viernes, 10 de julio de 2009

El último encuentro

Capacidad para no olvidar, para vivir con imágenes de hace tiempo muy frescas en la memoria: en ello se basa la existencia del general. Durante cuarenta y un años y cuarenta y tres días, las jornadas pasan en su castillo al pie de los Cárpatos sin más contacto que el de los sirvientes y su ya nonagenaria niñera, hasta que una mañana recibe una carta. En ella se anuncia la próxima llegada de Konrád, un camarada de su juventud. El general da las instrucciones precisas para que se le reciba con la mayor distinción posible. Siempre ha estado esperando ese momento, esa entrevista cara a cara con la verdad, que para ambos podría suponer El último encuentro.
Una vez pasado el sentimiento de sorpresa, se sentía cansado. Uno se pasa toda la vida preparándose para algo. Primero se enfada. A continuación quiere venganza. Después espera. Él llevaba mucho tiempo esperando. Ya no se acordaba ni siquiera del momento en que el enfado y el deseo de venganza habían dado paso a la espera. El tiempo lo conserva todo, pero todo se vuelve descolorido, como en las fotografías antiguas, fijadas en placas metálicas. La luz y el paso del tiempo desgastan los detalles precisos que caracterizan los rostros fotografiados. Hay que mirar la imagen desde distintos ángulos y buscar la luz apropiada para reconocer el rostro de la persona cuyos rasgos han quedado fijados en el espejo ciego de la placa. De la misma manera se desvanecen en el tiempo todos los recuerdos humanos.

El renacimiento artístico de Sándor Márai tuvo que producirse tras su muerte, después de que le fueran negadas tantas cosas, incluyendo la residencia en su añorada Hungría. Y aunque él ya no pudiera disfrutarlo, su legado quedó como uno de los más extraordinarios del siglo XX.

Este libro es una de sus joyas. Dos hombres, dos inseparables oficiales del imperio, de un mundo que daba sus últimos estertores cuando parecía más brillante que nunca... y una mujer, Krisztina.

Desde el momento en que el general y su exiliado amigo comienzan a rememorar el pasado, la niñez, la adolescencia, el tiempo de los grandes descubrimientos, la incorporación a las responsabilidades adultas, desde el momento en que comienzan a rememorar todo lo que desembocó en aquello, surge una magia que nos circunda y nos penetra, y cuyo resultado es una única reflexión: ¿pero cómo se puede escribir tan bien?
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1 comentario:

Luís dijo...

Hoy, cuando he abierto este espacio tuyo, no me apeteció dejar a Eric Satie (Gymnopedies y Gnossiennes) y he comenzado la lectura con ese dulce ronroneo en los oídos.
Por tanto para mí no llegó la hora de decir adiós y así me fui adentrando siempre con el ventilador apuntando a la nuca (aquí en Madrid hace un calor de muerte) por entre las letras de tu texto.
Y así llegamos a "El último encuentro". Me recomendaron la lectura de este pequeño volumen de Sandor Marai hace algún tiempo. Yo no había ni siquiera oído hablar de este escritor. Adquirí el libro y pasé una de las mejor tardes de lectura que recuerdo escondido entre las sombras de mi parque preferido "El Retiro".
Allí, en aquellas horas de sosegada lectura quedé cosido a la manera narrativa de este autor.
Supe de su atormentada existencia en el exilio en Alemania y Francia y su huida a Estados Unidos. Al final no fue capaz de soportar más tormento y se suicidó.
Tanto me cautivo este hombre que poco a poco me fui haciendo con un buen número de sus libros y así he ido conociendo al que para mí es uno de los escritores más grandes que nos dejó el siglo pasado.
Con mucho "El último encuentro" es desde mi punto de vista el mejor de sus libros, pero no puedo dejar de recomendarte la lectura de "La mujer justa" y "Divorcio en Buda"
Un placer pasar por tu blog amigo.
PAZ