miércoles, 30 de diciembre de 2009

2010 (Si...)

Con Rudyard Kipling, me gustaría desear un buen año a quienes estéis leyendo estas líneas. A todos, por anticipado, feliz 2010.
Si...
Si puedes mantenerte firme, cuando todos a tu alrededor
se derrumban y te echan a ti la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan,
y al tiempo, no echar esas dudas en saco roto;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o que te engañen y no devolver a cambio engaños,
o que te odien y no dar cabida al odio,
y aun así, ni parecer demasiado bueno, ni hablar con excesiva sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen,
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu meta;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a ambos impostores por igual;
si puedes escuchar, soportándolo, que personas sin escrúpulos
tergiversen la verdad que has dicho, para atraer a los necios,
o puedes ver destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas inservibles...

Si puedes poner todas tus ganancias en un montón
y arriesgarlas a una sola tirada,
y perder, y volver a comenzar desde el principio
sin una palabra de queja sobre tu pérdida;
si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
y a resistir cuanto ya no te queda nada más,
excepto la voluntad que les dice: "¡Resistid!"…

Si puedes hablar con las multitudes y conservar tu virtud,
o caminar entre reyes, manteniendo los pies en el suelo;
si ni los enemigos ni tampoco los buenos amigos pueden herirte,
si todo el mundo cuenta contigo, pero nadie demasiado;
si puedes ocupar cada minuto inexorable,
haciendo que los sesenta segundos valgan la pena,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

Rudyard Kipling

(Traducción propia de la versión original inglesa).


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domingo, 27 de diciembre de 2009

Mektub

Mektub.

Estaba escrito, como dicen los hijos del desierto.

Construimos nuestras propias cárceles, nuestras fortalezas, levantadas piedra a piedra a lo largo de los años. Desde fuera se ven poderosas.

Y en su interior... Bueno, ¿a quién le importa lo que ocurre en el interior?

Mektub.



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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Bella figlia dell’amore...

Voy caminando por la calle, bajo un airecillo serrano que presagia todos los males de garganta habidos y por haber. De improviso, una señorita de agradables rasgos surge a mano izquierda, y con una cadencia de paso que denota más prisa que la mía, se sitúa unos metros por delante. Me han explicado los entendidos en ciclismo que en un pelotón es bueno que otro corredor vaya cortando el viento, para evitar su impacto directo en carnes propias. De manera que me aplico el cuento y me pongo a chupar rueda.

Agradables rasgos y aparato locomotor de larga zancada, decía. Añadidos a una ondulante cabellera digna de un anuncio de champú, silueta de perfectas proporciones euclidianas, gusto y elegancia en el vestir... Lo que viene a ser un buen porte general. Algunos conciudadanos que se cruzan en nuestro camino giran la cabeza para sacar sus propias conclusiones científicas.

Si hubiera sido el verdiano duque de Mantua, le habría dedicado eso de Bella figlia dell’amore, schiavo son de’ vezzi tuoi. Como no lo soy, pienso en dedicarle una entrada del blog, cuyo contenido me pongo a cavilar. Una oda quedaría apropiada: Oh tú, delicada ninfa, náyade de belleza inaudita, nereida que ante simples mortales te presentas... Algo por el estilo. ¿Qué rima con inaudita? ¿Afrodita?




Ah, ya estoy nuevamente a su vera, tenemos el semáforo cerrado y hay que esperar. Hum, qué sonido tan peculiar está haciendo con la epiglotis, parece tal que, tal que... No, qué va, imposible, debo de tener los oídos atrofiados. Aunque... ¿por qué inclina ahora la cabeza hacia el suelo? ¿Se le habrá caído algo?

Tras la sonora preparación, cierto material orgánico desechable, que algunos llaman gargajo y otros esputo, sale expulsado de su linda garganta, atreviéndose a rozar sus exquisitamente perfilados labios, para acabar descansando sobre la vía pública, en flagrante atentado contra toda ordenanza municipal. Pero entonces... ¿no se trata de un ser etéreo, feérico, divino? ¡Oooooh!

Traumatizado testigo de una acción carente de la más mínima gracia, poco higiénica y absolutamente nada cívica, siento descender el nivel de mi termómetro platónico. No es que llegue hasta la suela del zapato, pero queda bastante bajo. Moraleja: debe de ser por tanto cierto eso de que no hay que juzgar las cosas por su envoltorio. Ni a las personas. Qué pena...
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viernes, 18 de diciembre de 2009

El muro

Imaginad que estáis invitados a la casa de campo de unos amigos. Vuestros anfitriones tienen que acercarse una tarde al pueblo y vosotros os quedáis disfrutando de la cabaña. Es un poco raro que a la mañana siguiente aún no hayan regresado, de manera que salís al camino por si acaso hubieran sufrido algún percance. Y de repente, ¡paf!, choque en toda la frente.

La vía está expedita, ¿con qué habéis topado? Alargáis la mano y la posáis sobre una superficie invisible, una fuerza que os impide seguir adelante. Al tacto, vais siguiendo el contorno de la barrera hasta llegar a las proximidades de un caserío, desde donde distinguís a sus habitantes. Están paralizados, convertidos en piedra. Algo ha acabado con todo vestigio de vida al otro lado.

Así comienza El Muro, de Marlen Haushofer. A lo largo de sus páginas, la protagonista, cuyo nombre nunca sabemos, habrá de aprender a sobrevivir en el valle donde es la única representante de la especie humana. O quizá no...

Ordeñar, sembrar las patatas, segar la hierba para el invierno, aprovisionarse de leña, cazar a los animales cuya muerte no ponga en riesgo el equilibrio ecológico... Todo es nuevo para una persona de ciudad, con cuarenta años cumplidos y dos hijas ya adolescentes.

Y, sobre todo, algo de lo que nunca había sido consciente hasta entonces: una gran insatisfacción vital.

¿Mi opinión?

Una verdadera obra maestra.



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viernes, 11 de diciembre de 2009

Pizzería Kamikaze

Es posible que el otro lado no sea la alegría de la huerta. Al menos, para los espíritus que hayan acelerado por su propia mano el momento de cruzar el umbral. Por ejemplo, en el relato más largo incluido en Pizzería Kamikaze, del escritor israelí Etgar Keret, al protagonista su nueva barriada de ultratumba le recuerda a una calle de Tel Aviv. Lo cual resulta muy poco estimulante.

Enseguida encuentra empleo como pizzero, un apartamento de alquiler y amiguetes de bares, para tener algo en que entretenerse en sus horas libres. Sin embargo, las cosas no acaban de salirle bien: sigue sin ligar demasiado, por no decir muy poco, igual que antes del suicidio.

Y eso que tampoco es exigente con el aspecto físico: todos en el inframundo tienen el mismo cuerpo del que habían disfrutado hasta entonces, pero añadiendo los efectos del método elegido para cambiar de plano existencial. Los más demandados son los "impecables", gracias a las pastillas o al veneno.

Así que, cuando tiene noticia de que su ex-novia también anda por allí, nuestro personaje emprende un viaje por este Hades tan diferente al que esperaba, decidido a recuperar a su verdadero amor. ¿Lo conseguirá? ¿Estará ella interesada en retomar la historia? ¿Qué aventuras "vivirá" entre tanto, con qué otros curiosos vecinos del lugar se habrá de tropezar?



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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Yo estuve allí

Nynäshamn, territorio histórico de Södermanland, reino de Suecia. El sol casi se ha puesto. Ellos son cuatro veces más numerosos que nosotros y no conocen el miedo. Traen en su estandarte, en campo de oro, un grifo rampante de sable armado de gules. Estamos rodeados. Sin embargo, contra toda lógica, contra toda esperanza, aún resistimos.


Terrible y desigual batalla es la que se libra en esta Kräftskiva, "fiesta del cangrejo". Celebración típica que consiste en... comer cangrejos. De río, concretamente. Allí me encuentro, llevado por mi destino, en una mesa ocupada por una veintena larga de suecos de ambos sexos y apenas media docena de compatriotas. Las bandejas de crustáceos van circulando, a la par que disminuye el contenido de las botellas de aquavit. Ninguno de los dos bandos quiere ser el primero en doblar la rodilla y pedir clemencia. Los caparazones ya vacíos tiñen poco a poco de rojo el campo del honor.

Se dan ánimos entre sí para aumentar aún más su fuerza. Uno detrás de otro, los normandos se levantan, proponen un brindis y su hueste aplaude y grita estentóreamente ¡Hurra, hurra, hurra! tres veces, a la manera escandinava. A continuación inician un feroz y multitudinario canto coral como respuesta. Junto a cada vaso, en hojas impresas, figuran las letras de las canciones, que surgen de entre sus filas como nubes de saetas.

