miércoles, 14 de enero de 2009

Ho, ho, ho...

Una vez me enrolé en la tripulación del bergantín Zephyr, surto en la rada de Cherburgo. El capitán, que supervisaba el baldeado de cubierta desde el puente de popa, me vio llegar por la escollera arrastrando el petate. Con su ojo parcheado evaluó mi potencial para izar a pulso la mayor y, a pesar de que lo vio muy negro, cuando pasé a la altura del costado de estribor empezó a cantar: «Quince hombres sobre el cofre del muerto, ho, ho, ho, y la botella de ron...».

Mis piernas se detuvieron. Era la contraseña, había llegado a mi destino. La llama de lo salvaje ardía en mis venas: océanos desconocidos, el crujido de los estayes mientras la roda del navío cortaba las olas, la Jolly Roger... Imágenes que presagiaban grandes aventuras. El capitán, notando la marea de sensaciones que me recorría, me aseguró que tendría un coy caliente a bordo, ración de grog tres veces al día, turno de lavado de platos apenas una vez a la semana y patente de corso cuando arribáramos a las islas del Canal que, como todos desde Tortuga a Maracaibo saben, están libres de impuestos. Así que puse mi marca en el registro y, al silbato del contramaestre, ¡a bordo!

Mis compañeros de tripulación se dividían entre bucaneros holandeses y corsarias alemanas. Bueno, también había una pareja de piratillas franceses, pero no se dejaron ver demasiado en las jornadas de navegación. Se metían a menudo en su minúsculo camarote del sollado y se dedicarían a estudiar latitudes, o a contar piezas de a ocho, o algo así. Singladura tras singladura, una vez abandonado el puerto, recorrimos el Mar del Norte: Sark, Jersey, Saint-Servant, Saint-Malo, con el espíritu de Surcouf observándonos desde las almenas, Guernsey, Alderney...

Efectivamente, mi habilidad con las velas resultó limitada: todas desplegadas eran un hermoso espectáculo marinero, pero izar y arriar los foques y el trinquete... ¡Por vida de, cómo pesaban! Al final, los descendientes del almirante Tromp dijeron: «Anda, niño, quítate y deja a los hombres grandes» (con tanta mantequilla en el desayuno, claro, así tenían esos brazos), mientras a mí me encomendaron ocuparme de un par de cabos, una vez aclarado que los nudos para sujetar el aparejo no se hacen como el lazo de los zapatos. Qué quisquillosos.

Ah, los amaneceres anclados en calas turquesas, el sol salutífero acariciándonos en el combés, las refrescantes zambullidas bajo la quilla, la campana que desde la camareta avisaba del rancho, la navegación en mar abierto, tensas las jarcias, delfines deslizándose junto a las amuras... También, el pedazo de galerna atlántica que nos pilló atravesados y que me hizo jurar a los cuatro vientos que no me iba a volver a montar en otro cascarón con menos tonelaje que el Queen Mary en la vida. Ay, qué mal lo pasé.

Cuando vi que las alemanas aparecían en cubierta con impermeables de los pies a la coleta, en vez de traje de baño, ya tenía que haberme imaginado que la cosa iba a ser fina, que esta gente es muy previsora. Y cuando nos pusimos los salvavidas, nos agrupamos en la toldilla y nos atamos, también debía haber sospechado. Un oleaje de la leche, yo con la cabeza alta junto al timón, cabello al viento, sintiendo el salitre penetrar por todos mis poros y de repente, glup, ¿eso que hace boing, boing, boing es mi estómago? Si parece que está bailando una animada giga con el píloro de tamboril...

Menos mal que la color de mi faz alertó a uno de los lobos marinos cercanos, y me espetó, educada pero firmemente, que me cambiara de borda. Vaya caprichitos –pensé yo–, a ver si es que hay que equilibrar la estiba. Hasta que a los pocos minutos aprendí lo agradecido que es, para el resto de la marinería, que uno se ponga del lado adecuado del viento cuando la bilis, el desayuno y hasta la merienda del dia anterior se ven libres de su prisión corporal.

En fin, habiendo comprobado que era un marinero de agua dulce, me volví a mi botella de ron, ho, ho, ho...



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2 comentarios:

Arwen Anne dijo...

Hola, este blog es genial, me pasaré más a menudo vale? y genial entrada muy bien trabajada, te felicito

besos

yoyoyo dijo...

es que escribes muy bien y con gran sentido del humor chaval. Un beso navegante