viernes, 3 de abril de 2009

Relato soñado

La de cosas raras que pueden ocurrir en un baile de máscaras. Por ejemplo, Arthur Schnitzler sitúa los carnavales como fondo panorámico de su novela Relato soñado.

Fridolin y Albertine, feliz pareja vienesa, han estado en un baile de disfraces, y entre ostras, champán y desconocidos acercándoseles por separado tras el anonimato del antifaz, la vuelta a casa acaba en pasión arrebatadora.

Llegado el momento de las confidencias, les da por contarse algunas fantasías que han tenido con terceros, como ese apuesto joven o la bañista con quienes se cruzaron brevemente durante unas vacaciones en una playa danesa. Tonterías, simples escarceos oníricos que deberían ser motivo para la sonrisa cómplice, pero que se convierten en una punzante sombra sobre su estabilidad marital.

A partir de entonces, con las fronteras entre la ensoñación y la vigilia completamente desdibujadas, Fridolin se arriesgará de forma impensada en encuentros con diversas mujeres, que nunca pasan del estado de las palabras, las dudas y los deseos soterrados. Hasta que un antiguo compañero de facultad le proporciona la contraseña para entrar en determinada casa donde le han contratado para tocar el piano con una venda sobre los ojos.

Allí se celebra una fiesta especial para unos cuantos elegidos, ocultos bajo las máscaras. En caso de ser descubierta su impostura, tendría serias consecuencias, pero se siente incapaz de escapar cuando aún está a tiempo, porque... allí la conoce a ella..., a ella...

Bien, al principio puede parecer poco consistente que los sueños confesados por cada protagonista desencadenen esa extraña fiebre en Fridolin, pero acabamos creyéndolo y siguiendo sus andanzas con verdadera atención, hasta un final que, evidentemente, no se trata de desvelar aquí.

Estupendo libro.



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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuidado con los bailes de máscaras y demás......recuerdo una escena escabrosa de la película Eyes Wide Shut.........Jamás la olvidaré.......

Lola Mariné dijo...

La verdad es que las máscaras dan mucho juego...

Anónimo dijo...

Juegas con las letras y las músicas de tal modo que no das respiro.

Fantástico texto en el que quedan claro muchos de los caracteres de cualquiera de nosotros.
Un acierto.

PAZ