Por fin, entre mordisco y chupito, su alférez proclama desafiante: ¡Que canten los españoles, que canten, que salgan a la palestra si se atreven! ¡El vencedor quedará dueño del día! Idea que es ovacionada por los demás. Mis compañeros cruzan miradas, confusos, agotados, la sombra de la derrota planea con sus fatales alas sobre nosotros. Framåt, framåt! ¡Adelante!, nos exhortan los seguidores de Odín.

Y es en ese mismo instante cuando siento que unas palabras pugnan por salir de mi pecho. Es en ese preciso momento cuando me pongo en pie y me subo a la silla. Es en esa hora memorable cuando desvelo la cota de armas de mis ancestros, la misma que ya ondeara bajo el rey Ramiro, cuando los barbados vikingos arribaron en sus drakkar de cabeza de dragón...


Lleva nuestro emblema, sobre campo de azur, la Cruz de la Victoria de oro, guarnecida de piedras preciosas, con las letras alfa y omega pendientes de sus brazos. Y la leyenda, también de oro, Hoc signo tvetvr pivs. Hoc signo vincitvr inimicvs. Vencerás al enemigo… Vencerás...

Los ojos de todos brillan. Nacidos en cada esquina del hispánico mapa, nos convertimos sin necesidad de juramentos en hijos adoptivos de la misma tierra astur. Extiendo entonces los brazos desde la cumbre: No flaqueéis, muchachos, al unísono, con un solo corazón, y nos lanzamos.


Y la flor he de coger... Sostenemos tenorilmente la última nota. Al principio, asombrado silencio. De súbito, como una galerna incontenible, apoteosis. Los suecos braman de entusiasmo, las suecas insisten en tener descendencia nuestra, de forma inmediata. Queda sellada por tanto la alianza eterna, imperecedera, entre ambos pueblos. Cuando vuelvo la vista atrás, con la piel erizada, aún puedo vivir aquella jornada gloriosa. Yo estuve allí...
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viernes, 4 de diciembre de 2009

Sangre a borbotones

Madrid, Federación Ibérica de los Estados Unidos, fecha indeterminada de este siglo.

La hija de alguien ha desaparecido, alguien sospecha que su mujer le engaña, el personaje femenino del libro que alguien está escribiendo ha adquirido vida propia y su autor no sabe cómo continuar...

Son casos que llegan a la agencia de investigaciones compartida por Clot y su socio Dickens. Horas bajas para el negocio, de esas en las que un profesional ha de aceptar cualquier encargo.

Aunque alguno puede resultar mucho más peligroso de lo esperado. ¿Qué relación oculta hay entre ellos? Manex Chopeitia, el todopoderoso presidente de Chopeitia Genomics, la empresa cuya sede social es el edificio más alto y mejor protegido del continente, está interesado en que el sabueso no continúe metiendo las narices donde no le llaman.

Sangre a borbotones, de Rafael Reig. Novela negra con solera, de la que se adquiere en barricas de buen roble americano. Atascos de bicicletas en las horas punta, conducidas por los habitantes de una metrópolis hispano-angloparlante. Viviendas adosadas en el subsuelo de Argüelles, con luz artificial y jardines plegables. Muelles de carga en Puerto Atocha. Botes de vela maniobrando en los canales de la Gran Vía. Potentes drogas de diseño en cápsulas verdes... Como tantas otras leyendas urbanas, ¿existe en realidad el Protocolo 47, cierto experimento genético secreto financiado por Telefónica?

Quien quiera averiguarlo, que empiece a leer.



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martes, 1 de diciembre de 2009

Por ella

Aguzadas lanzas y broncíneos escudos se alineaban hollando las arenas, hasta donde las naves habían sido varadas. Los caudillos aqueos, procedentes de Beocia, la Fócide, el Ática, Arcadia, Lacedemonia, al frente de sus huestes, contemplaban cómo el sol se reflejaba en las titánicas murallas.

Cada hombre era consciente de su propia respiración, de cada gota de sudor que corría por su piel. A lo lejos, sobre la torre principal, podían distinguir a una figura que describía a sus acompañantes quiénes eran, cuáles sus méritos y hazañas. Aunque ninguna comparable a lo que estaba sucediendo desde hacía ya nueve años, frente a la inexpugnable ciudad.

Ella. Sólo podía ser ella, la hija de Zeus, la deseada por los mortales. Ella, por quien habían atravesado las profundas aguas, por quien lo habían dejado todo atrás. Ella, la princesa cuyo nombre significa hermosa como el sol.

Ninguno se movía, ninguno era capaz de pronunciar una palabra o de apartar los ojos. Cuando su brazo parecía apuntarles directamente, los héroes se humedecían los labios, presas de un ligero temblor, como si el gran dios les hubiera enviado uno de sus rayos.

Su presencia tras los muros les galvanizaba, les empujaba a intentarlo una y otra vez, sin pensar en volver a su tierra, sin temer por su suerte, tan frágil ahora que el Pélida Aquiles les había abandonado, henchido de ira por las afrentas de Agamenón. Sólo Calcas, el augur, murmuraba para sí algo ininteligible.

Las puertas de Troya se abrieron. En la llanura se desplegaron los penachos de los hijos de Ilión. Por el honor, por la gloria... Por ella...



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viernes, 27 de noviembre de 2009

Extrañas rocas del desierto

Lo encontré semienterrado en la arena. Más bien clavado a ella, como una roca que hubiera surgido ahí, en ese mismo sitio, hace millones de años, y ahí fuese a pervivir hasta el fin de los tiempos. Pero había sido hecho por el hombre. Sus bordes redondeados, la pátina de su superficie, su tacto cuando toqué las letras grabadas, así lo demostraban.

Probablemente se utilizaba como asiento, al abrigo del muro levantado a su espalda. ¿Qué estrellas se verían desde él por la noche, en el desierto? Quienes extrajeron el metal de la tierra, quienes lo fundieron, lo laminaron, le dieron forma cilíndrica y escribieron palabras de aviso, no tuvieron ese pensamiento en la cabeza. Innumerables hermanos suyos se habrían alineado en la cadena de montaje, y los tiempos no estaban, de todas maneras, para ese tipo de tonterías.

Doscientos litros de carburante. Inflamable. Wehrmacht, 1942. Ecos de cadenas deslizándose, movidas por sedientos y rugientes motores diésel, humo, gritos, explosiones. Ahora, en algún lugar del norte de África, junto al viejo bidón para alimentar las ansias de los carros de combate, calma. Silencio...



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lunes, 23 de noviembre de 2009

Sirenas

Me llamaba, podía sentir su voz.

Un paso tras otro, un latido tras otro, me fui acercando.

Carcajadas sin rostro caminaban tras de mí. Pero yo no les prestaba atención.

Llegué hasta el borde del mundo.

Un breve albor rodeado de oscuridad, un súbito vacío de mi corazón, y sería suyo.

Para siempre.

He oído decir a los viejos marinos que no soy el primero, que sólo los huesos de los ahogados son ya inmunes a esa llamada.

A la llamada de una sirena.



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sábado, 21 de noviembre de 2009

Cuentos de un minuto

Venga, rapidito. Hoy tenemos por aquí a István Örkény y sus Cuentos de un minuto.
Movimiento revolucionario en Paraguay.
En Asunción, la capital del país, la división blindada número 3, considerando insuficiente su paga, se presentó frente al palacio presidencial. Después de un breve tiroteo echaron a López Burillo, el presidente de derechas, amigo de los Estados Unidos, de tendencias reaccionarias, y colocaron en su lugar a Aurelio Lapaz, de tendencias progresistas. Al cierre de nuestra edición, la población de la ciudad celebra con un desfile de antorchas la nueva derrota de la reacción en América del Sur.

Nuevo movimiento revolucionario en Paraguay.
Las fuerzas aéreas paraguayas que reclaman su paga, lanzaron un batallón de paracaidistas en el jardín del palacio presidencial. Después de un breve tiroteo lograron echar a Aurelio Lapaz, el presidente amigo de Estados Unidos, de tendencias derechistas, el cual apenas ocupó el cargo por tres cuartos de hora. El nuevo presidente es López Burillo, de pensamiento progresista, cuyo triunfo los habitantes de Asunción celebran con un desfile de antorchas, el cual continúa en el momento de cierre de esta edición.

Los relatos cortos son un subgénero filoso, que lo mismo puede mostrar las miserias que la habilidad de sus cultivadores. En el espacio de unas pocas páginas, o incluso párrafos, hay que condensar un mundo.

El autor no se puede entretener con preliminares, explicaciones y complejas tramas. Tiene que ir directo al corazón del lector, ¡paf, paf!, y pegarle un par de amistosos sopapos para que abra los ojos, sorprendido.

Pues bien, Örkény sale más que airoso del reto. Esta recopilación es una buena muestra de su sentido del humor, expresado a través de un lenguaje que juega con lo absurdo, con la ironía, los dobles sentidos, seguramente influido por la prohibición de publicar que sufrió por parte de las autoridades tras la revolución del 56.

