jueves, 23 de julio de 2009

Atlas descrito por el cielo

Si nos referimos a comunidades de vecinos heterodoxas, una para echar a comer aparte sería la de Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrovic. Reunida en asamblea, decide acometer una obra en el edificio para extrañeza de los transeúntes:
–¡Ea, ustedes! –nos gritó poniéndose de puntillas–. Vecinos, feliz trabajo, ¿adónde van con el techo?
–¡Que la felicidad te acompañe a ti, estamos cambiando su color! –Bógomil señaló justo hacia la cumbre hecha de la bóveda celeste–. Este año nuestro techo va a ser, digámoslo: ¡azul!
El cartero Spíridon se golpeó la frente sin piedad, reprochándose probablemente el no haber comprendido el propósito de tan evidentes obras, así que después de una breve observación se bajó al nivel de los espectadores perplejos.
–¡Gente!, la cosa está clara, ¡ellos están cambiando el techo! –instruyó orgullosamente a quienes ignoraban lo que él supo estando de puntillas–. Antes era rojo, ahora es azul. En lugar de las tejas pusieron el cielo. Ya no hay nada más que ver, pueden irse tranquilamente a sus casas.

Pues sí, son convecinos fuera de lo común quienes viven en este edificio. Herrero, que invita a los demás a visitar sus sueños, especialmente a la hermosa Sasha, por quien suspira. Andrei, agazapado permanentemente tras el sofá de la sala comunal, esperando a que Eta regrese y puedan continuar su juego del escondite. La Silenciosa Tatiana, cuyos cantos congregan sobre ella a ochenta y ocho constelaciones de estrellas, en lugar de las cincuenta y tres que corresponderían según la Unión Astronómica Internacional. Bógomil, a quien su tía Despina visita de tanto en tanto, saliendo del Espejo Septentrional. Esther, con un lunar de granada en el interior del muslo derecho hasta que el malvado actor Augusto se lo roba. Drágor, que recolecta como pasatiempo la Levedad y la Gravedad Elementales. El cartero Spíridon y su ex-colega Aaron Hartman, despedido de Correos por abrir cartas de contenido triste y sustituirlas por otras alegres...

Y como hilo conductor de cada capítulo, la descripción de cuadros, grabados, mapas, incunables y demás obras de arte que reposan en prestigiosas instituciones alrededor del mundo, como la Galería Tretiakov de Moscú, el Museo del Prado de Madrid, el Centro NASA para la Investigación del Espacio de Milwaukee, el Legado Federal de Sueños de París o el Archivo de la Secreta Asociación del Panal Dispersado por Todo el Mundo de la Biblioteca de Babilonia.

Sin más palabras, me despido por hoy. Estoy enrolado en el barco de papel gigante que va a zarpar por el aire, hacia la constelación de Puppis.
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4 comentarios:

Menda dijo...

Debe ser un rollo vivir en comunidad, verdad? Ahí, todos opinando, como si de una democracia se tratase............desde luego, mano dura, mano dura!!!

José Ángel M.G. dijo...

Saludos y mis respetos Mannelig, como siempre... Los tienes.

Buena publicación, te escribo en breve. Hasta pronto.
__________________________

Lola Mariné dijo...

Pues a mi me estan amenazando con nombrarme presidenta. El sueño de mi vida: ser presidenta de una comunidad de vecinos...
Que tengas buena travesía con tu barquito de papel. Me ha recordado una canción de Serrat, a ver si nos la pones un dia.

Fermat dijo...

Aunque leo asiduamente este blog para desconectar, el caso es que no lo consigo, y el físico agazapado que hay en mí salta como un resorte: ¿no son de hecho 88 constelaciones, a saber, 32 boreales, 44 australes y 12 zodiacales? Bueno, o 13 zodiacales si aceptamos a Ofiuco, el encantador de serpientes, con lo cual mandamos al paro a todos los que viven de los horóscopos...