lunes, 2 de febrero de 2009

Memorias de un amante sarnoso

Ah, recuerdo el momento decisivo, ese cuando hizo su aparición por primera vez la gran pregunta existencial: ¿qué tipo de criatura extraña es la mujer?

Veamos la respuesta desde el ángulo de la dialéctica marxista:
A pesar de su barba, el primitivo hombre de las cavernas tenía la mentalidad de un niño y fue gracias al instinto, y no a la razón, como logró diferenciar a un sexo del otro. Era capaz de distinguir a un hombre de una mujer, pero no sabía por qué. Dicha ignorancia fue un motivo de vergüenza para el homo cavus, hasta que un bruto algo más avanzado –Emig Bik– hizo un descubrimiento. Cierto día que estaba de pie a la entrada de su caverna viendo pasar a la gente, la ciencia iluminó su mente. Las personas que llevaban faldas eran mujeres; los que llevaban pantalones hombres, excepto en Escocia.

Groucho Marx dixit, en sus Memorias de un amante sarnoso. Perspicaz analista de la mente humana, don Groucho nos ofrece un estudio en cinco partes.

Comienza con las diferencias generales entre hombres y mujeres (L'amour, la gran diversión), y cómo han afectado a la evolución del mundo (La historia antinatural del amor).

Después rememora algunas experiencias propias (Notas sociales de un desterrado de la sociedad), y las compara con las de unos amigos (Cosas que les sucedieron a otros ocho tipejos).

Todo lo cual desemboca en un corolario (La filosofía marxista según Groucho).

Y que nadie crea que se trata de un libro ligero. El autor asegura que su ensayo está escrito con todo rigor, y tanto pone la mano en el fuego que, «si alguien llega a probar que estas páginas contienen una sola inexactitud, donaré gustoso cinco mil dólares a la fundación de la señora de Groucho Marx para el cuidado y el perfeccionamiento del señor Groucho Marx».

Toda una garantía.

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