Una obra a disfrutar.



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jueves, 12 de noviembre de 2009

El tiempo arrebatado

El convoy situado en la vía hizo sonar un pitido. Iba a partir.

Los pasajeros que transbordaban desde la otra línea echaron a correr, desesperados por salvar el tramo de escaleras y alcanzarlo.

Trajes, vaqueros, tacones, zapatillas, bolsas con ordenadores portátiles, con monos de faena, carpetas llenas de apuntes...

En cada cara se veía la misma ansia: Tengo que llegar, tengo que extender el brazo y cruzar la meta. Allí hay asientos libres. Fuera de mi camino vosotros, yo lo conseguiré, yo...

La carrera, esquivándose a duras penas unos a otros, fue en vano. Todos vieron cómo se perdía su oportunidad cuando las puertas se cerraron.

Fue un momento de frustración, de imprecaciones silenciosas. Derrotados, tuvieron que humillarse ante ese tiempo arrebatado a sus vidas y esperar al próximo metro.

Tres minutos. Cada tres minutos llegaba uno.



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sábado, 7 de noviembre de 2009

La mecánica del corazón

Jack acaba de nacer en Edimburgo, la noche más fría de la historia, en una cabaña sobre la cima del Arthur's Seat. La doctora Madeleine consigue que sobreviva uniendo un reloj de cuco a su aparentemente dañado corazón. Allí le abandona su madre y ese será el hogar en el que crezca, entre redomas y objetos llenos de magia, bajo la tutela de su salvadora y en compañía de Anna y Luna, dos prostitutas, y Arthur, un viejo borrachín.

No es nada fácil ser diferente, con esas agujas que sobresalen de su pecho, ese sonido que surge de dentro, esos engranajes a los que hay que dar cuerda cada día. No, hay pocas cosas que jueguen a su favor. Sin embargo, el pequeño Jack quiere ser como los demás, no desea quedarse encerrado sin ver el mundo, y convence a la doctora para que le lleve un día a visitar la ciudad.

Ay, ¿quién es esa criatura que baila en la calle? ¿De quién es esa voz que canta, acelerando de forma tan evidente la maquinaria de su reloj? Lleva un vestido de plumas de ave, su cabello es largo y ondulado, su nariz chiquitilla y sus ojos inmensos, aunque los guiñe por no ponerse las gafas, que le serían muy útiles para no tropezar. Miss Acacia...

Que sí, vale, de acuerdo, que después de La mecánica del corazón de Mathias Malzieu, ese cuento para niños grandes, como lo llaman, me comprometo a leer inmediatamente algo que lo compense. Yo qué sé, sobre dinosaurios, rayos láser, combates de boxeo, me da igual. Hasta compraré la prensa económica cada mañana, si es necesario para redimirme. Y sin embargo, aquí entre nosotros, ¡qué bonito!



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jueves, 29 de octubre de 2009

Trenes rigurosamente vigilados

Hoy nos visita Bohumil Hrabal, con su novela Trenes rigurosamente vigilados.

El protagonista, Milos, se reincorpora al servicio ferroviario después de una temporada bajo observación psiquiátrica. Tiene novia, la revisora Mása, pero su primera experiencia íntima fue un desastre debido a que "se quedó mustio como un lirio", lo cual le condujo a un frustrado intento de suicidio.

No sufre el mismo problema su compañero de trabajo, el factor Hubicka, como demuestra en colaboración con la radiotelegrafista Zdenka, a quien estampa en el trasero los entintados sellos de la estación. El asunto trasciende, llega a altas instancias y, dado que se trata de sellos oficiales, el mismísimo director de los ferrocarriles del Estado crea una comisión para examinar el "cuerpo del delito", tomando las pertinentes fotografías.

Por su parte, el jefe del lugar, colombófilo empedernido que anda de aquí para allá cubierto de palomas, teme que los escándalos de su subordinado perjudiquen sus posibilidades de ascenso a inspector. También debe atender a cualquier maniobra en falso con las agujas que retrase en lo más mínimo la marcha de los trenes militares alemanes hacia el frente, ya que podría ser considerado como acto de sabotaje por los poco simpáticos SS que los escoltan.

Y finalmente entra en juego la Resistencia checa.

Tragicómica, con el ominoso escenario de las desgracias de la guerra planeando en todo momento sobre sus inolvidables personajes, pero con un humor no menos omnipresente, mi impresión es entusiasta: se trata de una obra extraordinaria. ¿Para qué decir más? Así que no olvidéis meter a Hrabal en vuestro equipaje.

Hasta pronto, ¡viajeros al tren!



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sábado, 17 de octubre de 2009

El beso

Extrañamente me crucé con pocas personas en la escalera, y apenas con dos o tres en esa habitación.

En determinado momento me quedé solo. Incluso el vigilante había desaparecido de su esquina, dirigiéndose hacia la sala contigua.

Solo con ellos, frente a frente.

Él sostenía su cabeza, rodeándola con ternura, en contraste con el cuerpo poderoso que se adivinaba bajo la túnica de oro.

Ella, arrodillada sobre la hierba y las flores, correspondía al abrazo, ofreciéndole además su mejilla.

Él posaba allí sus ocultos labios.

Ella cerraba los ojos y, en ese instante, el tiempo se detenía.

Una voz desde la puerta avisó de que el museo cerraría en diez minutos. Miré el reloj.

Diez minutos... Una eternidad...


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miércoles, 14 de octubre de 2009

En tierras bajas

Herta Müller, Premio Nobel. Ah, pues he leído un par de cosas suyas. Por ejemplo, En tierras bajas.

¿Una sola palabra para clasificarlo? Hum, una no es suficiente, elijamos tres: raro, raro, raro.

Se trata de una quincena de relatos en los que en vano buscamos una línea, un inicio de la trama, un desarrollo, un desenlace. No, son como un inmenso lienzo con multitud de escenas, que la autora va describiendo centímetro a centímetro.

Los personajes, muchas veces sin nombre propio (mamá, papá, el abuelo...), son descendientes de colonos medievales suabos que se establecieron en la actual Rumanía, en poblaciones endogámicas, sin capacidad para sustraerse a la grisura existencial.

Ahora bien, en ausencia de un argumento concreto, de un "contar algo", lo que no se le puede reprochar a nuestra autora es falta de recursos lingüísticos, ya que despliega una apabullante capacidad para llenar páginas y más páginas hasta que considera que el cuadro está completo.

De hecho, consigue que esas mil escenas no se repitan por mucho que todas hablen de lo mismo, que todas compartan el contenido de angustia e inevitabilidad del destino. Y, con la fuerza moral que le da el galardón, si habiendo alcanzado la mitad del libro empieza a notarse cierto deseo de terminar... habrá que achacarlo a la poca paciencia del lector.

A ver quién gana el año que viene.



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lunes, 12 de octubre de 2009

Khajuraho

Hilera tras hilera, paseé la vista por los altorrelieves que cubren los templos de Khajuraho.

El complejo es especialmente famoso por las escenas eróticas, talladas alrededor del año 1000 de nuestra era. Aunque algunas me parecieron un tanto complejas de llevar a la práctica, la verdad. Por lo de la flexibilidad y eso.

Me fijé asimismo en otras figuras: dromedarios, caballos, elefantes, innumerables guerreros de a pie que mostraban la potencia del ejército de aquel reino.

Avanzaban con apariencia imparable, si bien un detalle me llamó la atención: en lugar de expresiones marciales, las caras de felicidad eran la tónica general. ¿Realmente habían estado todos tan contentos de ser llamados a filas?

Lo entendí algo mejor al observar que uno de los pétreos soldados se aferraba a la grupa de un caballo y… Pues debía de ser yegua alazana, al fin y al cabo.

Con la curiosidad a flor de piel ante tanta liberalidad artística, empecé a cavilar: claro, durante las campañas los pobres mílites se sentían muy solos. Lejos de sus casas, cada día marcha que te marcha, de alguna manera tenían que dar salida a sus viriles impulsos.

Parece que los de caballería tenían soluciones para ello. Puede que los de infantería también, ya que caminaban muy pegaditos a sus compañeros, en apretadas cohortes. Pero, ¿y las tropas de elefantería? ¿Cómo...?

Atendiendo a las sonrisas que mostraban incluso los grandes paquidermos, algún modo habían hallado.



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viernes, 9 de octubre de 2009

El último libro

El avión estaba ya a pocos metros del suelo.

Cerré el libro.

De repente, el piloto metió gas a fondo. La aceleración nos empujó fuertemente hacia el respaldo.

Una voz por el interfono nos comunicó que, debido a la tormenta, daríamos unas cuantas vueltas más.

Abrí el libro.

Flaps otra vez en posición, superficie alar extendida, segundo intento.

Cerré el libro.

