domingo, 1 de marzo de 2009

El ejército iluminado

Hoy, un título especialmente recomendable: El ejército iluminado, del escritor mexicano David Toscana.
Señor Clarence DeMar, escribe Matus incapaz de comenzar con la palabra querido o estimado, espero que pueda leer español ya que yo no escribo su idioma. Le envío estas líneas para aclarar un error. El día 13 de julio del presente año no participaron en el maratón olímpico 58 corredores, como informaron los organizadores y repitieron los medios de comunicación; fueron 59, pues el balazo de salida en París también sirvió para que el suscrito echara a volar sus piernas en la ciudad de Monterrey y recorriera la misma distancia que ustedes. La foto que le anexo se tomó ese mismo día, y como podrá observar, el cronómetro se detuvo en 2:47:50, o sea, veinticuatro segundos antes de su llegada. A diferencia de otros deportes llenos de trampas, golpes bajos y zancadillas, a diferencia de los que permiten el error o la mala voluntad de los jueces, el nuestro es puro y caballeresco. El hecho de que mi gobierno no tuviera interés en pagar mi boleto a París no hace que yo desmerezca el reconocimiento que me corresponde, pues yo lo vencí a usted en velocidad, aunque usted me haya derrotado en dólares. Por lo mismo le solicito que me haga llegar la medalla de bronce a la dirección que abajo le señalo. Sin otro motivo que alargue estas líneas, me despido de usted y quedo en espera de sus noticias. Atentamente, Ignacio Matus, corredor de fondo, medallista olímpico, Degollado 467 sur, Monterrey, Nuevo León, México.

El profesor Matus inflama con sus lecciones de Historia las ansias de reunificación con Texas, territorio del México irredento. Ese exceso de celo, que le costará el puesto en la escuela ante las quejas de algunos padres indignos de pertenecer a la patria, viene motivado por su experiencia personal con los vecinos del norte.

Cuarenta y cuatro años antes, durante los Juegos de 1924, Matus se había propuesto emular a los atletas que disputaban en Europa la maratón, y ante las burlas de sus conciudadanos al cruzarse con él en calzones cortos, recorrió la misma distancia, a la misma hora, en Monterrey. De acuerdo con el tiempo obtenido le correspondía la medalla de bronce, que reclamó al tercer clasificado oficial. Este, un yanqui, nunca respondió sus cartas.

Por lo tanto, tras reclutar a cinco entusiastas para el ejército iluminado, el gordo Comodoro, Azucena, el Milagro, Cerillo y Ubaldo, parten hacia el río Bravo con la sagrada misión de cruzarlo y llegar a El Álamo, que habrán de reconquistar a sangre y fuego, con la bandera del águila devorando a la serpiente arropándolos en su gesta.

Como decía, un libro que recomiendo con alborozo. Original como pocos, con un estilo vivaz, articulado en forma de flashback, de manera que las hazañas que creen vivir los entrañables protagonistas se entrecruzan en diferentes momentos del tiempo. Toscana nos mete muy dentro de sus personajes, haciéndonos ver las cosas como ellos mismos las ven, en un ejercicio quijotesco que provocará sonrisas de complicidad hasta el inevitable final "realista". El hidalgo cabalga de nuevo...
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