miércoles, 22 de abril de 2009

Libro de las invasiones de Irlanda

Cuando llega la efeméride, todos los informativos sacan reportajes sobre cómo disfruta la gente en San Patricio, al calor de una Guinness en el pub. Es una costumbre curiosa, porque en la lluviosa Erín tiene un predicamento justificable, pero aquí... Pues creo tener la respuesta a ese mutuo cosquilleo ibérico-irlandés: en realidad, los irlandeses son... gallegos.
Entonces llegaron a España y mostraron el cuerpo de Ith a sus hermanos, y ellos se mostraron angustiados y apenados por su muerte de esa forma. Entonces los hijos de Mil y la generalidad de los gaedhel pensaron que lo indicado y lo justo era que fueran contra los Tuatha Dé Danánn para vengar a su hermano. Al final decidieron eso mismo. Llamaron a sus guerreros y a sus hombres de valor de cada lugar donde se encontraran, a través de regiones y distritos, hasta que se juntaron en un solo lugar en Brigantia, numerosos y completamente reunidos. Entonces, los hijos de Mil, con sus hermanos y familiares y sus gentes en general, colocaron sus barcos en el mar para ir a Irlanda a vengar el mal recibimiento de los Tuatha Dé Danánn. Tres veces veinte y cinco eran los barcos de la expedición; cuarenta caudillos el número de sus jefes, con Donn hijo de Mil a la cabeza.

Sí, sí. Según cuenta el Libro de las invasiones de Irlanda (en gaélico, Lebor Gabála Érenn), redactado por sabios monjes del siglo XI, había en tiempos remotos había un rey en Galicia llamado Breogán. Y allá por Betanzos construyó una torre muy alta desde la que pudo otear una línea verde en el horizonte: las costas de Irlanda.

Ith, un hijo de Breogán, navegó hasta la tierra desconocida para echar un vistazo, pero los Tuatha Dé Danánn, aborígenes comandados por los reyes Mac Cuill, Mac Cécht y Mac Gréine, resultaron ser un tanto brutos y se lo cargaron. De manera que Mil, el hermano de Ith, con un cabreo de tres pares de narices, reunió a toda la prole y a sus sobrinos, los metió en barcos, y montaron una invasión en toda regla.

Al principio fue fácil, apenas calentamiento para estirar los músculos: unas batallitas contra unos demonios con forma de gigantes. Entonces los tres reyes les pidieron que se retiraran a una distancia de nueve olas de la costa, para tener tiempo de movilizar a sus guerreros y que fuera una lucha justa.

Pero los hechiceros de los Tuatha Dé Danánn aprovecharon arteramente para convocar a los vientos y tempestades e impedir así el nuevo desembarco. La flotilla las pasó canutas, aunque ni por esas pudieron con ellos. Para los asuntos mágicos los gallegos llevaban a un druida en la reserva, de nombre Amorgen, que pronunció su contraconjuro (las crónicas no especifican si con queimada), y al final consiguieron poner pie en tierra. A mandobles, en buena lid, vencieron a los reyes y conquistaron la isla, que después se repartieron entre doce jefes.

Y a otra cosa.
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3 comentarios:

yoyoyo dijo...

estos gallegos tienen un carácter...

TitoCarlos dijo...

Bonita historia, pero creo que en España en asunto de fiestas nos apuntamos a un bombardeo.
Ahora, que somos multiculturales y multiraciales, es el momento de absorber esa parte de cultura y añadirla a la nuestra. Ya sabes, alimentación, bebercio y fiestas; todas las fiestas.

Un abrazo,

O Meigallo Azul dijo...

Yo comparto esa teoría eh, creo que los irlandeses somos gallegos y viceversa.

Un Saludo.