Me disponía a buscar en el bolsillo un caramelo cuando el libro, que se encontraba sobre mis rodillas, pareció cobrar vida y apareció a la altura de mis ojos. De hecho, la fuerza de la gravedad experimentó una súbita inversión.

Durante un par de segundos, el tomo (tapa dura, trescientas y pico páginas) estuvo flotando frente a mí, cual ágil pajarillo.

¿Y por qué esa sensación de que mi cuerpo también peleaba por escapar del cinturón de seguridad, en dirección al techo de la cabina? ¿Y ese sabor a higadillos que apareció en el paladar?

El coro de chillidos alrededor, un si bemol agudo al unísono, le puso más guindilla al asunto.

Nuevamente una voz surgió de los altavoces: mejor nos íbamos a otro aeropuerto a esperar a que la naturaleza atemperase su malhumor.

Abrí el libro.



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sábado, 3 de octubre de 2009

El fuego

¿Por qué una niña africana no habría de correr y saltar junto al camino que lleva a su poblado, pese a las advertencias de los mayores sobre el peligro? ¿No haría lo mismo cualquier niño del mundo?

Cuando crezca, ¿tendrá acaso algo de raro que se fije en ese chico que pasa regularmente cerca de su cabaña, a la luz de la luna? ¿Sería su mezcla de temor y esperanza hacia él diferente si viviera en un barrio elegante?

Y cuando, recién nacida su tercera hija, empiece a notar cosas raras en el comportamiento de su marido, como si hubiera perdido el interés en ella, ¿no se angustiará de que quizá haya encontrado a otra más atractiva, alguien con un hermoso cabello trenzado, alguien... con piernas?
–¿Qué haces? –dijo María, que estaba en el camino, justo a su lado.
–Nada –dijo Sofía–. Juego.
Saltó con el pie izquierdo.
Luego bajó el pie derecho para dar un paso hasta el camino otra vez.
Entonces el suelo explotó en pedazos.

La trilogía del fuego (El secreto del fuego, Jugar con fuego y La ira del fuego), de Henning Mankell, es mucho menos conocida que su serie sobre el inspector Wallander.

El mismo autor aclara que está basada en una persona real, que Sofía, la protagonista, es de carne y hueso, y que un día, cuando era pequeña, pisó una mina.

Tuvo suerte, sin duda, porque la hermana que jugaba junto a ella no sobrevivió. A cambio, dejó en ofrenda parte de su cuerpo. Y tuvo que aprender que el miedo es un compañero inseparable del ser humano.

Al igual que lo es el espíritu de desafío, y en las escaramuzas diarias entre ambos lo que está en juego es tan sencillo, y tan complicado a la vez, como una búsqueda: la búsqueda de la felicidad.



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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Las tinieblas

En Las tinieblas, de Leonid Andréyev, Liuba consigue hacer que se tambalee la existencia de su obligado cliente ocasional, Alexéi.

Él es un revolucionario en la Rusia de los zares, que en breve va a arrojar una bomba. Pero con el aliento de la policía en el cogote, rodeado de espías y confidentes, necesita descansar unas horas en lugar seguro si no quiere fracasar en su misión. Para ello se le ocurre entrar en una casa de lenocinio, alquilar los servicios de una de las chicas y utilizar la cama de forma poco convencional: para dormir.

Su desventura llegará al elegir a Liuba, que se revela como una criatura bastante rara, con carácter y reacciones peculiares, y que busca a alguien "bueno" como meta vital. ¿Será él el esperado, con su revólver en el bolsillo y que nunca ha catado labios de mujer? ¿Qué efectos tendrá en ambos ese encuentro?

Mordaz y desesperanzado, Las tinieblas entra sin problemas en la categoría de recomendable.



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domingo, 27 de septiembre de 2009

Amatenango del Valle

El guía en Chiapas, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, hacía numerosos comentarios sobre la historia, la geografía y la sociedad de la zona. Ciertamente se trata de un destino muy interesante, una muestra de los contrastes que tanto la naturaleza como la mano del hombre ofrecen en este país norteamericano.

Después de un día visitando parajes pintorescos, nos detuvimos en un pueblecito donde varias indígenas tzeltales ofrecían muestras de artesanía alfarera. El profesor inició una disertación sobre las costumbres de esa comunidad, tradicionalmente poco conectada con la "civilización". La falta de infraestructuras, la falta de desarrollo, la falta de interés del Gobierno, etc., etc. Y de repente sonó un teléfono móvil, una de las vendedoras echó mano a los pliegues de su ropa y extrajo un modelo de última generación.

Nuestro cicerone abrió mucho los ojos, mientras el pequeño grupo de viajeros permanecíamos a su alrededor en un silencio ligeramente escéptico. «No se lo van a creer en el Departamento de Antropología, no se lo van a creer», musitó al fin.

Y es que el mundo ya no es lo que era.



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lunes, 21 de septiembre de 2009

Eternidad

Mis ojos siguieron a un pequeño barco que se alejaba de la costa. El cielo era de acero, con jirones de luz intentando romper su cerco, casi exangües.

Con cada empuje de las olas, con cada golpe de respiración de la marea, las aguas componían su mensaje sonoro, siempre el mismo, siempre diferente.

Notas primigenias, acordes eternos, como aquellos que duermen ocultos dentro de nosotros, procedentes de lo que no es memoria, de lo que en algún momento no fue aún conciencia de existir, pero tampoco la nada.

Como la música que debimos de escuchar nada más nacer, y quizá volveremos a hacerlo en nuestro viaje de retorno…



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jueves, 17 de septiembre de 2009

Piratas

Al amparo de la sorpresa, el Zephyr se aproximó por la popa del buque anclado. Ni un centinela sobre las vergas, qué imprudentes. Quizá alguien dormitara en el sollado, reponiéndose de la mar gruesa de la noche anterior.

Nosotros, sin embargo, teníamos los ojos bien abiertos ante el apetitoso botín. Agarrados a las jarcias, nos girábamos de hito en hito hacia el capitán, que manejaba con pericia el timón.

Yo me adelanté hasta el bauprés, donde la bandera del cráneo y las tibias mostraba claramente nuestras intenciones. Me humedecí los labios, sabían a salitre y a ansiedad.

El viento nos impulsaba con fuerza, tanto, que a una orden del segundo media docena de brazos se dispusieron a recoger trapo. No deseábamos encallar en algún bajío o arriesgarnos a colisionar contra el casco cada vez más cercano.

Un navío francés: los colores de Saint-Malo ondeaban en lo alto de su mástil. Hasta el graznar de las gaviotas se me asemejaba ya al tintineante sonido de las piezas de a ocho. Faltaban sólo unos segundos para poder disparar, sólo unos segundos... Ahora, ahora, ¡AHORA!

El cabeceo del bergantín hacía difícil encuadrar con pulso firme, pero confié en mi buena estrella cuando apreté el botón. El obturador de la cámara se abrió y cerró con un chasquido.

Esa noche me acosté en la estrecha litera, abrí el ojo de buey y, al agradable frescor que entraba en la cabina, me quedé dormido. Debía estar descansado para nuevas correrías.



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viernes, 11 de septiembre de 2009

La niña

Me pregunta una compañera de trabajo: ¿A ti no te he contado lo de la niña de la habitación? No sé… Pues que mi hijo ve a una niña en la habitación de casa. Ajá. Y si le preguntamos dónde está, señala en una dirección y contesta: ahí. Pero ahí no hay nadie. La amiga invisible, vamos. Una vez estaba dándole de comer y dijo que había venido la niña, imagina qué salto pegué. Lo imagino. Porque cuando empezó, tenía el crío dos años, a esa edad no se puede mentir. Seguro que no. Mi marido tomó una foto y se veían unos círculos luminosos, como si se hubiera reflejado una ventana o el espejo del armario. Me los estás poniendo de corbata. Y si le enseñas libros de Disney con dibujos, también habla de ella. En concreto, si sale el hada de Pinocho, con sus alitas y su vestido azul. ¡La niña, la niña!, exclama enseguida. ¿El hada de…? Bueno, mientras no nos haga nada a ninguno de los tres, a mí me da igual. ¿Tú que piensas? Mira, sólo un consejo, por si acaso. En caso de duda, nunca, nunca vayas hacia la luz…



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sábado, 5 de septiembre de 2009

La mujer de la arena

El argumento de La mujer de la arena, del japonés Kôbô Abe, es originalísimo.

Un profesor de escuela, aficionado a la entomología, va de excursión en busca de nuevos insectos. Al llegar a un pueblo de pescadores, estos le convencen para pernoctar en la casa de una joven viuda, situada en una depresión del terreno rodeada por dunas.

Al amanecer, cuando desea marcharse, ve con sorpresa que la única manera de hacerlo es con escalas de cuerda lanzadas desde el exterior, pero ni los vecinos ni la anfitriona están dispuestos a ayudarle. Es necesario que alguien trabaje junto a ella para mantener a raya a la arena, cavando sin descanso, jornada tras jornada, si quieren que el pueblo no desaparezca tragado por su avance. Es necesario un hombre para la mujer de la arena.

