sábado, 27 de diciembre de 2008

Roma eterna

Una ucronía, según la Academia, es una reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder.

Pues de eso va hoy el asunto, de ucronías. En concreto, Robert Silverberg y su Roma eterna.
Mediante la fuerza bruta, el terror y el impulso de una voluntad indomable, los ejércitos romanos han sometido a todo un mundo. Durante miles de años, desde el reinado de Maximiliano el Grande en el año 1203 a.u.c. hasta una nueva era de desarrollo científico y fascinantes avances tecnológicos, incontables enemigos y oportunistas han tratado de enfrentarse al Imperio. Pero lo único que han conseguido ha sido morder el polvo bajo las botas implacables y despiadadas de Roma.

Moisés fracasa en sacar a los israelitas de Egipto y este pueblo prácticamente desaparece. Por lo tanto, su religión nunca se desarrollará... y tampoco habrá cristianismo.

Bajo esta premisa, la novela consta de diez capítulos independientes, que corresponden a momentos importantes en el devenir del Imperio. Uno relata cómo un ciudadano, exiliado por el César a la recóndita Arabia, se da cuenta de que un tal Mahmut constituye un potencial peligro. Otro, los intentos de conquista de un nuevo mundo llamado México. También los problemas con los bizantinos, el periodo del terror durante la revolución que debía fundar de nuevo la República, la construcción de la nave espacial Éxodo...

Aunque me parezca un pelín más floja para lo que es habitual en su autor, más que un aprobado y menos que un notable, resulta entretenida.

Y esto es todo, amigos.
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