miércoles, 12 de noviembre de 2008

El sitio de Leningrado

En el metro, entre diarias muestras de apoyo popular a la candidatura madrileña para los juegos olímpicos (práctica activa del salto de andén, cincuenta metros obstáculos, lucha grecocarabanchelera para encontrar hueco en el vagón), voy apurando un libro que merece aunque sólo sea un breve comentario: El sitio de Leningrado, 1941-1944, de Michael Jones.
La gente estaba de pie, llorando –recordó el director–. Sabían que aquello no era un episodio más, sino el principio de algo. Lo oímos en la música los presentes en la sala, la gente en sus casas, los soldados en el frente: toda la ciudad reencontró su humanidad. Y en aquel momento, triunfamos sobre la desalmada máquina de guerra nazi.

Su característica principal es que no se centra en los aspectos puramente militares de la batalla que tuvo a esta ciudad como escenario, sino en recoger los recuerdos de sus habitantes, aquello que experimentaron en la vorágine de la barbarie. Y el autor consigue transmitir con gran fidelidad la emoción de tales testimonios, hacernos imaginar en el lugar de unas personas atrapadas de improviso entre la espada y la pared, entre los dos grandes tiranos de nuestra época, con poder absoluto para decidir sobre la vida y la muerte.

Ah, y si al tiempo que leemos tenemos la oportunidad de ir escuchando por los auriculares la Séptima sinfonía de Shostakovich, que el compositor empezó a componer en pleno asedio y cuya interpretación se convirtió en un símbolo para galvanizar a los defensores, esa carga emocional se vera sin duda duplicada.

Hasta otra.
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1 comentario:

yoyoyo dijo...

bueno artista, que ya tienes blog. bienvenido a esto de las letras en internet. Un beso