanco. La aguja subía y bajaba entre su frente y sus rodillas. Papá y mamá hablaban, una vez más, muy poco, y la mayor parte de ese poco versaba sobre la vaca y el dinero. Durante el día trabajaban y no se veían, por la noche dormían espalda contra espalda y tampoco se veían.

¿Una sola palabra para clasificarlo? Hum, una no es suficiente, elijamos tres: raro, raro, raro.

Se trata de una quincena de relatos en los que en vano buscamos una línea, un inicio de la trama, un desarrollo, un desenlace. No, son como un inmenso lienzo con multitud de escenas, que la autora va describiendo centímetro a centímetro.

Los personajes, muchas veces sin nombre propio (mamá, papá, el abuelo...), son descendientes de colonos medievales suabos que se establecieron en la actual Rumanía, en poblaciones endogámicas, sin capacidad para sustraerse a la grisura existencial.

Ahora bien, en ausencia de un argumento concreto, de un "contar algo", lo que no se le puede reprochar a nuestra autora es falta de recursos lingüísticos, ya que despliega una apabullante capacidad para llenar páginas y más páginas hasta que considera que el cuadro está completo.

De hecho, consigue que esas mil escenas no se repitan por mucho que todas hablen de lo mismo, que todas compartan el contenido de angustia e inevitabilidad del destino. Y, con la fuerza moral que le da el galardón, si habiendo alcanzado la mitad del libro empieza a notarse cierto deseo de terminar... habrá que achacarlo a la poca paciencia del lector.

A ver quién gana el año que viene.
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4 comentarios:

Anabel Botella dijo...

No he leído nada de esta autora, pero en el círculo de lectores supongo que saldrá muy pronto. El pequeño fracmento es de una belleza delicada.
Saludos desde La ventana de los sueños.

Luis dijo...

Es una verdadera locura esto que está sucediendo en el mundo de "los más premiados" Ya no sabe uno a qué atenerse.

Ivan Ignacio dijo...

Me encanto, muy interesante este post.
Lo leí todo de corrido, quería saber mas.

Lola Mariné dijo...

No había oido hablar nunca de esta escritora, como much@s de nosotr@s, supongo (salvo tu, que eres un erudito), pero imagino que ahora tendremos la oportunidad de encontrar sus obras por todas partes.