Para el profesor, lo que ocurre no tiene sentido. Él no desea quedarse ahí prisionero, tiene su vida en la ciudad, su familia, su trabajo… Por otro lado, no puede evitar la progresiva atracción por su nueva compañera, y el calor que señorea el lugar, así como el fino polvillo que se pega continuamente a sus cuerpos, contribuyen a perturbar cada vez más sus sentidos. ¿Se rebelará? ¿Intentará escapar como sea de la casa? ¿Se plegará a la situación?

Gran novela, sin duda, de las que se recuerdan, de las que gusta regalar, con una poderosa carga simbólica a la vez que un hermoso –y sensual– lenguaje. Hasta pronto.



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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Fraternidad

En los servicios de caballeros se dan a veces situaciones de las que tampoco desvelaré demasiado, por no traicionar en público los misterios propios de mi sexo. En todo caso, una de las características de estos espacios es el imperio de la democracia.

Todos puestos en fila, de cara a la pared, sin favoritismos, con igualdad absoluta inter pares. Si hay cola (si hay más personas que puestos libres, quiero decir), se espera por exquisito orden de llegada, se saluda a los compañeros de derecha e izquierda con versallesca cortesía y se fija la mirada en un punto indefinido que nos empuje a la meditación, al desprendimiento de lo superfluo, al nirvana.

Porque despojados temporalmente de galones, del estatus social, de las diferentes vías del tren por las que se conducen nuestras vidas, ¿qué nos queda en ese preciso momento? En los servicios, ¿no estamos todos hechos de la misma pasta? Altos o bajos, gordos o delgados, triunfadores o escritores de blog, ¿no buscamos básicamente igual meta, descubrir nuestro lugar en el ignoto plan de la existencia? Es entonces cuando desearíamos abrazar a nuestros hermanos, fundirnos en un canto general, hacernos uno con el universo...

Por desgracia, a los pocos segundos creemos tener algo importante entre manos, dejamos pasar la oportunidad y caemos de nuevo en lo material. El ruido huracanado del secador anclado a la pared termina de borrar aquellas buenas vibraciones.



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domingo, 30 de agosto de 2009

Los orígenes

Me viene a las mientes que no conozco las crónicas familiares más allá de los abuelos. ¿De donde vendrá la prosapia de mi linaje, la hidalguía de mi estirpe, la nobleza de mi sangre? ¿O no tengo de eso? Nada, nada, no me puedo quedar con la duda, voy a ver qué encuentro en Internet sobre mis apellidos.

Veamos: aquí leo que el primero es de etimología prerromana, toma ya. Y sus primeras referencias modernas surgen en la Navarra de los siglos VIII-IX, de donde pasó a Asturias, León y Castilla, antes de desparramarse por todo el orbe. Pues me imagino a mi ancestro como un tipo con barba y bigotones, escaso conocimiento de los baños, polainas de piel de lobo y espadón en ristre. Le tiene el ojo echado a mi tataratataratatarabuela, una tal Cunigunda...

Para el segundo apellido, el heredado por vía materna, hay discusión sobre si es de origen catalán o gallego. Pero vamos, lo importante es la cota de armas con azur, sable y gules, que nadie piense que acabamos de bajarnos del árbol. Quien defiende la primera propuesta, la catalanidad, indica que uno de sus miembros recibió el título de ciudadano honrado en Gerona. Ese debía de ser el de mi familia, ese. Aunque a poco que su época se pareciera a la nuestra, darle tal premio debía de ser como motejarle de tonto del pueblo.

El tercero es interesantísimo. ¿Pues no dice, de acuerdo con ciertas versiones, que desciende de la realeza? De Alfonso IX de León, sin ir más lejos. Parece que no se llevaba bien con su primo, el rey de Castilla, y por eso no compareció en las Navas de Tolosa. Sin embargo, reconquistó Extremadura él solito (bueno, en realidad iba detrás de la hueste, que las armaduras pesan de lo lindo y cuesta mucho correr con ellas). ¿Será verdad que es antepasado mío? Estoy pensando en reclamar mis legítimos derechos, qué caramba.

Y por fin, el cuarto apellido es asturiano por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Según un manuscrito, trescientos miembros de la familia estuvieron en Covadonga. Andarían en el pomar recogiendo manzanas y de repente vieron llegar a la morisma, a quienes sus costumbres no les permiten beber sidra ni catar el chorizo de jabalí. De manera que pensaron: hala, a la batalla, que tocaduras de gaita las justas.

Total, que si alguna vez llego a tener descendientes que continuaran la saga, que sepan que tienen que bañarse a menudo, porque ya no son los tiempos en que nació el primer apellido. Que no deben sablear nunca a nadie, para hacer honor al segundo. Que tengan en cuenta la opción de Urraca o Berenguela para nombrar a mi hipotética nieta, recordando al tercero. Y por el cuarto, ¡puxa Asturies!



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domingo, 23 de agosto de 2009

Jet lag

Insomne, contemplo desde mi ventana los puntos de luz. Quizá haya otros, otros como yo, sujetos con las cadenas de la noche, que intentan cerrar los ojos sin tregua. Debilitados, consumen sus últimas energías en pensamientos que anhelan no existir, que desearían fundirse con la negrura, la liberación del olvido. Pero nada ocurre, nada ni nadie viene en nuestra ayuda. Junto a mí, ellos os velan.




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martes, 4 de agosto de 2009

Aviadores

Cuando se sobrevuela Londres se gana una perspectiva que corrobora con creces la obtenida al caminar por sus calles y avenidas: es una ciudad grandísima, inmensa. Se extiende hasta donde la vista alcanza, durante un largo rato antes de que el avión ascienda y se aleje definitivamente. Más o menos, esa debía de ser la misma impresión que se llevara un piloto alemán hace unos setenta años. Y no precisamente de Lufthansa.

Aviadores, de Ian Kershaw, relata la odisea de un puñado de norteamericanos que, contraviniendo las leyes de su país, se alistaron en la RAF en 1940. Caballeros del aire, como indica el subtítulo de la obra. Cada uno tenía un pasado diferente, pero algo fundamental en común: la intuición de lo mucho que se jugaba el mundo en ese envite. Por eso consiguieron alcanzar Canadá y de ahí dieron el salto al viejo continente, donde se les asignó a una escuadrilla de los míticos Spitfires.

La obra, con muy buen pulso narrativo, utiliza fuentes originales como los recuerdos y testimonios de quienes les conocieron, pues de todos ellos apenas uno alcanzó indemne el final de la guerra. En tono de admiración, sin por ello perder el rigor histórico, quedan recogidas las biografías de cada piloto y las acciones en las que se vieron envueltos, trazando en conjunto un vívido fresco de ese momento en el que, con las famosas palabras de Churchill, «Nunca en la historia de los conflictos humanos, tantos debieron tanto a tan pocos».



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miércoles, 29 de julio de 2009

El aciago demiurgo

El aciago demiurgo, de Emil Cioran, es un libro capaz de dejar marca. Un libro que conviene retomar en diferentes etapas de nuestro camino, buscar fragmentos anteriormente subrayados y volver a contemplarlos después de los años, de manera que el bagaje de lo vivido nos haya preparado para afrontar el pesimismo existencial de su autor.

Se estructura esta obra en seis capítulos. El primero, que da título al conjunto, es un ensayo acerca del pretendido creador del mundo. En caso de tratarse de un ente divino, no podría ser bondadoso. Más bien hablaríamos de un demiurgo malvado, aciago, cuyas pulsaciones aún subyacen en sus criaturas.

A continuación, Los nuevos dioses reflexiona sobre la expansión del cristianismo y el inevitable eclipse de los dioses griegos y romanos.

Paleontología, la tercera parte, es difícil de explicar. Está construida a partir de los huesos, del esqueleto en contraposición a la carne, como metáfora de la desnudez última de cada ser.

Más tarde, en Encuentros con el suicidio, se dedica Cioran a monologar sobre esta idea, una constante en su pensamiento filosófico.

El no liberado es otro apartado complejo. Toca ideas variadas, incluso sin relación aparente, más allá de su génesis en el interior de un espíritu atormentado.

Y finalmente, un conjunto de aforismos, Pensamientos estrangulados. Ácidos, provocadores, brillantes..., tristes.
Esos momentos en que se desea estar absolutamente solo porque se está seguro de que, cara a cara con uno mismo, se será capaz de encontrar verdades raras, únicas, inauditas; después la decepción y pronto la amargura, cuando se descubre que de esa soledad finalmente alcanzada nada sale, nada podía salir.
El aciago demiurgo puede provocar fascinación. Si contuviera un atisbo de la verdad, si estuviéramos de alguna manera predestinados a cometer nuestros actos, si lo que creemos libre albedrío se encontrara realmente tan limitado, y si a pesar de su escasez hiciéramos uso sistemático de él para la destrucción, entonces, ¿cuál sería nuestra sustancia, nuestro papel en el orden del universo?



