sábado, 10 de enero de 2009

El tiempo de los emperadores extraños

Hacía años que no vivía algo así: blanco, blanco, blanco en Madrid, y no paró ayer de nevar en todo el día. Normal que me viniera a la cabeza este título.
Estuvo perorando así un rato, mientras el Grenadier, perplejo, iba respondiendo con un "ja" monocorde a cada una de sus barbaridades. Fue mano de santo. Cuando se le acabó el diccionario, acercó su cara a la del alemán justo hasta el límite donde se podía considerar ofensivo.
–¿Teto teto? –le preguntó cachazudo.
El alemán interpretó que ésa era la expresión española para corroborar algo.
–Ja, ja, mein Obergefreiter. Teto teto.
–Vale, pues por detrás te la meto.

En El tiempo de los emperadores extraños, de Ignacio del Valle, la nieve cae de verdad. Y la cosa alcanza los cuarenta bajo cero.

Es enero de 1943, en el frente de Leningrado, y un oficial español es hallado sin vida bajo circunstancias que apuntan a un asesinato. Así que se encarga a un soldado raso, asistido por un sargento de mala uva, que busque al culpable. Sus antecedentes: haber solucionado tiempo atrás el robo de un cuadro del Prado

Pero todo ha cambiado desde entonces; tras ser enviado a prisión por un crimen, a cambio de la amnistía ha sido obligado a servir en la División española de voluntarios. Y según van aumentando las víctimas, empieza a darse cuenta de que el enemigo puede surgir de la nada, en cualquier momento... y quizá vista el mismo uniforme.

Novela negra, con detectives y suspense, en un entorno inusual. El autor consigue trasladarnos muy bien el sufrimiento de la guerra, tanto físico como psíquico, agudizado por el espantoso frío bajo el que han de sobrevivir los personajes. El final resulta inesperado, y el conjunto más que convincente.

Bueno, a ver si nos da un rato el sol.
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