viernes, 3 de abril de 2009

Relato soñado

La de cosas raras que pueden ocurrir en un baile de máscaras. Por ejemplo, Arthur Schnitzler sitúa los carnavales como fondo panorámico de su novela Relato soñado.
–No me preguntes nada –dijo entonces la que se había quedado a Fridolin–, ni te asombres de nada. He tratado de engañarlos, pero te lo advierto ya: a la larga no dará resultado. Huye antes de que sea demasiado tarde. Y en cualquier momento puede ser ya demasiado tarde. Y ten cuidado de que no te sigan los pasos. Nadie debe saber quién eres. De otro modo, tu tranquilidad, la paz de tu existencia, habrán terminado para siempre. ¡Vete!
–Volveré a verte?
–Imposible.
–Entonces me quedo.
Un temblor recorrió el cuerpo desnudo de ella, transmitiéndosele a él y ofuscándole casi los sentidos.
–No puede estar en juego más que mi vida –dijo–, y para mí tú la vales en este momento.
Le cogió las manos, tratando de atraerla hacia sí. Ella susurró otra vez, como desesperada:
–¡Vete!
Él se rió, oyéndose como se oye en los sueños.
–Ahora comprendo dónde estoy. ¿No estáis ahí, todas vosotras, para que se vuelva uno loco al veros? Sólo quieres divertirte especialmente conmigo, para volverme completamente loco.
–Va a ser demasiado tarde, ¡vete!
Él no quiso escucharla.


Fridolin y Albertine, feliz pareja vienesa, han estado en un baile de disfraces, y entre ostras, champán y desconocidos acercándoseles por separado tras el anonimato del antifaz, la vuelta a casa acaba en pasión arrebatadora.

Llegado el momento de las confidencias, les da por contarse algunas fantasías que han tenido con terceros, como ese apuesto joven o la bañista con quienes se cruzaron brevemente durante unas vacaciones en una playa danesa. Tonterías, simples escarceos oníricos que deberían ser motivo para la sonrisa cómplice, pero que se convierten en una punzante sombra sobre su estabilidad marital.

A partir de entonces, con las fronteras entre la ensoñación y la vigilia completamente desdibujadas, Fridolin se arriesgará de forma impensada en encuentros con diversas mujeres, que nunca pasan del estado de las palabras, las dudas y los deseos soterrados. Hasta que un antiguo compañero de facultad le proporciona la contraseña para entrar en determinada casa donde le han contratado para tocar el piano con una venda sobre los ojos.

Allí se celebra una fiesta especial para unos cuantos elegidos, ocultos bajo las máscaras. En caso de ser descubierta su impostura, tendría serias consecuencias, pero se siente incapaz de escapar cuando aún está a tiempo, porque... allí la conoce a ella..., a ella...

Bien, al principio puede parecer poco consistente que los sueños confesados por cada protagonista desencadenen esa extraña fiebre en Fridolin, pero acabamos creyéndolo y siguiendo sus andanzas con verdadera atención, hasta un final que, evidentemente, no se trata de desvelar aquí.

Estupendo libro.


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3 comentarios:

Menda dijo...

Cuidado con los bailes de máscaras y demás......recuerdo una escena escabrosa de la película Eyes Wide Shut.........Jamás la olvidaré.......

Lola Mariné dijo...

La verdad es que las máscaras dan mucho juego...

Luís dijo...

Juegas con las letras y las músicas de tal modo que no das respiro.

Fantástico texto en el que quedan claro muchos de los caracteres de cualquiera de nosotros.
Un acierto.

PAZ