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jueves, 23 de julio de 2009

Atlas descrito por el cielo

Si nos referimos a comunidades de vecinos heterodoxas, una para echar a comer aparte sería la de Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrovic.

Tenemos a Herrero, que invita a los demás a visitar sus sueños (especialmente a la hermosa Sasha, por quien suspira). Andrei, agazapado permanentemente tras el sofá de la sala comunal, esperando a que Eta regrese y puedan continuar su juego del escondite. La Silenciosa Tatiana, cuyos cantos congregan sobre ella a ochenta y ocho constelaciones de estrellas, en lugar de las cincuenta y tres que corresponderían según la Unión Astronómica Internacional. Bógomil, a quien su tía Despina visita de tanto en tanto, saliendo del Espejo Septentrional. Esther, con un lunar de granada en el interior del muslo derecho hasta que el malvado actor Augusto se lo roba. Drágor, que recolecta como pasatiempo la Levedad y la Gravedad Elementales. El cartero Spíridon y su ex-colega Aaron Hartman, despedido de Correos por abrir cartas de contenido triste y sustituirlas por otras alegres...

Y como hilo conductor de cada capítulo, la descripción de cuadros, grabados, mapas, incunables y demás obras de arte que reposan en prestigiosas instituciones alrededor del mundo, como la Galería Tretiakov de Moscú, el Museo del Prado de Madrid, el Centro NASA para la Investigación del Espacio de Milwaukee, el Legado Federal de Sueños de París o el Archivo de la Secreta Asociación del Panal Dispersado por Todo el Mundo de la Biblioteca de Babilonia.

Sin más palabras, me despido por hoy. Estoy enrolado en el barco de papel gigante que va a zarpar por el aire, hacia la constelación de Puppis.



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lunes, 20 de julio de 2009

Cuando España "invadió" Escocia

Visitando el Museo Nacional en Edimburgo, llama la atención cómo los escoceses mitifican algunos momentos de su pasado. Especialmente, los garrotazos contra los ingleses. Nombres como Stirling, Bannockburn o Culloden les producen un escalofrío en el espinazo capaz de hacerles olvidar por un momento el whisky. Sólo por un momento.

Pus hay un curioso pasaje de esa historia, y es que un batallón de trescientos españoles desembarcó para apoyar la rebelión contra el rey Jorge I, dando lugar a la denominada Batalla de Glenshiel. Corría el año de 1719 y Felipe V, tan melancólico él, pensó en recuperar algunos de los terrenitos perdidos como consecuencia del Tratado de Utrecht: Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Menorca, Gibraltar... Tal política suponía chocar con los británicos, que por entonces se encontraban entretenidos en sus cosas: las discrepancias entre la nueva casa real de Hannover y la de los Estuardo.

En connivencia con estos últimos, se aparejó una flota destinada al sur de Inglaterra, pero la tormenta de turno desbandó los buques. Por el extremo contrario, el norte, dos solitarias fragatas dejaron en tierra a esos trescientos soldados, cuya misión era levantar a los clanes. Sin embargo, el número de voluntarios que se presentaron fue más bien escaso, de manera que un retén quedó guardando el castillo de Eilean Donan y el resto de la tropa salió hacia Inverness.

Poco después, la armada inglesa, que andaba con la mosca detrás de la oreja, apareció por la zona. Tras los cañonazos de rigor capturaron la vieja fortaleza e hicieron prisioneros a sus defensores. Y los hispano-escoceses del cuerpo principal acabaron topándose con una fuerza contraria de granaderos, dragones y demás tipos con pelucas empolvadas, en las colinas de Glenshiel.

¡Pum!, ¡zas!, ¡raca!, ¡tarariiií!, ¡toma!, ¡cagüen!, ya la tenemos montada en lo que desde entonces se llama Peak of the Spaniards. Después de un rato, las milicias jacobitas, algo desorganizadas, empezaron a retroceder. Según parece, habían herido al jefe del clan MacGregor. Los Rodríguez, López y Menéndez se vieron finalmente solos, por lo que, sobrepasados en número, solicitaron el armisticio. Confinados los supervivientes en Edimburgo, se les repatrió unos meses después, tras alcanzarse el acuerdo entre los respectivos gobiernos.

¿Y quién se supone que era ese jefe de los MacGregor, que tuvo la mala pata de que le hicieran pupa y sus hombres se retiraran? Cuentan que su nombre completo era Robert Roy MacGregor. O lo que es lo mismo, de acuerdo con la historia-leyenda, Rob Roy.

Mar sin leat, que en gaélico significa adiós.



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martes, 14 de julio de 2009

Los vikingos

Los vikingos tienen fama de gamberros, es cierto, pero en nuestro idioma no consta su nombre como insulto, al contrario que el de otros pueblos como los vándalos o los cafres.

Y eso que desembarcaron varias veces en las costas astures y gallegas. Lo que pasa es que aquí los aborígenes tampoco eran muy finolis en el trato social, y les quemaban los barcos a la menor ocasión.

Así que siguieron camino por Portugal, haciendo fonda en Lisboa, y no olvidaron remontar el Guadalquivir para visitar Sevilla.

Más tarde volvieron a subir con prisas y llegaron a Pamplona, donde capturaron al rey García I Íñiguez, que tuvo que pagar rescate. Pero es inverosímil que se inaugurase así la costumbre de correr delante de los astados, ya que los cascos vikingos en realidad no llevaban cuernos.

Los vikingos, de Paddy Griffith, podría ser un comienzo para aprender sobre su vida y milagros. Aunque tampoco entra a narrar la historia escandivava en detalle, se trata de un estudio bien documentado, con un planteamiento divulgativo, acerca de las razones por las que se construyó a su alrededor el mito de ferocidad y pillaje.

He dejado hidromiel fermentando, hasta luego.



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viernes, 10 de julio de 2009

El último encuentro

Capacidad para no olvidar, para vivir con imágenes de hace tiempo muy frescas en la memoria: en ello se basa la existencia del general.

Durante cuarenta y un años y cuarenta y tres días, las jornadas pasan en su castillo al pie de los Cárpatos sin más contacto que el de los sirvientes y su ya nonagenaria niñera, hasta que una mañana recibe una carta. En ella se anuncia la próxima llegada de Konrád, un camarada de su juventud. El general da las instrucciones precisas para que se le reciba con la mayor distinción posible. Siempre ha estado esperando ese momento, esa entrevista cara a cara con la verdad, que para ambos podría suponer El último encuentro.

El renacimiento artístico de Sándor Márai tuvo que producirse tras su muerte, después de que le fueran negadas tantas cosas, incluyendo la residencia en su añorada Hungría. Y aunque él ya no pudiera disfrutarlo, su legado quedó como uno de los más extraordinarios del siglo XX.

Este libro es una de sus joyas. Dos hombres, dos inseparables oficiales del imperio, de un mundo que daba sus últimos estertores cuando parecía más brillante que nunca... y una mujer, Krisztina.

Desde el momento en que el general y su exiliado amigo comienzan a rememorar el pasado, la niñez, la adolescencia, el tiempo de los grandes descubrimientos, la incorporación a las responsabilidades adultas, desde el momento en que comienzan a rememorar todo lo que desembocó en aquello, surge una magia que nos circunda y nos penetra, y cuyo resultado es una única reflexión: ¿pero cómo se puede escribir tan bien?



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lunes, 6 de julio de 2009

Tocarnos la cara

Hoy me gustaría recomendar un libro de Belén Gopegui: Tocarnos la cara.

Un profesor de teatro convence a cuatro alumnos para montar una obra alternativa, El probador, la representación de un espejo de carne y hueso. Ellos aceptan la propuesta como vía de escape de unas vidas cómodas pero en el fondo insatisfactorias.

Poco a poco se van hilvanando sus existencias individuales, los sueños de juventud frustrados, los esfuerzos baldíos, la angustia no confesada de tener que conducirse día a día de manera diferente a como su propio ser les grita, dentro de una sociedad que no permite a sus miembros salirse del papel asignado… Todo confluye en el proyecto teatral, que se convierte así en el clavo al que se agarran. Y cuando fracase, tendrán que volver a empezar.

En las novelas de Gopegui la penetración psicológica, el yo interior de los personajes, presenta siempre una rica paleta de matices... Al menos en las cuatro primeras, porque luego perdió el norte y le salieron panfletos sin valor (personal y discutible opinión, evidentemente). Como el título recomendado es el segundo de los suyos, entra dentro del grupo de favoritos.

Nada más y un saludo a todos.



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jueves, 2 de julio de 2009

Homo Faber

El protagonista de Homo Faber, de Max Frisch, viaja en un avión que se avería y ha de realizar un aterrizaje forzoso en el desierto.

