martes, 4 de agosto de 2009

Aviadores

Cuando se sobrevuela Londres se gana una perspectiva que corrobora con creces la obtenida al caminar por sus calles y avenidas: es una ciudad grandísima, inmensa. Se extiende hasta donde la vista alcanza, durante un largo rato antes de que el avión ascienda y se aleje definitivamente. Más o menos, esa debía de ser la misma impresión que se llevara un piloto alemán hace unos setenta años. Y no precisamente de Lufthansa.

Aviadores, de Ian Kershaw, relata la odisea de un puñado de norteamericanos que, contraviniendo las leyes de su país, se alistaron en la RAF en 1940. Caballeros del aire, como indica el subtítulo de la obra. Cada uno tenía un pasado diferente, pero algo fundamental en común: la intuición de lo mucho que se jugaba el mundo en ese envite. Por eso consiguieron alcanzar Canadá y de ahí dieron el salto al viejo continente, donde se les asignó a una escuadrilla de los míticos Spitfires.
Pasaban cinco minutos de las dos y media de la tarde. En el búnker de Uxbridge, Winston Churchill se dio cuenta de que Park estaba inmóvil, más tenso que de costumbre. El motivo quedó claro cuando el primer ministro miró a la pared cubierta de bombillas. Todas estaban rojas, lo cual indicaba que en aquellos momentos la totalidad del Mando de Cazas estaba combatiendo.
–¿Qué reservas nos quedan? –preguntó Churchill.
Park se dio la vuelta.
–Ninguna.

La obra, con muy buen pulso narrativo, utiliza fuentes originales como los recuerdos y testimonios de quienes les conocieron, pues de todos ellos apenas uno alcanzó indemne el final de la guerra. En tono de admiración, sin por ello perder el rigor histórico, quedan recogidas las biografías de cada piloto y las acciones en las que se vieron envueltos, trazando en conjunto un vívido fresco de ese momento en el que, con las famosas palabras de Churchill, «Nunca en la historia de los conflictos humanos, tantos debieron tanto a tan pocos».
Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus Share on Tumblr
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

2 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Hombre, lo de volar no esta mal, pero en un bombardero... que se yo, me parece que no es lo mio.
Y menos en uno de esos cacharros con las escarapelas cambiadas que usted describe. En su tiempo debian de ser lo maximo, pero no creo que ahora esten como para darse una vueltecita.

Y si, paseando por Westminster o Piccadilly los malos tiempos quedan en el cine.
Me apetece una de esas ales en un bar del Soho.

Bisous

Fermat dijo...

Leyendo el post me he acordado de la peli de Pearl Harbor, en la que el personaje interpretado por Ben Affleck (piloto de la Air Force yanqui) se pasa una temporadilla pilotando Spitfires para la RAF, y en el entretanto le birlan a la novia. Como para fiarse...

(Ups, era yo, se me han cruzado los muñones al dar intro)