Walter Faber es una persona absolutamente racionalista, un ingeniero para quien no cuentan las emociones. De manera que, en vez de angustiarse por su suerte, se limita a jugar al ajedrez a la sombra del aparato mientras espera la llegada del equipo de rescate. Y allí trabará relación con su vecino de asiento, que resulta ser hermano de un amigo de juventud.

En aquella época, la novia de Faber, embarazada, se había negado a casarse con él, debido a su fría reacción cuando le comunicó la noticia. Por el contrario, terminó casándose con el amigo. Tras volver sano y salvo decide visitarle, sólo para encontrarse con su reciente suicidio.

Más tarde conoce a una atrayente joven, a quien propone acompañar hasta Grecia, donde vive su madre. Algo le está ocurriendo, algo que no acierta a explicarse. A pesar de la diferencia de edad incluso piensa en el matrimonio. Y por azares del destino, la madre resulta ser esa antigua novia. ¿De verdad ha tenido su vida hasta ese momento la lógica mecánica y acerada que él tanto adora? ¿Va a tenerla en el futuro? De forma resumida, hasta aquí puedo contar.

Venga, id corriendo a leerlo.



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domingo, 28 de junio de 2009

Groucho y yo

El señor Julius, conocido fuera de su casa como Groucho Marx, escribió en 1972 su autobiografía Groucho y yo. Después de haber leído anteriormente sus Memorias de un amante sarnoso, ¿cómo no iba a adquirir este libro, con manos temblorosas, cuando me topé con él?
Unos días más tarde, recibí la invitación a una despedida de soltero que sus numerosos amigos le dedicaban. Para aquellos que no estén familiarizados con esta humillación semipública, el principal motivo de una despedida de soltero –aparte de emborracharse–, es dar a los amigos casados de la víctima la oportunidad no sólo de escapar de sus esposas por una noche, sino de pasar unas horas regocijándose ante las inminentes desdichas del pobre diablo.
(...)
Harpo y yo ideamos una treta brillante. Cada uno de nosotros llevaría una maleta, y al meternos en el ascensor nos despojaríamos de nuestros vestidos. Luego guardaríamos la ropa en la maleta. Cuando el ascensor llegara al piso donde se celebraba la reunión, las puertas se abrirían y nosotros saldríamos como Dios nos trajo al mundo y tocados con nuestros sombreros de paja, portando las maletas. Esto iba a provocar sonoras carcajadas. Además de ser divertido, causaría impresión. Apenas sí podíamos resistir la espera.

Cuando las puertas del ascensor se descorrieron, los dos bromistas hicimos nuestra entrada apoteósica. Pero algo había salido mal. En lugar de las sonoras carcajadas masculinas que habíamos previsto, tres mujeres se desmayaron y el resto empezó a llamar a gritos a la policía. Por lo visto, varias amigas de la novia daban aquella misma noche una cena en el piso superior. En nuestra precipitación, nos habíamos equivocado al oprimir el botón del ascensor.

Presas del pánico, dimos media vuelta, pero se trataba de una puerta automática y ya se había cerrado silenciosamente a nuestra espalda. Allí estábamos, atrapados. Buscamos la escalera, pero no dimos con ella. Aparentemente, algún enemigo nuestro la había hecho desaparecer. Finalmente descubrimos en un rincón una frondosa planta decorativa. Trémulos de confusión, corrimos hacia ella y nos ocultamos detrás.

Las andanzas de nuestro personaje no empezaron en la gran pantalla y ni mucho menos acabaron allí. Nacido en el seno de una amplia familia sin demasiados recursos, comenzó joven en el mundillo de la farándula, después de fracasar como chico de repartos.

Fue acumulando experiencia en teatros locales, participando en espectáculos de variedades a los que pronto se unieron sus hermanos Harpo, Chico, Zeppo y Gummo. Hasta que por fin conseguió debutar y triunfar en Broadway gracias a la financiación de un fabricante de galletas saladas, que quería ver a su amante en escena.

El dinero fluyó, abundante. Después se volatilizó, en el año 29. El cine sonoro se impuso al mudo y muchas, muchas más cosas ocurrieron: Sopa de ganso, Un día en el circo, Una noche en la ópera...



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sábado, 20 de junio de 2009

Las brigadas internacionales de Franco

Las brigadas internacionales de Franco, de Christopher Othen, es una obra bastante original. Trata de aquellos extranjeros que se ofrecieron voluntarios… en el "otro lado". Tenemos como muestra a la brigada irlandesa del general O'Duffy: nada más llegar a Cáceres desde Galway, se dice que descubrieron que en España había vino, y claro, se llevaron una alegría. Al ser transferidos al frente de Madrid, se liaron a tiros contra una unidad española del mismo bando.

Poco después, en la batalla del Jarama, tuvieron dos bajas, en una acción que el periódico Irish Independent describió como heroica. Como consecuencia, casi se amotinaron, negándose a volver a combatir al día siguiente por considerarlo poco útil y peligroso. De ahí pasaron directos a la retaguardia.

También se relatan las andanzas y motivaciones de varios aventureros británicos, de fascistas rumanos, belgas o franceses, exiliados rusos del antiguo ejército zarista, trescientos argentinos, siete mexicanos, cinco chilenos y un peruano. Ah, también un actor finlandés. Como indicaba al principio, un libro curioso, ameno y documentado.



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martes, 16 de junio de 2009

Canciones de Beuern

Beuern es una abadía alemana donde se encontraron unos manuscritos con canciones de monjes medievales, los goliardos. Estos traviesillos hombres santos recorrían Europa en plan mendicante, a la que salta, y su filosofía de la existencia se resume así: Istud vinum, bonum vinum, vinum generosum, reddit vinum curialem, probum animosum.

Para que luego se diga que el clero es aburrido. Los Carmina Burana se dividen en varios grupos, según los aspectos que tratan: los gulatorum et potatorum, los amatoria, los moralia et divina, etc. La investigación musicológica consiguió reconstruir las melodías anotadas, si bien, al no existir indicaciones de ritmo o instrumentación, cada grupo que las toca hoy en día lo hace de acuerdo con sus propias propuestas.

Hasta aquí la brevísima historia de los originales. Pero no son estos quizá los más famosos. En los años treinta del pasado siglo, el compositor Carl Orff se topó con las letras y pensó que sería una buena idea crear algo moderno con ellas, una "cantata escénica".

Fortuna imperatrix mundi, el comienzo, se dedica a glosar las vicisitudes de la fortuna y el azar. A continuación, Primo vere elogia la alegría que se siente al despertar la primavera, cuando la sangre bulle. Luego viene In taberna: sin más comentarios.

Cour d'amours dulcifica ligeramente el desmadre, lo hace más delicado, tierno, romántico, del tipo oh, gentil doncella de mis entretelas, permitid que este indigno admirador bese el camino que pisáis, vuestros delicados pies, muá, muá, vuestros finos tobillos, muá, muá, las rodillas, mmmmmm...

Y todo termina de nuevo con el tema de la fortuna, que como la rueda de la vida, se repite de forma circular.

Un ejemplo de su amplia difusión lo tenemos en la banda sonora de la película Excalibur, cuando Perceval le lleva el Grial al rey Arturo y este decide cabalgar por última vez junto a los caballeros que aún le son fieles.

Y nada más, queridos oyentes. Si no hubiera amatoria a la vista, por lo menos que no falten los gulatorum. Hasta la próxima.



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miércoles, 3 de junio de 2009

Matrimonio por interés

Eso del amor está bastante bien, reconozcámoslo. Pero llegados a asuntos de casamentería, conviene establecer unas condiciones previas para que no te toquen en suerte vagos y pretendientes de medio pelo. Hacer ciertas preguntillas, vamos. Como muestra, las que plantea Mijaíl Zóschenko:
Sólo una cosa tengo clara y son las novias que sirven al Estado. Allí no hay engaño: sueldo, clase, categoría... Pero también con ellas te puedes equivocar. Por ejemplo, a mí me gustó una. Nos echamos el ojo. Nos conocimos. Que si esto que si lo otro, ¿dónde está empleada?, le pregunto, ¿cuánto cobra? ¿Qué nivel es el suyo, qué sueldo?
–Estoy empleada en un almacén –me contesta–. Y mi nivel es tal y cual.
–Vaya –le digo–. Merci y perfecto. Usted –le digo– me gusta. Y su nivel me resulta simpático, tampoco el sueldo está mal. Presentémonos.

Zóschenko fue acusado de antipatriota y expulsado de la Unión de escritores en la Rusia stalinista. Un veto con consecuencias muy peligrosas. Sin embargo, no por ello dejó de describir el mundo que le rodeaba con espíritu jocoso. Podemos disfrutar de ese sentido del humor en Matrimonio por interés y otros relatos (1923-1955).

Se trata de una colección de situaciones esperpénticas que, según los testimonios, estaban pensadas para compartir leídas en voz alta: las desventuras amorosas tras la revolución, lo que ocurre cuando toca la lotería, las visitas al dentista del seguro, el alquiler del piso, el funcionamiento de los baños públicos, las diferencias entre los cigarrillos rusos y los extranjeros…

Todos estos y unos cuantos palos más son tocados por nuestro autor. ¿El resultado?

La recomendación de la semana.



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lunes, 25 de mayo de 2009

Ni de Eva ni de Adán

Como ocurre con tantos otros países, también los nacidos en Japón han de arrastrar estereotipos sobre su forma de ser. Quizá el suyo sea la contención emocional. En el libro Ni de Eva ni de Adán, Amélie Nothomb tiene esa sensación de vez en cuando mientras narra sus aventuras autobiográficas.

Tras ofrecerse como profesora de francés, nuestra protagonista conoce a Rinri, un nativo de reacciones hieráticas. Empiezan a salir juntos, a conocerse, él le presenta a su familia, suben al monte Fuji... Pero sólo con el tiempo será capaz de penetrar más adentro en su alma, hasta desembocar en una relación amorosa muy peculiar.

A lo largo de la obra se aprenden curiosas costumbres niponas relacionadas con el comportamiento social, la familia o los amigos. Y surgen a menudo situaciones sazonadas de humor cuando esas costumbres topan con el desconocimiento o la incomprensión inicial de la autora.

En suma, una novela amable, bien escrita y perfecta para pasar el rato.

Sayonara.



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miércoles, 20 de mayo de 2009

La calle del Olvido

La novela del día es La calle del Olvido, de Juan Vilches.

Se trata de un dramón ambientado en la España de la posguerra, donde no falta de nada y nada es exactamente lo que parece.

Un crimen cometido en Rusia, malos con halitosis que van a ir derechitos al infierno, espías britanicos, norteamericanos y alemanes envueltos en conspiraciones muy gordas, consejos de ministros que discuten a qué bando favorecer, una expedición aliada cruzando el Atlántico, presta a desembarcar en las Canarias, un juicio de cuyo veredicto podría depender todo el futuro...

Y en la vorágine de los acontecimientos, un héroe con un montón de medallas y pasado traumático, y una bella joven romántica e insatisfecha.

Aunque no se ahorra ciertos tópicos y los personajes pecan de un punto de linealidad, no puedo negar que me ha entretenido bastante. Quedaría muy bien si se hiciera una película.

Hala, a disfrutar.



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domingo, 10 de mayo de 2009

Los ucranianos

En Los ucranianos, de Rafael Aguirre, un empresario del sector de la construcción decide que ya es hora de hacerse un nombre público para aprovechar su fortuna.

Para ello lanza una iniciativa rompedora en el proceloso mundo de... las regatas de traineras del Cantábrico. Contratará a los mejores remeros, todos ellos medallistas olímpicos, y los entrenará para que compitan por San Sebastián (junto con tres vascos, por el tema de la imagen).

Esos ejemplares de hercúlea constitución física se encuentran en Ucrania, de manera que organiza su traslado a la ciudad donostiarra, acompañados de novias y bagajes, mientras él se mueve para que el proyecto se convierta en algo grande. Y quizá, sólo quizá, iniciar una nueva carrera de forma "altruista". ¿Presidente de la Real Sociedad? ¿Alcalde?...

Veremos en esta novela los tejemanejes de la política, de los negocios que se cierran en cotos de caza, de los arreglillos con sindicatos o ecologistas, del deporte y de la vida familiar del protagonista.

También veremos a uno de los componentes del equipo convertirse en estrella de un culebrón televisivo, a otros abrir un restaurante de su cocina típica o, dada su buena planta, disfrutar de un éxito palpable con las jóvenes (y no tan jóvenes) guipuzcoanas.

Y es que al final, sólo hay dos idiomas con los que no se hace el ridículo: el del dinero y el del amor. Bueno, algunas veces sí.

Recomendado con simpatía.




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domingo, 3 de mayo de 2009

Cuentos del pueblo judío

Parece que los habitantes de la villa de Khelm, en Polonia, tenían fama de ser... mmmm, especiales.
Un día, Aza'a Schlemil fue convocado por la gran Asamblea de los Grandes Sabios de Khelm para informar de su reciente viaje a África.
–Hacía tanto calor –dijo Aza'a–, que la gente no podía soportar la ropa y andaba totalmente desnuda.
–Pero entonces –dijo uno de los mayores Sabios–, sin su ropa, ¿cómo se las arreglaban para distinguir a los hombres de las mujeres?

En Cuentos del pueblo judío, de Ben Zimet, tendremos numerosas ocasiones de conocerlos más de cerca. A ellos y sus asombrosas historias.

Enraizados en siglos de narración oral y compilados a partir de tradiciones jasídicas, asquenazíes y sefarditas, la lección de estos cuentos, lo que nos transmiten con mirada humorística, es el convencimiento de que la verdadera sabiduría es bastante diferente de la que se proclama con bombo y cimbal.

Breve recomendación del día. Y si queremos disfrutar todavía un poco más, no olvidemos darle a las corcheas para que suene algo de klezmer, qué caramba.



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lunes, 27 de abril de 2009

Platón y un ornitorrinco entran en un bar...

Thomas Cathcart y Daniel Klein son los autores de Platón y un ornitorrinco entran en un bar..., que lleva por subtítulo La Filosofía explicada con humor.
Tres mujeres están en los vestuarios de una pista de squash, cambiándose para jugar, cuando entra un hombre que sólo lleva una bolsa en la cabeza.
–Mi marido no es –dice la primera mujer después de mirarle el pito.
–No, no es tu marido –afirma la segunda.
–Ni siquiera es miembro de este club –asegura la tercera.

Así se ilustra, por ejemplo, el triunfo del empirismo en la epistemología occidental.

La Filosofía es un campo que por desgracia mucha gente considera con una actitud ambivalente, entre el respeto receloso y la displicencia. Los guardianes de sus arcanos hablan en un lenguaje rarísimo, escriben de cosas rarísimas y se sitúan en el furgón de cola de las profesiones más prestigiosas: médico, arquitecto, ingeniero, futbolista...

Por eso, la idea de partida del libro es muy buena. Y también el resultado. No es que los "chistes" sean de los que uno estalla en carcajadas incontenibles, pero quien sea capaz de hacerlo mejor para explicar los postulados de la metafísica, la lógica, la epistemología, la ética, la filosofía de la religión, el existencialismo, la filosofía del lenguaje, la filosofía social y política, la relatividad y la metafilosofía, que son los capítulos en los que se divide esta obra, que tire la primera piedra.

Hala, leedlo.

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miércoles, 22 de abril de 2009

Libro de las invasiones de Irlanda

Cuando llega la efeméride, todos los informativos sacan reportajes sobre cómo disfruta la gente en San Patricio, al calor de una Guinness en el pub. Es una costumbre curiosa, porque en la lluviosa Erín tiene un predicamento justificable, pero aquí... Pues creo tener la respuesta a ese mutuo cosquilleo ibérico-irlandés: en realidad, los irlandeses son... gallegos.

Sí, sí. Según cuenta el Libro de las invasiones de Irlanda (en gaélico, Lebor Gabála Érenn), redactado por sabios monjes del siglo XI, había en tiempos remotos había un rey en Galicia llamado Breogán. Y allá por Betanzos construyó una torre muy alta desde la que pudo otear una línea verde en el horizonte: las costas de Irlanda.

Ith, un hijo de Breogán, navegó hasta la tierra desconocida para echar un vistazo, pero los Tuatha Dé Danánn, aborígenes comandados por los reyes Mac Cuill, Mac Cécht y Mac Gréine, resultaron ser un tanto brutos y se lo cargaron. De manera que Mil, el hermano de Ith, con un cabreo de tres pares de narices, reunió a toda la prole y a sus sobrinos, los metió en barcos, y montaron una invasión en toda regla.

Al principio fue fácil, apenas calentamiento para estirar los músculos: unas batallitas contra unos demonios con forma de gigantes. Entonces los tres reyes les pidieron que se retiraran a una distancia de nueve olas de la costa, para tener tiempo de movilizar a sus guerreros y que fuera una lucha justa.

Pero los hechiceros de los Tuatha Dé Danánn aprovecharon arteramente para convocar a los vientos y tempestades e impedir así el nuevo desembarco. La flotilla las pasó canutas, aunque ni por esas pudieron con ellos. Para los asuntos mágicos los gallegos llevaban a un druida en la reserva, de nombre Amorgen, que pronunció su contraconjuro (las crónicas no especifican si con queimada), y al final consiguieron poner pie en tierra. A mandobles, en buena lid, vencieron a los reyes y conquistaron la isla, que después se repartieron entre doce jefes.

Y a otra cosa.



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